Moissac II

A Moissac, en la vía Podiensis del Camino de Santiago, se puede ir por muchas razones, por devoción, por afición o porque sí, cualquiera vale. Todos los visitantes sin excepción se maravillan ante su claustro y la portada de su abadía de San Pedro, uno de los mejores ejemplares del románico francés.

Nosotros hemos venido en esta ocasión por puro vicio y porque, de algún modo, este año estamos despidiéndonos de algunos de los lugares románicos que más nos han gustado y a los que, sin duda, ya no volveremos. Lo hacemos con alegría, contentos de las oportunidades que nos ha ofrecido la vida pero sabiendo que llegará día en que perderemos la autonomía que ahora tenemos. Hay que aprovechar el presente, pues.

De Moissac ya hablamos aquí 👇. En un lugar donde el tiempo se cuenta en siglos, poco ha variado desde nuestra primera visita, pero lo poco que ha variado es a mejor. Han dispuesto mayores aparcamientos y más aseos públicos, esto último es una diferencia notable de Francia respecto a España, por su abundancia y porque suelen estar muy limpios y cuidados.

Han dispuesto también otro acceso al claustro, del siglo XI, más acorde con la importancia del monumento. El claustro reúne 76 capiteles de los que 46 son historiados: pasajes bíblicos del Antiguo y Nuevo Testamento, vidas de santos, representaciones vegetales y zoomorfas. Todo el repertorio románico distribuido en las cuatro pandas del claustro: Adán y Eva, Caín y Abel, Daniel en el foso de los leones, Sansón desquijarando al león, las bodas de Canáa, la decapitación del Bautista, la samaritana, San Esteban, San Lorenzo, San Martín de Tours, aves, leones, grifos, dragones…

En pilares ubicados en las cuatro esquinas y en el centro de las pandas, los apóstoles San Pedro, San Pablo, San Juan, Santiago, San Felipe, San Andrés, San Bartolomé, San Mateo, Simón y el abad de Moissac y obispo Durand de Bredons. Los arcos apuntados del claustro corresponden a la reconstrucción del siglo XIII. (Si quieres conocer más de la abadía de Moissac Arteguías te lo cuenta aquí👇)

Mientras lo visitamos oímos varias veces el paso del tren, lo que nos recuerda que la línea férrea arrasó una parte de la abadía. Es sabido que el dinero no tiene corazón y el capitalismo carece de emoción.

Por muchas veces que lo hayas visto es imposible no admirarse ante la portada de Moissac, realizada en el siglo XII, y bendecir la memoria de los artistas anónimos que aquí trabajaron. Parece milagroso que haya llegado hasta nosotros después de los innumerables ataques sufridos en los últimos nueve siglos. El penúltimo de estos ataques ocurrió durante la Revolución francesa, cuando fue vendida a un particular y luego, a la ciudad. Durante un motín fueron saqueados el claustro, la iglesia, su mobiliario, sus vidrieras, ornamentos y el tesoro sacro. Durante el Primer Imperio, los edificios se convirtieron en cuartel y luego, en una fábrica de sal. Ya en el siglo XIX, los ingenieros del gobierno francés diseñaron un trazado ferroviario que a poco termina definitivamente con la abadía. Se salvó el claustro, que pasa rozando, pero se llevó el refectorio y las cocinas.

Como es habitual en este tiempo y en las construcciones románicas, aquí se despliega un catecismo para fieles analfabetos. En el tímpano, un Cristo en Majestad, coronado, sentado en el trono, bendiciendo con la mano derecho y sosteniendo el Libro de la Vida en la izquierda. Le rodean los cuatro símbolos del Tetramorfos; abajo y a los lados, los veinticuatro ancianos del Apocalipsis miran a Cristo y portan instrumentos musicales.

El mainel de la portada lleva relieves de leones entrelazado trepando en su cara frontal. A los lados, San Pablo y Jeremías. Este último es uno de los relieves más hermosos de Moissac.

En las jambas laterales con perfiles en arcos, San Pedro e Isaías.

En los muros laterales, escenas bíblicas. A la derecha, el ciclo de la Navidad entero: la Anunciación, la Visitación, la adoración de los Reyes, la Huida a Egipto, la presentación en el templo… Al otro lado, la parábola del pobre Lázaro y del rico Epulón y escenas de pecadores con sus respectivos castigos.

Pedimos que nos haga una foto a un chico que resulta ser de Zaragoza y está haciendo la ruta en bicicleta hasta el Mediterráneo.

Entramos en la iglesia buscando el grupo escultórico del Santo Entierro del siglo XV, que me gusta especialmente. Tiene también un Cristo románico y un sarcófago paleocristiano.

En esta ocasión llegamos un lunes, día de cierre del restaurante Florentin, situado frente a la portada, del que tan buen recuerdo guardamos. Comemos en un local nuevo ubicado al costado de la iglesia. Comemos muy bien pero el Colega

Conocer Moissac y disfrutar de su belleza es un regalo de la vida. Haber estado dos veces es la releche, le digo al Colega, que sigue suspirando por el Florentin.

Fotos: ©Valvar

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