Toulouse es una ciudad de contrastes. De ciudad medieval en el Camino de Santiago, ha pasado a avanzado parque tecnológico de investigación aeroespacial. Conocida como la Ciudad Rosa por el color de sus edificios, cuenta con dos construcciones a cual más bellos: San Sernin y los Jacobinos.


Aparte de sus encantos más conocidos, la ciudad ha sabido proteger su ritmo de vida tranquilo y ofrece muchos lugares que hacen agradable la visita, incluidas las riberas de sus canales y del río Garona, y su rica oferta gastronómica, con el cassoulet y el foie en el centro de sus devociones.

Esta es nuestra segunda visita a Toulouse. En la primera vivimos una de las situaciones más chuscas que recuerdo de nuestros viajes y que contamos aquí 👇. Tengo que enseñar la foto porque incluso a mí me parece increíble. Ocurrió en 2016, cuando Francia se encontraba en alerta total después de haber sufrido atentados terroristas. La policía y el ejército patrullaban las calles e identificaban a la gente al acceder a algunos lugares.

En la puerta de San Sernín había apostados cuatro soldados como cuatro armarios con las armas a punto. Y allí que se fue el Colega a preguntarles por su trabajo y a hablarles del Camino de Santiago y de la importancia del arte. Los soldados le miraban como si fuera un extraterrestre. Yo pensé que me lo encerraban en la comisaría o en el manicomio. Optaron por irse antes de que les diera otra chapa a la salida.

Hemos vuelto, pues, a San Sernin que ahora, sin soldados ni temores, nos parece más grandioso y bonito que la primera vez. Volvemos a fotografiar sus tropecientos canecillos y capiteles, sus ábsides y absidiolos, casi perfectos por dentro y por fuera.










Llegamos a primera hora de la mañana, antes que los visitantes, que vendrán enseguida, la mayoría escolares con sus profesores.



San Sernín es obra del siglo XI, prevista ya como una iglesia de peregrinaciones, de ahí sus muchas reliquias y tesoros, que atraían el interés de los peregrinos. De las cuatro iglesias situadas a mitad del Camino en territorio francés: San Martín de Tours, San Marcial de Limoges, Santa Fe de Conques y San Sernin, esta es la que posee el más antiguo de los deambulatorios, previstos para que las multitudes pudieran moverse por el interior del templo, admirar el edificio y visitar las reliquias. La iglesia es de planta de cruz latina, de cinco naves, transepto de tres naves y cimborrio alto sobre el transepto. Tiene además dos niveles o tribunas, que amplían notablemente la capacidad de la iglesia.





Se cree que en San Sernin trabajaron al menos tres talleres, que desarrollaron un programa iconográfico novedoso para el tiempo en que fue creado. Con todo, lo más destacable es la llamada puerta Miegeville, que significa media villa, pues está en el centro de la ciudad. En su diseño recuerda un arco de triunfo -en concreto al de Orange-. El tímpano representa la Ascensión de Jesús, llevado por dos ángeles. En la parte inferior se distribuyen los apóstoles que miran la escena de la Ascensión. Las mochetas son extraordinarias: la de la izquierda representa al rey David tocando un rabel, sentado sobre una pareja de leones; en la de la derecha aparecen dos personajes femeninos tocados con gorros frigios y dos cabezas de leones en sus regazos. Ambas tienen un pie calzado y otro descalzo.

En la enjuta de la derecha se distingue a San Pedro sobre Simón el mago acuciado por los demonios, personaje que da nombre al pecado de simonía.

En el lado opuesto, Santiago sobre un hombre barbudo y dos mujeres sobre leones. Se interpreta como un ejemplo de amancebamiento del clero o nicolaísmo.




Los capiteles representan escenas bíblicas: la expulsión de Adán y Eva del paraíso, la Anunciación de San Gabriel a la Virgen María, la Visitación y la matanza de los Inocentes; dos leones y la cabeza de un tercero.
Los estudiosos han advertido similitudes entre este puerta y otras edificaciones del Camino de Santiago como el claustro de la catedral de Jaca, San Isidoro de León, la fachada de Platerías de Compostela y Santa Marta de Tera. Si quieres saber más de San Sernin Arteguías de lo cuenta aquí 👇



Aunque Toulouse es una ciudad grande, sus atractivos están todos en un puño. De San Sernin al Capitol hay un trecho corto y corto también del Capitol a los Jacobinos. La plaza de Capitol es grande, de líneas elegantes, flanqueada por edificios de ladrillo rosa, entre otros el ayuntamiento, el teatro y el palacio que le da nombre, que acoge el salón de los Ilustres. La mitad de la plaza está ocupada por mesas de los cafés y restaurantes, casi siempre llenos de tolosanos y de visitantes.


