Pau es la capital histórica del Bearn francés. Del pasado conserva un castillo, varias iglesias y un aire de dama de buena estirpe. En épocas recientes ha añadido un funicular y un bulevar convertido en balcón sobre los Pirineos.
Llegamos a Pau como primera etapa de nuestro viaje por el sur de Francia siguiendo el rastro de sus monumentos románicos, después de visitar Oloron y Marvaas, cerca de aquí. En principio solo es un lugar donde pasar la noche pero enseguida descubrimos una ciudad con enorme encanto, una ciudad provinciana con aires de dama aristocrática que luce sus joyas con discreción. Lamartine dijo de Pau que es la más hermosa vista de tierra, como Nápoles es la más hermosa vista de mar.

La ciudad antigua se levanta sobre un promontorio coronado por el castillo que se divisa desde cualquier punto de la ciudad y alrededores, con el río Gave a sus pies. El castillo feudal fue fortaleza de los vizcondes de Bearn, fortificado en tiempos de Gastón Febo, a quien se debe la construcción en ladrillo de la torre del homenaje, con una altura de 33 metros. Enrique de Albret y María de Angulema lo transforman en residencia real en el Renacimiento, que a lo largo de los siglos ha sido palacio real, imperial o nacional y, actualmente, museo. Es famoso porque el 13 de diciembre de 1553 vio nacer a Enrique III de Navarra, que habría de ser el primer rey Borbón de Francia, como Enrique IV, conocido como Buen Rey, monarca querido por los franceses. Educado por su madre en la fe protestante, se convirtió al catolicismo para ser proclamado rey. Suya es la frase París bien vale una misa. A él está dedicado el museo, en su interior guarda una notable colección de tapices flamencos y gobelinos de los siglos XVI al XVIII y algunas curiosidades como la llamada sala de los cien cubiertos, con su enorme mesa de roble, la cuna en forma de caparazón de tortuga en la habitación del rey o las porcelanas del apartamento de la emperatriz Eugenia.


Cerca del castillo se encuentra el edificio que fue parlamento de Navarra. En el siglo XV el reino de Navarra se extendía al sur y el norte de los Pirineos, hasta que en 1512 Fernando II de Aragón, el rey Católico, en ese momento regente de Castilla tras mantener cautiva a la reina Juana I, conquistó en nombre de su hija la parte del reino al sur de la cordillera, conocida como la Baja Navarra. El rey y la corte abandonan Pamplona trasladando la capital del reino a Pau. En 1523 se instala en este edificio el Parlamento de Navarra y ahí se mantiene hasta la Revolución Francesa, en 1789.


En el siglo XIX el buen clima de la ciudad atrae a algunos ingleses pudientes, para alojarlos se levantaron edificios señoriales que dan una pátina aristocrática a la ciudad. A esos visitantes debe Pau el Beaumont Park, al final del bulevar de los Pirineos y, quizá, contar desde 1856 con el primer campo de golf del continente europeo, el segundo centro de entrenamiento equino en importancia, o un estadio de aguas bravas único en el país para actividades acuáticas en el río Gave. En 1909 los hermanos Wright crearon aquí la primera escuela de aviación del mundo, luego transformada en escuela de pilotos del ejército francés. La ciudad conoce un nuevo impulso con la llegada del tren, al construirse la línea que lleva a Lourdes a miles de peregrinos.

La calle Maréchal Joffre y la plaza Clemenceau, en la que desemboca la primera, son las zonas comerciales por excelencia, las que aportan el signo de distinción de toda ciudad de provincia que se precie. Ahí está el centro comercial Palais des Pyrénées y las Galerías Lafayette. Un touche de glamour.

El bulevar de los Pirineos es un paseo de 1.800 metros al que se abre, entre otras, la magnífica plaza Real. En días claros desde el bulevar se disfruta de bonitas panorámicas, razón por la que la ciudad se conoce como balcón de los Pirineos. En nuestro caso, el día estaba claro pero solo lo suficiente para entrever la cordillera.






El perfil de Pau contra el cielo es una sucesión de torres, además de las del castillo las dos de la iglesia de San Jaime y la de San Martín. Ambas son obra del siglo XIX, de estilo neogótico, con bonitas vidrieras. La torre de San Martín mide 77 metros de altura.


Para superar el desnivel entre el bulevar y la estación de ferrocarril, que está junto al río, desde 1908 funciona un funicular que sube y baja con una frecuencia de entre 3 a 5 minutos, gratis total. Nosotros lo utilizamos para descender del bulevar al río, paseamos un rato entre una agradable arboleda antes de cruzar el puente hacia el antiguo lavadero, situado a la derecha.


En un jardincillo encontramos un cartel que habla de una etapa política penosa para Francia: la colaboración del gobierno de Vichy, liderado por el mariscal Petain, con las fuerzas alemanas de Hitler. «A la memoria de los 1070 muertos en el Campo de Gurs y de los veinte mil hombres, mujeres, viejos y niños, deportados víctimas de la cruel colaboración Vichy-Alemania«, reza el cartel.


El lavadero es poco más que una vieja estructura de madera pero desde este punto se contempla una hermosa vista de la ciudad, al otro lado de un río que baja rápido y ancho, como la mayoría de ríos franceses.

No lejos de aquí se encuentra una pequeña iglesia dedicada a Notre Dame du Bout du Pont, construida en el siglo XX en recuerdo del oratorio que hubo junto al castillo. Esta virgen se consideraba protectora de los pastores y de las mujeres parturientas. Se cuenta que a ella le cantó Juana de Albret antes del nacimiento de quien había de ser Enrique IV. Cosa inusual en Francia, encontramos la iglesia cerrada, parece que los domingos no es buen día para ver iglesias por estos lares.


Pau conserva algunas viejas edificaciones, que coexisten pacíficamente con los edificios señoriales, en una de ellas una placa indica que ahí nació Charles Jean Bernardotte, -general de Napoleón- rey de Suecia por el deseo unánime de los suecos.

Cenamos en un bistrot donde, siguiendo el ritual de todos los viajes a Francia, pido los caracoles a la bourgiñona, que, con el agua Perrier son mi santo y seña francés. Hemos elegido el céntrico hotel De Gramont, próximo a un aparcamiento, ya que la circulación rodada está bastante restringida en la ciudad. La vista desde nuestra habitación nos muestra una imagen resumen de Pau.
Fotos: ©Valvar


