Baeza comparte con Úbeda la condición de Ciudad Patrimonio de la Humanidad y también una relación similar de vicisitudes históricas. Por aquí han pasado cartagineses, romanos –que le apelaron Vivatia y le dieron categoría de Municipio Flavio-. Al final del imperio romano, convertida en Beatia, es capital de la provincia, con ceca y sede episcopal. Con los visigodos fue sede sufragánea de la Archidiócesis de Toledo. Los musulmanes la llamaron Bayyasa y, como sucediera en Úbeda, aquí prosperaron muladíes (convertidos al islam) y mudéjares (cristianos en territorio musulmán).
Alfonso VII la conquista en 1147, después de que San Isidoro de Sevilla se le apareciera en sueños. En memoria de este triunfo se creó en León la cofradía del Pendón de Baeza. Todavía habría de vivir nuevos rifirrafes y sucesivas disputas hasta que Fernando III la reconquista definitivamente en 1227, la dota del Fuero Conquense, la incorpora al Reino de Castilla y la convierte, primero, en capital del breve Reino de Baeza y en 1246, cuando conquista Jaén, capital del Reino de Jaén. Vivió su momento de esplendor entre los siglos XV y XVI –época a la que corresponden la mayoría de sus edificaciones monumentales, levantadas por su rica nobleza- pero, a partir de ese momento, su estrella fue declinando, con su sistema productivo en manos de grandes latifundistas: la pequeña nobleza y la iglesia. Hasta el terremoto de Lisboa de 1755 se puso en su contra y causó estragos en sus edificios.
Baeza y Úbeda distan apenas ocho kilómetros y, lejos de competir entre sí, da la impresión de que se complementan. Úbeda es la expresión renacentista del poder civil y Baeza sería, a grandes rasgos, la misma expresión pero en la vertiente religiosa pues fue temprana sede episcopal y cuenta con catedral.
Una singularidad diferencia a Baeza: aquí discurrió parte de la actividad académica de uno de los grandes poetas españoles: don Antonio Machado. Esa vinculación, más su condición de vieja sede universitaria –fundada en 1538- tiñe de una pátina académica todo lo baezano.
La primera impresión de ciudad eclesiástica deviene quizá de que el epicentro de la Baeza monumental se ubique en la Plaza de Santa María, flanqueada al norte por el Seminario Conciliar San Felipe Neri y al sur por la catedral. O de que la portada del Palacio de Jabalquinto se enfrente a la románica de la iglesia de Santa Cruz, pero la ciudad está cuajada de palacios y casonas civiles y de lugares plenamente laicos.

La Plaza de Santa María es un plano inclinado que tiene en el centro una fuente historiada del mismo nombre. Se levantó en 1564 para conmemorar la llegada del agua a la ciudad y tiene aspecto de arco triunfal, con los escudos de la ciudad y de la corona.

Este es también un buen punto para observar la monumentalidad del entorno. El antiguo seminario San Felipe Neri data de 1660 al que en 1720 se anexionó el Palacio de Jabalquinto.

La catedral de Baeza se levantó sobre una mezquita árabe. Se cree que fue Alfonso VII quien en 1147 la convirtió al culto cristiano bajo la advocación de San Isidoro. En 1227, cuando Fernando III conquistó definitivamente la ciudad, puso la seo bajo la protección de la Natividad de Nuestra Señora. El edificio es una suma de aportaciones sucesivas. El cuerpo inferior de la torre es del siglo XI, las gárgolas y cornisas, del XIII; arcadas y capillas mudéjares del XIV. En 1529 se inicia la construcción de una catedral gótica que en 1567 se viene abajo. En ese momento, entra en escena Andrés de Vandelvira, a quien ya habíamos encontrado en Úbeda. A él se debe el proyecto de reconstrucción y suya es la grandiosidad de la seo. En la Capilla Dorada, donde confluyen las influencias de Vandelvira y Gil de Siloé, vale la pena una parada sosegada. Recién jubilados que estábamos nos arriesgamos a subir las doscientas escaleras de la torre y disfrutamos del panorama de la ciudad a vista de pájaro.


La Plaza de Santa María comunica con la de Santa Cruz, de la que se encuentra muy próxima. Hay que ir advertidos porque la fachada del Palacio de Jabalquinto es deslumbrante. Lo mandó construir un primo de Fernando el Católico, Alfonso de Benavides, señor de Jabalquinto, que había casado con Beatriz de Valencia, emparentados con el poeta Jorge Manrique, al casar una hija de éste con un vástago de aquéllos. La vinculación de los poetas con Baeza viene de antiguo, a lo que parece.

El palacio fue residencia señorial hasta 1720, cuando se anexionó al Seminario San Felipe Neri para pasar a ser residencia estudiantil, reservando algunas estancias y privilegios para los fundadores. En 1836, el Estado se incautó del inmueble; en 1970 se usó como Colegio Menor y en los noventa se ubicó aquí la Escuela Taller de Rehabilitación del Patrimonio de Baeza. El conjunto es actualmente la sede de la Universidad Internacional de Andalucía, cuya visita es, además de recomendable, gratuita. De su patio renacentista, esbelto y muy bien conservado, nace una escalera barroca con bóveda de media naranja. Pero lo que llama la atención de los visitantes es, sin duda, su monumental fachada, atribuida a Juan Guas, autor, entre otras grandes obras, del Colegio San Gregorio de Valladolid o el Palacio del Infantado de Guadalajara, cabal ejecutor del gótico isabelino.