El convento de los Jacobinos 👇 fue fundado por los dominicos en el siglo XII, su construcción se prolongó hasta el siglo XIV, guarda las reliquias de Santo Tomás de Aquino. El convento fue clausurado durante la Revolución Francesa y adaptado para servir de cuartel de caballería. Declarado monumento histórico en 1841, su restauración se prolongó de 1920 a 1972.

La iglesia es de planta rectangular, con dos naves separadas por siete columnas en el eje central. La cabecera es la joya de los Jacobinos de Toulouse. Por muchas veces que lo veas no dejará de sorprenderte la palmera de piedra de la cabecera, con sus veintidós nervaduras. En esta ocasión han cambiado la iluminación del templo y da más sensación de irrealidad.


El claustro fue construido a principios del siglo XIII, después de desmantelar el anterior. Sus cuatro pandas se comunican con el patio interior mediante arquerías de arcos apuntados de ladrillo sobre columnas pareadas de fustes cilíndricos de mármol. La ornamentación de los capiteles es mayoritariamente floral, excepto unos pocos figurados. Por lo que pudimos colegir en nuestra visita, una de las tareas en los colegios tolosanos es descubrir los rostros que se esconden en estos capiteles, tarea a la que nos unimos alegremente.





El entorno del claustro tiene una encanto especial para nosotros, aparte de por las hamacas dispuestas para contemplar el entorno tranquila y descansadamente. El primero, la sala capitular, espaciosa, con bóvedas de crucería de ladrillo sobre columnas, abierta al claustro mediante una arquería. El día que visitamos los Jacobinos ha amanecido nublado pero durante nuestra visita se abrieron un rato las nubes dejando entrar algunos rayos de sol que proporcionan al lugar un aspecto entre fantástico y misterioso. El segundo, que desde el claustro se tiene la mejor vista de la torre campanario -ya sin campana-, de planta octogonal, con 45 metros de altura.

Alrededor del claustro, se abren también el refectorio, la sacristía y la capilla de San Antonín, en la que se enterraba a los religiosos del convento, que conserva murales del siglo XIV.


La catedral de Toulouse es un edificio enorme, en realidad la mezcla de dos iglesias, una románica y otra gótica. La primera vez que la vimos nos pareció un poco pastiche pero en esta ocasión la hemos encontrado un punto entre kich y artístico.




Otro atractivo no menor de la ciudad son su río, el Garona, y sus canales. Es un verdadero placer pasear por sus orillas tan cuidadas, agradables y frecuentadas. Una señora a la que preguntamos si quedaba mucho para San Sernin nos descubrió el canal de Brienne, que con el de Midi y el Lateral del Garona atraviesan la ciudad. El del Midi une Toulouse con Sète, ya en el Mediterráneo, y está declarado Patrimonio de la Humanidad. Se conecta con el Lateral del Garona que llega al Atlántico.


El paseo por el canal fue verdadera placentero y, contra mi temor, no me picaron los mosquitos.


En otro paseo por el Garona descubrimos la basílica de la Dorada, junto a la Academia de Bellas Artes. El edificio es obra de los siglos XVIII-XIX, levantado sobre las ruinas de otro románico que, a su vez, ocupó un tempo romano dedicado a Apolo. En su interior se guarda la Virgen Negra, conocida como la Brunette, la Morena, superviviente del culto a la diosa madre, que es tenida por muy milagrosa y disfruta de muchos devotos entre las parturientas como protectora de los recién nacidos. La imagen fue realizada en 1806 por el escultor tolosano Jean Louis Ajon. Era tradición que los trajes de la Brunette se colocaran sobre la cama durante el parto, ahora se envían cintas a las embarazadas que lo piden. Posee 32 trajes, ofrendas de los fieles desde el siglo XVIII, que se cambian según el calendario litúrgico.

La iglesia cuenta con dos órganos, ambos obra de tolosanos. El gran órgano es de 1864 y el del coro de 1881.

Muy cerca está el Café de los Artistas, lugar muy frecuentado, donde nos tomamos un refresco.

Una cita casi imprescindible si visitas Toulouse es el mercado Victor Hugo, en el número 7 de la calle de su nombre. No ya por la oferta de sus puestos, algunos de ellos con apellidos españoles, pues la ciudad fue refugio del exilio español después de 1939, sino porque su primera planta está ocupada por restaurantes populares frecuentados por los tolosanos y por los visitantes avisados. Es famoso su cassoulet, pero la oferta es tan amplia como se quiera y, de nuestra experiencia, todo bueno.

Cerramos nuestra visita tomándome una copa de champán en la plaza Capitol -el Colega es más de cañas que de champán- agradeciendo a Toulouse la acogida a los miles de refugiados españoles republicanos que aquí encontraron su hogar y los buenos momentos que nos ha ofrecido a nosotros.
Fotos: ©Valvar


