La que nosotros conocemos como Malinas y los belgas llaman Mechelen es una ciudad primorosa, con casas y calles bien cuidadas. Como ya habíamos descubierto en Bruselas, también aquí comprobamos la preeminencia de lo civil sobre lo eclesiástico, a pesar de la grandeza de su catedral, que es sede del cardenal primado de Bélgica.




El corazón de la ciudad gira en torno a su Grote Markt -Gran Mercado, Plaza Mayor–, donde extiende su sombra la imponente torre de la catedral de San Romuldo, de casi cien metros de altura, con un carillón de 49 campanas. Esta torre y sus 56 campanarios belgas son Patrimonio de la Humanidad desde 1999. Se puede acceder a la cúspide si se está dispuesto a ascender 514 escalones. La construcción de la catedral se prolongó entre los siglos XIII a XVI en gótico bravantino, con remodelaciones posteriores, una de ellas obligada por un incendio.
Hay que tener cuidado a la hora de hablar de incendios ante los malineses, apodados “apagalunas”. El apodo se debe a que en 1687 un vecino que, al parecer, había bebido más de lo conveniente, dio la voz de alarma de que la torre de San Rumoldo estaba ardiendo. Allí acudió el vecindario en tropel provistos con cubos de agua para apagar el fuego, para comprobar que el incendio no era sino el resplandor de la luna en el campanario.




El interior de la catedral es igualmente gótico con el altar y el coro barrocos. La impresión es de grandiosidad, mide 118 metros de largo. En Malinas y en casi todas las iglesias flamencas que visitamos encontramos púlpitos barrocos, generalmente tallados en madera y muy decorados, quizá herencia de la Reforma.



En el otro extremo de la Plaza del Mercado se levanta el ayuntamiento, formado por dos edificios: la Lonja de los Paños y el Palacio del Consejo Superior. Cerca de ellos encontramos una escultura que representa un manteamiento, el Opsinjoorke. Según nos contaron, es la reminiscencia de una fiesta antigua durante la que las mujeres manteaban a sus maridos borrachos.


Es imposible conocer en una sola jornada una ciudad tan interesante como Malinas, de manera que apenas pudimos ver su beguinaje, que, como todos los de Flandes, es Patrimonio de la Humanidad.




Al margen de su atractivo turístico, nosotros teníamos interés por conocer el vínculo de Malinas con la familia de la reina Juana I. A ella, que aquí dio a luz a su hija Isabel, se la recuerda poco. Las vip del lugar son las dos Margaritas, de York y de Austria. Ambas dejaron huella indeleble en la ciudad.
Margarita de York (1446-1503), tercera esposa de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, abuelo de Felipe el Hermoso, se retiró a Malinas al enviudar y convirtió la ciudad en centro cultural, político y social de Flandes.
Margarita de Austria (1480-1530), duquesa de Austria, hermana de Felipe el Hermoso, estaba llamada a ser reina de España por su matrimonio con el príncipe Juan, único hijo varón de los Reyes Católicos, pero enviudó seis meses después del enlace, en 1497, y se volvió a Flandes. Secundando los intereses del padre, Maximiliano de Austria, en 1501 casó con Filiberto II, duque de Saboya, muerto tres años más tarde.
Inteligente y culta, con 24 años, viuda y sin hijos, se trasladó a Malinas, convertida en tutora de sus sobrinos, los hijos de Felipe y de Juana, cuando estos fueron llamados a gobernar Castilla tras la muerte de Isabel la Católica. La historia jugó en contra; Felipe murió tres meses después de haber sido coronado; Juana acabó encerrada en Tordesillas hasta su muerte, ocurrida en 1555, víctima de la ambición de poder de su marido, de su padre y, finalmente, de su hijo.



Ese hijo, Carlos de Habsburgo, y sus hermanos, Leonor, Isabel y María, fueron educados por su tía Margarita en la pequeña corte que esta había creado en Malinas. Inculcó en sus sobrinos el amor al conocimiento y ella misma fue mecenas de las artes y las ciencias, introductora del Renacimiento en los Países Bajos y Flandes. El palacio que mandó construir es hoy Palacio de Justicia.

En el ámbito político, tras la muerte de su hermano, Margarita fue regente de los Países Bajos, cargo que ejerció con prudencia y conocimiento. En 1529 negoció en nombre de Carlos I la llamada Paz de Cambray o de las Damas con quien había sido su cuñada, Luisa de Saboya, que representaba a su hijo, Francisco I de Francia. En Malinas la encontró la muerte; le sucedió en el gobierno de los Países Bajos su sobrina María. Una escultura suya preside la Gran Plaza de Malinas.


El recuerdo de los descendientes de la desventurada reina Juana sigue presente en la ciudad, donde su cerveza más popular es la Gouden Carolus, que toma el nombre del emperador Carlos, gran aficionado a ella. Sin salir de la Gran Plaza, en la fachada de uno de sus bellos edificios cuelga un escudo , rematado con el Toisón de Oro de Felipe II, que por aquí anduvo siendo aún príncipe de Asturias.
Fotos: ©Valvar


