Burgos (I)

Burgos es una ciudad de visita obligatoria para los amantes de la belleza. Atravesada de este a oeste por el Camino de Santiago, tiene un enorme patrimonio arquitectónico encabezado por la catedral, el monasterio de las Huelgas, la cartuja de Miraflores y el museo de la Evolución Humana.

Para nosotros, este es un ejemplo de cómo se puede viajar por el arte, por la belleza y por la historia sin necesidad de desplazarse muy lejos. Es cierto que jugamos con ventaja porque durante unos años la ciudad fue nuestro hogar y, ya jubilados, aquí están nuestra casa alternativa, muchos de nuestros amigos y algunos de nuestros rincones favoritos. Burgos es una ciudad hermosa, muy por encima de sus defectos, que los tiene, y de sus sambenitos, no todos justificados.

El mapa de la ciudad es un resumen de la historia de España. Aunque hay constancia de que en su entorno hubo asentamientos humanos desde la prehistoria su fundación se atribuye al conde Diego Porcelos en el 884. Fue capital del reino de Castilla desde 1230 hasta la llegada de los Reyes Católicos, quienes en 1512 dictaron aquí las Leyes que se aplicaron en la conquista de América, tenidas como fundamento de los derechos humanos, y una importante plaza comercial del norte de la península, especializada en el mercado de la lana.

En el palacio de los Condestables recibieron los Reyes Católicos a Cristóbal Colón a la vuelta de su segundo viaje a América (1496). En Burgos se recabaron los fondos que costearon la expedición a las Islas de la Especiería (1519-1522), viaje iniciado por Magallanes y concluido por Sebastián Elcano después de dar la vuelta al mundo. En la imprenta de Fadrique de Basilea se imprimió la primera edición de La Celestina (1499).

Como en otras plazas del país, en Burgos se asentaron las tropas francesas de Napoleón que, siguiendo su costumbre, arramblaron con cuanto encontraron de valor después de volar el castillo que coronaba el cerro de San Miguel. Finalmente, Burgos fue capital del gobierno rebelde tras el levantamiento militar de 1936.

La catedral es la carta de presentación y el corazón de Burgos. Sus cuatro portadas se abren, respectivamente, a la plaza de Santa María -la portada principal-, la calle Fernán González -puerta de Coronería-, la Llana de Afuera -puerta de Pellejería- y la Plaza del Rey San Fernando -del Sarmental-.

Iniciada en 1221, en el reinado de Fernando III, bajo el mandato del obispo Mauricio y siguiendo el modelo gótico francés, fue consagrada en 1260, si bien su construcción se prolongó durante siglos en nuevas capillas destinadas a enterramientos de personajes ilustres, como la de los Condestables, que es en sí misma otra catedral.

En la seo burgalesa trabajaron los más destacados artistas de cada momento, conjugando gótico y renacimiento con soltura y acierto. Juan de Colonia proyectó sus agujas en el siglo XV y asesoró la construcción del cimborrio levantado a instancias del obispo Acuña, que se cayó estrepitosamente el 4 de marzo de 1539. Al año siguiente se iniciaba la construcción del cimborrio actual, proyectado por Juan de Langres y ejecutado por Juan de Vallejo. Un prodigio de ligereza y hermosura, admirable cualquiera que sea la creencia del observador.

En la vertical del cimborrio, después de una peripecia secular, descansan los restos de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, y su esposa Jimena Díaz.

Al siglo XVI corresponde el retablo de la capilla de Santa Ana, obra de Gil de Siloé, una auténtica maravilla.

Casi al lado trabajó su hijo, Diego de Siloé en la Escalera Dorada que salva el desnivel del terreno y llega a la puerta de Coronería. Él y Felipe Vigarny trabajan también en los retablos de la capilla de los Condestables, obra de Simón de Colonia.

De este tiempo también es la rejería del Maestro Hilario. Declarada patrimonio de la Humanidad en 1984, su visita agotaría una jornada completa y aún quedarían detalles pendientes. (Para una visita más detenida, clica aquí 👇). Sus claustros superior e inferior muestran el esplendor del Burgos de los siglos XIV y XV.

Este Cristo atado a la columna de Gil de Siloé de la capilla de Santiago es algo difícil de olvidar.

Antes de volver al exterior no olvides despedirte del Papamoscas, un autómata que abre la boca mientras marca las horas con su campana.

Es fácil quedarse prendido de las agujas y pináculos de la catedral y del coro de ángeles que ven pasar el tiempo desde las alturas. Las gárgolas de la catedral tienen, entre su población, un asno.

