Toulouse

Llegamos a Toulouse el primer día del mes de julio de 2016 como última etapa de una inmersión por el románico francés. El Colega consideraba que la basílica de Saint Sernin era un buen broche a nuestro viaje. Yo tenía una cita secreta con esta ciudad que tras la guerra civil había sido capital del exilio español y sede del gobierno republicano. Aquí vivió y murió la primera mujer en gestionar una cartera ministerial en España, y una de las primeras ministras de Europa, Federica Montseny, la Fanny Germain de la resistencia antinazi, a quien tuve la fortuna de conocer al final de su vida.

Toulouse es conocida como la Ciudad Rosa por el color casi uniforme de sus edificios, construidos en ladrillo caravista que aquí llaman foraine. Siendo eso cierto en el casco antiguo, no lo es menos que Toulouse está formada por una superposición de ciudades, la romana, la medieval, los suburbios de los siglos XVIII y XIX y el extrarradio, con los urbanizaciones y pueblos absorbidos por la reciente expansión urbana, impulsada por el desarrollo tecnológico tolosano en segmentos industriales muy especializados: aeronáutica, telecomunicaciones e investigación médica. Toulouse, con Hamburgo y Sevilla, es una de las ciudades donde se ensamblan los aviones Airbus. Capital histórica del Languedoc, es la ciudad de mayor crecimiento demográfico en Francia (1.470 899 habitantes en 2020). Rodean la ciudad las aguas del Garona y las del Canal del Midi.

También es conocida como Ciudad Mondina, en alusión al nombre, Raymond, de la mayoría de los Condes de Toulouse, poderosos nobles que condicionaron la historia de la ciudad y del midi francés. En la oficina de turismo nos proporcionaron documentación sobre la ciudad y nos señalaron los lugares imprescindibles de Toulouse, a saber: Saint Sernin, la catedral de Saint-Etienne, el Halle aux Grains, el convento de los Jacobinos, la place du Capitole y varias plazas donde se instalan los mercadillos sabatinos. En el hotel nos proporcionaron otra guía con los puntos de interés de los distintos barrios tolosanos.

Iniciamos nuestro recorrido saludando en la plaza de su nombre a la pobre Juana de Arco, una figura casi omnipresente en Francia, de donde es patrona. Cruzamos el boulevard Strarbourg y enseguida llegamos a la basílica Saint Sernin o San Saturnino, obispo de la ciudad, que fue martirizado hacia el año 250, siendo arrastrado por un toro hasta caer en el punto donde ahora se levanta la iglesia de Taur (Toro), en la calle del mismo nombre, que va de la basílica a la plaza del Capitolio.

San Sernin es la segunda iglesia más antigua de Francia, después de la abadía de Cluny. Se levantó en el siglo XII sobre una capilla más pequeña del siglo V, incapaz de acoger a los fieles que acudían a venerar al santo mártir cuya sepultura se encuentra en el interior, cubierta de un baldaquino del siglo XVIII. La basílica de San Sernin, de 120 metros de largo, y la catedral de Saint-Etienne han alimentado tradicionalmente una rivalidad sobre cuál de ellas es la más de lo más VIP.

La parte más antigua de la iglesia es el ábside, bajo el cual se encuentra la iglesia primitiva. En su fábrica se observan intervenciones posteriores, góticas y renacentistas. Como no podía ser menos, Violet le Duc puso sus manos en ella en el siglo XIX, escalonando los tejados laterales, intervención que fue suprimida en una nueva restauración en el siglo XX, que trató de devolver el aspecto que debía tener en el XIV. Tuvo claustro y abadía, que desaparecieron en el siglo XIX. La Revolución francesa suprimió el capitolio de San Sernin.

Estamos ante un modelo de iglesia de peregrinación, con grandes espacios donde poder acoger a muchedumbres de peregrinos. De planta de cruz latina, el ábside está rodeado de un deambulatorio con capillas; tribunas sobre los colaterales de la nave, del transepto y del coro. A pesar de que la mayoría de su tesoro desapareció durante la Revolución, en la “galería de los santos cuerpos” se conserva una muestra de las reliquias que durante siglos atrajeron a los devotos: de San Honorato, San Felipe, Santiago el Menor y el Mayor, San Edmundo, San Gil, San Simón, San Judas y el propio San Sernin, además de la Santa Espina y de la Verdadera Cruz.

La basílica de San Sernin es visible de lejos gracias a su torre campanario octogonal de 64 metros de altura y cinco niveles, coronado por una cruz. Su carillón tiene 24 campanas.

