Tarazona

Tarazona es una pequeña ciudad de la provincia de Zaragoza a la que hay que acercarse con el debido respeto, no en vano pasa por haber sido edificada por Túbal-Caín -personaje bíblico de la estirpe de Caín, tenido por iniciador de la metalurgia, en quien se basaría el mito de Vulcano- y reedificada por Hércules. Así reza en su escudo: “Tubalcain me aedificavit, Hércules me reaedificavit”.

Es el hecho que el lugar denominado Turiasu estuvo habitado ya en el siglo II a.C., que los iberos ocuparon el barrio del Cinto y luego se asentaron los romanos, de cuya época han quedado abundantes restos, incluidos varios mosaicos y un busto de Augusto, que aquí permaneció un tiempo para recuperar la salud en los baños de Turiaso, en la creencia de que las aguas del río Queiles tenían efectos curativos. La abundancia de fuentes, precisamente, está en el origen etimológico del topónimo Tarazona, por evolución de Turiasu, Toriaso, Tirassona.

En el siglo VI tenemos a la población con catedral propia convertida en una fortaleza visigoda frente a los vascones. En el 714 es ocupada por los árabes, creciendo considerablemente. La catedral visigoda es convertida en mezquita. Los judíos ocupan la judería vieja. En 1119 es conquistada por Alfonso I el Batallador, pero en la Edad Media es conquistada y reconquistada sucesivamente.

La iglesia de la Magdalena, la más antigua de la ciudad, se convierte en catedral provisional hasta que en el siglo XII se construye la catedral nueva allende el Queiles. Los musulmanes se instalan fuera de la muralla y los judíos extienden el espacio de la judería.

La presencia de las tres culturas hizo de Tarazona un importante enclave de las traducciones del áraba al latín, al nivel de Toledo en la materia. Actualmente, la ciudad es sede de la Casa del Traductor, que impulsa y gestiona las actividades relacionadas con la traducción literaria y todo lo relacionado con ella.

En 1495 los Reyes Católicos convocan Cortes en Tarazona, alojándose en el palacio episcopal. El XVI Tarazona se pone de moda. Florecen los negocios, aumenta la población, se fundan conventos, se cultivan las artes. En 1592 se reúnen Cortes nuevamente. Es un instante histórico porque dos años antes Antonio Pérez, que había sido secretario del rey, fue acusado de traición y apresado. Consiguió fugarse, acogiéndose a la proyección del Justicia de Aragón. Felipe II firmó el fin de los Fueros de Aragón. Ello supuso el final de la concepción del Justicia como contrapoder al rey y la decapitación unos días después de Juan de Lanuza, último Justicia de Aragón histórico.

La expulsión de los moriscos supone una gran pérdida para la ciudad, vaciándose algunos pueblos de la comarca. En 1707 Felipe V concede a la ciudad privilegios por su fidelidad durante la Guerra de Sucesión, pero la llegada de los borbones empobrece a la población por las contribuciones que exigen. Tras la Guerra de la Independencia Tarazona vive una incipiente industrialización que languidecerá en el siglo siguiente hasta la Primera Guerra mundial, cuando las necesidades bélicas impulsan su industria textil. Durante la Guerra Civil española potenciaría aún más esta industria añadiéndose la producción de fósforos. La crisis de estos sectores y, sobre todo, la competencia de la cercana Tudela contribuyeron al estancamiento de la ciudad.

El Palacio episcopal volvió a acoger las Cortes de Aragón en 1987, celebración que tuvo un gran valor simbólico pues en aquella sesión se eligió como Justicia de Aragón a Emilio Gastón, cuyo juramento se produjo en la misma sala que contenía los restos de Juan de Lanuza.

Nosotros llegamos a Tarazona en la Semana Santa de 2015. La ciudad se distingue en la distancia por sus torres, sus murallas, su aire mudéjar y su aspecto de castillo roquero. Una vez dentro comprobamos que las cuestas se suavizan, invitando al paseo por un entramado urbano que combina calles amplias y abiertas con callejuelas, arcos y recovecos, con el rumor del río Queiles, que atraviesa la localidad domesticado por canalización.

El perfil urbano turiasonense está presidido por la mole catedralicia, un conjunto gótico levantado entre los siglos XIII y XI con aportaciones mudéjares y barrocas. Sobre el monumento se han realizado obras de restauración y limpieza en los últimos años que le han dejado reluciente.

La catedral es el principal de los monumentos religiosos pero no su primer atractivo. Nos encaminamos por la calle Visconti hacia la Plaza de España, donde, sobre la muralla, se levanta el Ayuntamiento, una construcción monumental del siglo XVI, proyectada como lonja y granero. En su fachada hay una profusión de escudos, la figura alegórica de Hércules y un friso que representa el desfile triunfal de Carlos V en su coronación en Bolonia.

Frente a la fachada municipal, un monumento esquemático recuerda al Cipotegato, una figura festera, cuyo traje arlequinado evoca a los antiguos bufones, que es el encargado de abrir las fiestas patronales de San Atilano, el 27 de agosto. A mediodía de ese día, el Cipotegato sale del Ayuntamiento para seguir un itinerario secreto huyendo de la lluvia de tomates que le arrojan los vecinos.

Desde la plaza nos internamos en la judería como si avanzáramos por un túnel en el tiempo y el espacio. Las casas colgantes de Tarazona se asoman al barrio judío. Son edificaciones construidas en vertical para aprovechar el escaso espacio disponible, que recuerdan a otras juderías, como los guetos de Venecia o de Praga. También, como hemos visto en Israel pero en sentido contrario, allí ahora el gueto es palestino. No podemos evitar un escalofrío cuando descubrimos en una de las paredes de la judería una pequeña pintada que reclama: Free Palestine (Palestina libre).

Siguiendo por las Rúas de Judería o por las de Bécquer Alta o Baja, lllegamos a la iglesia de Santa María Magdalena, una construcción tardo-románica de tres ábsides del siglo XII, muy cerca del Palacio Episcopal. Su torre de estilo románico-mudéjar, es el punto más elevado de Tarazona.

El lugar es un excelente mirador de la ciudad y de la comarca que se extiende en derredor. Justo ahí abajo se encuentra la Plaza de toros vieja, construida entre los años 1790 a 1792 por iniciativa privada, que sirvió de coso hasta 1870. El perímetro de esta plaza octogonal está formado por 32 viviendas, que siguen ocupadas. Tarazona es la cuna del actor Paco Martínez Soria, que da nombre a una de sus calles céntricas y al Festival de Cine de Comedia de Tarazona y Moncayo, que se celebra cada mes de agosto.

Sin saberlo, resulta que hemos llegado a la ciudad en uno de esos días de gran festejo local, que coincide con las fechas en las que la mitad de la población nacional sale de su casa camino a cualquier parte. En el pecado llevamos la penitencia pues, llegada la hora de comer, nos vemos obligados a ver cómo desfilan ante nuestros ojos unas apetitosas viandas sin encontrar acomodo en ninguno de sus restaurantes, todos llenos. Así que en busca de condumio abandonamos Tarazona, ciudad antigua y moderna, cristiana, mora y judía.

Fotos: ©Valvar

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