Entre la puerta de Coronería y el palacio de Castilfalé hay un banco. Siéntate tranquilamente y a ver si eres capaz de encontrar el espinario que se encuentra en la parte superior de esa puerta. (Gracias sean dadas a mi amigo Juan José Rodríguez que me lo descubrió desde las alturas del palacio).

Durante años en cada visita a la catedral he chuleado ante el Colega de que yo había andado por los tejados de la seo burgalesa y visitado sus espacios secretos en un reportaje que hice tiempo ha, pero el año pasado él también pudo subir a las alturas y se me ha terminado el cuento.

El monasterio de Santa María la Real de las Huelgas 👇es un exponente del poder de las mujeres de la nobleza medieval. Ideado como panteón real y fundado por Alfonso VIII y su esposa Leonor Plantagenet, fue encomendado a la Orden del Císter. Se decía que si el Papa de Roma hubiera de buscar esposa al nivel de su dignidad solo podría elegir a la abadesa de las Huelgas, tal era el poder que llegaron a acumular.

La mayor parte del monasterio es de estilo gótico, salvo el claustro románico conocido como las Claustrillas y la capilla mudéjar de Santiago, donde permanece una imagen articulada portando una espada, representación del apóstol que, según la leyenda, armaba caballeros.

En su Museo de Ricas Telas se muestran vestimentas y tejidos extraídos de los sepulcros del monasterio, además del llamado pendón de las Navas de Tolosa, arrebatado a los árabes en aquella batalla, tenido como el mejor tapiz almohade conservado.

El monasterio pertenece a Patrimonio Nacional y es uno de los pocos lugares suyos en los que se permite hacer fotos. Las visitas son siempre guiadas, las tardes de los miércoles y jueves son gratuitas. Nosotros aprovechamos nuestras estancias en Burgos para visitar el cenobio al menos una vez al año y saludar a las grandes mujeres que allí reposan. En un rico sepulcro, adornado con las armas de los Plantagenet, descasa la reina Leonor Plantagenet, hija de Leonor de Aquitania, hermana de Ricardo Corazón de León y de Juan sin Tierra, madre de Enrique I y de Berenguela de Castilla, unida en la vida y en la muerte a su esposo, Alfonso VIII, A la derecha de esta sepultura doble, un sencillo sepulcro de piedra blanca, sin adornos ni blasones, guarda los restos de una reina grande, Berenguela de Castilla, quien cedió el cetro a su hijo Fernando, para reunir en él los reinos de León y de Castilla. No son las únicas pero ellas representan a las mujeres medievales, sabias y poderosas, que gobernaron con tino mientras ellos hacían la guerra. En nuestras últimas visitas hemos tenido la suerte de tener como guía a Vidal Postigo, quien, sin demérito del resto de guías, hace de cada recorrido una lección de historia muy entretenida.

La Cartuja de Miraflores 👇está situada en el parque de Fuentes Blancas, a unos cuatro kilómetros del centro de la ciudad. Es otra de las fundaciones reales, en este caso de los Trastamara. Inicialmente fue pabellón de caza de Enrique III, su hijo Juan II cedió sus terrenos a los monjes para levantar un monasterio, que un incendio destruyó totalmente. En 1454 se inició el nuevo cenobio dirigido por Juan de Colonia y luego, por su hijo, Simón. En 1484, Isabel de Castilla mandó trasladar allí los restos de sus padres, Juan II y su segunda esposa, Isabel de Portugal, y de su hermano Alfonso, muerto en la adolescencia. La silueta de la iglesia recuerda un sarcófago orlado de pináculos a modo de velones.

El conjunto es un compendio de escultura gótica religiosa y funeraria. El sepulcro de los reyes (1489-1492), de planta octogonal componiendo una estrella de ocho puntas, es obra de Gil de Siloé, ocupa el centro del presbiterio; el monumento funerario del infante Alfonso, también de Siloé, de tipo arcosolio, se encuentra en el lado del evangelio.

El retablo policromado que preside la iglesia es también obra de Gil de Siloé, dorado por Diego de la Cruz, se dice que con el oro que Colón trajo de América en su segundo viaje. Constituye una exaltación del sacramento de la Eucaristía a la vez que un retrato del reinado de Isabel la Católica, quien mandó traer de Flandes las vidrieras.

A la cartuja fueron traídos los restos de Felipe el Hermoso, muerto en Burgos en septiembre de 1506, y de aquí salieron por orden de la reina Juana I el 20 de diciembre del mismo año en dirección a Granada, donde quería ser enterrado y adonde llegó mucho tiempo después, en 1525, enviados por su hijo, el emperador Carlos V. En dependencias anexas a la iglesia hay un pequeño museo que, a pesar del expolio sufrido por el cenobio, conserva piezas interesantes, algunas de ellas donadas por la reina Juana I.