Tras esta primera visita al lugar favorito del Colega, tomamos la calle Taur -donde tuvo su sede el Partido Socialista en el exilio- y desembocamos en la plaza del Capitolio, una plaza mayor delimitada por el ayuntamiento, establecimientos hoteleros, restaurantes y bares. El lugar está tomado en esos momentos por la parafernalia que rodea a la Eurocopa, así que huimos por la calle Gambetta, que termina en la plaza de la Dorada, en alusión a la basílica del mismo nombre -con su Virgen Negra-, que se alza a la orilla del Garona, junto a la Escuela de Bellas Artes.

Esta plaza, llena de bares con sus correspondientes terrazas, es frecuentada por gente joven. Nos sentamos en la terraza del Café des Artistes y pronto nos sentimos inmersos en una especie de Babel: lenguas conocidas y otras ignoradas. Nada extraño en una ciudad que ha recibido oleadas de inmigración de todos los continentes en el último siglo y medio. Además de los españoles del exilio -que convirtieron Toulouse en la quinta provincia catalana-, hay magrebíes de la independencia de Argelia -los famosos pieds-noirs- de Túnez y de Marruecos; africanos de las antiguas colonias; antillanos; italianos, cubanos, irlandeses, estadounidenses, vietnamitas, además de europeos empleados en las factorías de Airbus.

La plaza y el paseo que bordea el río son un excelente mirador del Puente Nuevo -que, curiosamente, es el más antiguo de los que salvan el curso del río- del Hospital de Santiago y la Cúpula de la Grave, y, entre ambos, el muelle del Exilio Republicano Español, que recuerda a los miles de españoles que abandonaron en penosas condiciones su país. Nos unimos al recuerdo, al tiempo que lamentamos la pérdida que eso supuso para el progreso de España. Vericuetos de la historia.

Para vericuetos históricos, los de Toulouse, nombre que le dieron los romanos cuando la conquistaron hacia el año 100 antes de la era cristiana. Capital del reino visigodo en el siglo V, luego del reino franco de Aquitania y, en el siglo XI, del Condado de Tolosa. Aquí nació la herejía cátara, aquí fueron perseguidos hasta la exterminación sus seguidores, cuya consecuencia fue que en 1271 el Condado pasó a dominio real. En 1814, fue escenario de la última batalla de la Guerra de la Independencia, la plaza fue tomada tras la derrota del ejército francés por las tropas anglo-hispano-portuguesas. En la segunda guerra mundial, la ciudad fue importante núcleo de la resistencia, como recuerda alguna placa en el callejero.

Al día siguiente, sábado, encontramos la ciudad sembrada de mercadillos de todo tipo: de frutas y verduras en el boulevard de Strasbourg, de bioagricultura a la espalda del Capitolio, de antigüedades y objetos diversos en torno a San Sernin. El ábside y la puerta del Conde de la basílica están rodeados por pequeños tenderetes.

Francia vivía aún bajo el estado de alerta terrorista por los atentados contra la Sala Bataclan y la revista satírica Charlie Hebdo ocurridos en noviembre de 2015. En la mayoría de lugares públicos había vigilancia del Ejército. En la puerta Miégeville, que daba acceso a la iglesia, montaban guardia cuatro jóvenes militares con el arma en ristre.

Mientras yo tomo fotos de la puerta de la antigua abadía, que da paso al jardincillo de la entrada, el Colega pega la hebra con los militares. En un francés algo macarrónico pero inteligible, les habla de la necesidad de proteger estos edificios, del significado de la basílica en el Camino de Santiago, de la importancia del románico… Los jóvenes parecen escucharle atentamente y yo daría cualquier cosa por saber lo que piensan estos cuatro chicos como cuatro armarios de un tipo en pantalón corto que les habla del románico mientras ellos le apuntan con sus armas.

Cuando salimos después de la visita a San Sernin, que nos pareció magnífica y original con sus muros policromados, no queda rastro de la vigilancia militar. Han huido antes de que les dieras otra charla, le pincho al Colega.

Cruzamos la ciudad de San Sernin a Saint-Etienne. En la puerta del ayuntamiento hay una pequeña aglomeración porque ese día se celebran varias bodas.

La catedral de Saint-Etienne o San Esteban es una especie de puzzle de una rara hermosura. Su construcción se prolongó durante casi cinco siglos, del XII al XVII, lo que explica la diversidad. Así y todo, se diría que alguien se entretuvo en complicar los planos pues incluso el interior es asimétrico.

El cuerpo de la iglesia en una amplia pero única nave -la Raymondine- en estilo gótico meridional. La segunda parte -el coro- es de estilo gótico norte. Llama la atención el órgano del siglo XVII, colgado a 17 metros de altura.

Destacan las vidrieras, que son originales, y su gran rosetón, inspirado en el de Notre Dame de París. Aquí está enterrado el arquitecto Pierre Paul Riquet, que supervisó las obras del Canal du Midi. El campanario románico tiene un carillón de 17 campanas y cinco más al vuelo. La puerta lateral se acabó en el siglo XX.