A ratos, la plaza se puebla de una algarabía en tono mayor debida a los grupos de escolares que hacen la visita a la ciudad monumental. Un guía turístico narra a una cuadrilla de adolescentes el significado de la portada, afirmando con seriedad que las columnas que flanquean la fachada simbolizan los órganos sexuales y remiten a la pareja real de los Reyes Católicos. Los penes de la columna de la derecha se introducen en las vaginas de la de la izquierda, explica… Los adolescentes aguzan la vista y ríen nerviosos. Nosotros, con la adolescencia lejana, volvemos a contemplar la fachada y sólo vemos una maravillosa filigrana.
Así que damos la vuelta y observamos la iglesia de Santa Cruz, un raro ejemplar románico en estos lares. Se construyó en el siglo XIII para conmemorar la conquista de Baeza por Fernando III y desde entonces ha sufrido muchas transformaciones. La portada principal procede de la iglesia de San Juan Bautista. En su interior se conservan unas pinturas al fresco que datan del siglo XVI.

Luego, nos perdemos por las callejuelas que se abren y se cruzan tras la iglesia de Santa Cruz, pensando en que quizá por aquí anduviera don Antonio tratando de olvidar a su amada Leonor. En nuestro deambular llegamos a la Puerta de Úbeda en las murallas. Una placa recuerda que nos hallamos en “Baeza la nombrada, nido real de gavilanes”.

Bajando por la calle Obispo Narváez se llega a la Plaza de España, donde se inicia el Paseo de la Constitución, una larga plaza rodeada de soportales. El lugar acogía el mercado de la ciudad desde el siglo XVI; de aquel uso se conserva en un lateral de la plaza la Alhóndiga -donde se mercadeaban los cereales- edificio de tres alturas con arcos de medio punto y galería de columnas de traza renacentista. En un extremo del paseo se levanta, con su obelisco, la Fuente de la Estrella, construida en recuerdo de la Revolución de 1868. Al final del paseo se encontraba el Café Mercantil, donde el poeta Machado se refugiaba a diario durante su etapa baezana. El café estaba, pero ya cerró.

A cambio, se conservan varios establecimientos donde se pueden probar las famosas tapas o bien comer a la manera convencional. Nosotros probamos aquí la morcilla de caldero y el lomo de orza y no nos arrepentimos. Es más, el Colega encuentra que el lomo es lo más parecido que conoce al que se hace en su pueblo y nos lo llevamos embotado.
Con solo cruzar la calle nos adentramos en la Plaza del Pópulo, otro de los rincones monumentales de Baeza. Una plaza realmente hermosa. En ella se abre la Puerta de Jaén y, justo al lado, el Arco de Villalar, construido para recordar la derrota de los Comuneros en 1521 frente a las tropas del rey Carlos I. El edificio colindante a la puerta fue Audiencia Civil y Escribanías Públicas, conocido también como Casa del Pópulo por la imagen de la Virgen del Pópulo que había en uno de sus balcones; la imagen ya ha desaparecido pero la tradición cuenta que ante ella se postraban los guerreros baezanos en los batallas frente al islam. Para construir este edificio plateresco se rompió la muralla árabe; la licencia como Casa de Audiencia data de 1511. Aquí se encuentra la Oficina de Turismo.



En otro lado de la plaza, perpendicular a la Casa del Pópulo, se alza la Antigua Carnicería, edificio señorial al que muy bien podría aplicarse el calificativo de multiusos pues ha sido secadero de pieles, archivo histórico, sede del Patronato de Juventud y Deportes y, ahora, de los Juzgados de Baeza.

Ocupa el centro de la plaza una fuente, llamada de Los Leones, pues cuatro leones pétreos, además de servir de surtidores, parecen proteger a la estatua que corona el conjunto, que representa a Imilce, princesa ibera y esposa de Aníbal. Estatua y leones, en no muy buen estado, proceden de la ciudad romana de Cástulo. La fuente simboliza para la ciudad su condición de centro nobiliario y eclesiástico.

Baeza es una ciudad no muy grande y el aparcamiento libre no debería ser un problema pero a nuestra llegada, después de dos vueltas infructuosas, optamos por buscar uno de pago en la calle de la Compañía, con salida próxima a la Plaza de Santa Cruz. Así que, sin saberlo, hemos entrado en la ciudad por mi esquina favorita, esto es, la vieja Universidad, en cuyas instalaciones se encuentra el Instituto de Enseñanza Media donde impartió sus clases don Antonio Machado en el periodo comprendido entre 1912 y 1919 .



Conocemos ya el palacio sevillano de Dueñas donde el poeta vino al mundo, los lugares por donde pasó durante sus estancias en Soria y Segovia y el cementerio de Colliure donde reposan sus restos y sentimos una emoción especial al llegar al aula donde el poeta daba clases de lengua francesa, que se conserva como debió de ser en la época: los pupitres, la mesa, los mapas, el paragüero… Un joven va explicando a los grupos de visitantes –jubilados, en su mayoría- las razones de la estancia de Machado en Baeza, tras la muerte de Leonor, su joven esposa, pero los visitantes lo que desean es fotografiarse en estos pupitres. Nosotros también lo hacemos y agradecemos a nuestra suerte el regalo de este instante conmovedor que hace de Baeza un lugar para siempre memorable.

Fotos: ©Valvar