El Museo de la Evolución Humana 👇, destinado a guardar los fósiles de cerca de un millón de años de los homínidos encontrados en la Sierra de Atapuerca, es lo más moderno de la ciudad. Obra del arquitecto Juan Navarro Baldeweg, se levanta a la orilla del río Arlanzón, que lo separa de la catedral, a la que mira de frente. El vanguardista edificio se alza en los terrenos ocupados otrora por el monasterio de San Pablo y luego por los cuarteles de Caballería.

Concebido con un carácter didáctico, el museo exhibe los restos del Homo antecessor y numerosos hallazgos de especies preneandertales, la pelvis Elvis, el cráneo del Homo heidelbergensis bautizado Miguelón, reproducciones de la Galería de los Homínidos y una réplica del Beagle, el bergantín en el que Darwin viajó hasta las islas Galápagos, que le llevó a formular la teoría de la evolución.

Los hallazgos de la Sierra de Atapuerca fueron reconocidos en el 2000 como Patrimonio de la Humanidad por la Uneso. El Museo de la Evolución se encuentra entre los diez más visitados de España.

Frente al museo se puede contemplar una instalación que representa el proceso evolutivo de la humanidad, las esculturas de dos humanos, un hombre adulto y un niño. A lo que parece solo ellos, los hombres, han evolucionado. Las mujeres nacimos ya evolucionadas desde el amanecer de los tiempos.

Entre los varios sambenitos que arrastra Burgos uno de ellos era la de ser una ciudad de militares y curas. Ya hablaremos del clero. En cuanto al aspecto militar, no hay que olvidar que los cimientos de la ciudad están en su castillo, mandado levantar por el conde Diego Porcelos en el año 884, como defensa frente al invasor árabe. Luego fue alcázar real, prisión, y residencia de nobles. Reconstruido en el siglo XV, los soldados franceses lo volaron al abandonar la ciudad en 1813.

La ciudad se amuralló entre los siglos XIII y XIV. En sus casi cuatro kilómetros de longitud, con una altura de diez metros y tres de grosor, la cerca llegó a tener más de 90 torres y 12 puertas. Parte de los muros se derribaron para ensanchar la ciudad a partir del siglo XIX, aunque aún se conservan bastantes restos.

Cualquiera puede hacerse una idea de cómo sería la ciudad medieval traspasando algunas de esas puertas: de San Juan, por donde llegaban los peregrinos; de San Gil, por donde entraban los carros con los productos procedentes de los puertos del Cantábrico; la mudéjar de San Esteban, tenida como la más hermosa de ellas; la de San Martín, llamada también puerta de Reinosa, por donde entraban los reyes después de haber jurado los fueros y privilegios de la ciudad. Tiene este arco una marca en forma de línea alargada que según unos indica la longitud de la Tizona, espada del Cid, y según otros, equivale a la vara de Burgos, medida de longitud antecedente del metro, usada durante siglos en España y sus áreas de influencia. La puerta de Santa María, quizá la más transitada a diario, fue reconstruida como arco triunfal eppn honor de Carlos I.

A remachar este clavo militarista vino la sublevación militar de 1936, eligiendo Burgos como capital de la llamada España nacional. En el edificio de Capitanía, obra del arquitecto municipal Saturnino Martínez Ruiz, se proclamó el fin de la guerra civil. Fue sede de la VI Región Militar y actualmente acoge un museo regional militar.

Así, pues, el carácter militar de la ciudad pertenece más bien al pasado. Más fácil que toparse con un militar el visitante corre el riego de hallarse inmerso en alguna de las muchas fiestas que aquí se celebran a lo largo del año. Los Titos por San Antón, el hermanamiento francés por San Lesmes, los carnavales, el canto de las Marzas, la Semana Santa, declarada de interés regional y nacional, la romería de la Virgen Blanca, la jira en el Parral por el Curpillos, incluso una fiesta cidiana. Todo ello con el acompañamiento de los gigantones, de las peñas o de los Danzantes, un grupo de doce niños menores de 14 años vestidos como pajes del siglo XVI, que danzan a los sones de dos dulzaineros y un tambor, acompañados de los tetines, adultos que dirigen a los danzantes, el tetín mayor vestido de azul, y los tres restantes, de verde. Los burgaleses pueden ser algo asperones, pero jaraneros, como los primeros.

Fotos: ©Valvar

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