Junto a la catedral estaba el antiguo arzobispado, actualmente sede de la policía, como indica un cartel a la entrada. Una muestra más de la laicidad del país. Entre Saint-Etienne y el Halle (mercado) de los Granos, en el boulevar que forma la ronda de Toulouse y que en este tramo toma el nombra de Carnot, se encuentra el monumento a los Caídos, un arco triunfal monumental. El antiguo mercado de granos es la sede actual de la Orquesta Nacional del Capitole. Cerca de aquí está el Canal du Midi, que en esta zona corre entre modernas urbanizaciones.

Volviendo al boulevard, en la dirección opuesta a los Jardines de Plantas, se llega al mercado Victor Hugo, después de pasar por el moderno Teatro Nacional. El mercado y las tiendas que se multiplican en derredor son el paraíso del gourmet. Hacemos acopio de quesos -de Rocamadour y de otras variedades-. En un Maison García y otro Chez Antonio creemos descubrir el rastro de los exiliados españoles entre los puestos del mercado. La primera planta está ocupada por una serie de restaurantes populares, frecuentados sobre todo por los tolosanos. Nosotros elegimos Le Magret y nos alegramos mucho de la elección.

El antiguo monasterio de los Hermanos Predicadores, conocido como convento de los Jacobinos es un enorme edificio gótico de ladrillo. El convento y el claustro han sido restaurados en 2015 y su visita puede seguirse apoyada en diversos soportes multimedia. Si el visitante se cansa tiene la opción de reposar en alguna de las tumbonas que se encuentran desperdigadas en las salas y contemplar cómodamente las altas paredes y las bóvedas.

Domingo de Guzmán, nacido en Caleruega (Burgos), había fundado en Toulouse la Orden de Predicadores, los Dominicos, con el fin de predicar contra la herejía cátara y convertir a sus seguidores, los cátaros o albigenses. Las obras del convento se iniciaron en 1229, la primera misa en la iglesia se ofició en 1234. Al tiempo que se construía el claustro se ampliaba el templo y se levantaba la bóveda hasta los 22 metros de altura, sostenida por una columna estrellada de once brazos, llamada La Palmera; en realidad se trata de dos naves separadas por una fila de columnas.

Las obras acabarían en 1253. El ábside se reconstruyó en 1292 y a lo largo del siglo XIV se igualó el resto de la iglesia, se rehizo también el claustro, adornado con elegantes columnas de mármol y capiteles con motivos florales y de animales, en torno al cual se levanta la sala capitular, la capilla de San Antonín, el refectorio y la sacristía. Toma el nombre de Jacobinos de la similitud con el convento dominico de París, situado en la calle Saint Jacques.

El convento fue clausurado durante la Revolución francesa y se convirtió en sede de la Sociedad por los Derechos del Hombre y el Ciudadano. En 1810 se destinó a cuartel de caballería, que no fue abandonado hasta 1865, a pesar de que en 1841 había sido declarado monumento histórico. En el centro de la iglesia se encuentran los restos de Santo Tomás de Aquino, que fueron cedidos a los dominicos en 1368. Cuando se cerró el convento, los restos del santo se trasladaron a San Sernin donde permanecieron hasta 1974. El conjunto resulta de una espectacularidad apabullante.

Admiramos el exterior del Hotel d’Assézat, donde la Fundación Bemberg ha reunido una colección de arte, que puede ser visitada en el horario establecido, y nos dirigimos a la plaza del Capitolio, corazón de la vida tolosana. Al lado, en la confluencia de la calle Romiguières, se encuentra el hotel Gran Balcón, donde se alojaba Antoine de Saint-Exupéry en su etapa de piloto de la flota de Aéropostale, sobre la que habló en sus libros “Vuelo nocturno” y “Tierra de hombres”. Mi corazón aventurero recuerda la visita a la casa donde el escritor se alojaba en Nouadhibou (antes Port Etienne).

La bóveda de los soportales frente al ayuntamiento muestra frescos alusivos a la historia de la ciudad, varios de ellos relacionados con la guerra civil española. A estas alturas, comprendemos perfectamente que el gobierno francés haya definido a Toulouse como Ciudad del Arte y la Historia y para cerrar comm’il faut nuestro viaje nos sentamos en la terraza del Café Le Florida, cuyo interior acogió durante años las tertulias de los exiliados republicanos. El Colega pide una cerveza Chimay y yo una copa de Moët Chandon. Brindamos por la vuelta a casa y por los futuros viajes y por la memoria de quienes creyeron que el mundo podía ser mejor y pagaron un alto precio para conseguirlo.

Fotos: ©Valvar

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