Boada de Villadiego es una pequeña población con un gran tesoro: su iglesia de la Asunción. No es la mayor ni la más importante de la provincia, pero guarda en su interior dos de los capiteles más hermosos y mejor conservados del románico burgalés.


Llegar a conocerlos ha supuesto para nosotros una pequeña odisea. Andamos ahora haciendo recuento de capiteles que representen la Paz o Tregua de Dios y la lucha contra el dragón, motivos bastante frecuentes en las construcciones románicas. Ambos se encuentran en la iglesia de Boada de Villadiego. Llamamos a la Oficina de Turismo de Villadiego, de donde depende la pedanía de Boada, para ver cuándo podríamos visitarla. Imposible, nos respondieron, la iglesia está cerrada, no tiene culto.
Hicimos una petición de ayuda en las redes. Solo Eva M. Peña -@empenha- se hizo eco de mi petición. Así estábamos cuando a los pocos días le llama al Colega un compañero de colegio. Que qué día queréis ir a ver la iglesia de Boada, dice. Cualquier día nos viene bien, responde él.
Debo aclarar que los compañeros de colegio del Colega son una especie de lobby -no quiero decir mafia, dadas las circunstancias, para no molestar a nadie-. Hay entre ellos abogados, economistas, pintores, gestores… En un grupo tan variopinto siempre hay un roto para un descosido. Alguien que conoce a un fontanero, a un pintor, o a un especialista de la próstata, llegado el caso.
Así fue cómo un antiguo alumno leyó el mensaje, lo comentó con el alcalde de Canicosa de la Sierra y diputado provincial, este a su vez se lo contó al alcalde de Villadiego y él habló con el alcalde pedáneo de Boada. Y así es cómo la mañana del viernes 4 de octubre nos encontramos en la puerta de la iglesia de la Asunción y cómo nos recibió don Máximo Bartolomé.
Máximo es un hombre de 84 años, menudo, ágil y de vivo ingenio, que llega con la llave de la iglesia. No es su responsabilidad abrir el templo, lo hace hoy por amistad con el alcalde de Villadiego, que se lo ha pedido. Soy un hombre libre, siempre lo he sido y así quiero seguir, si me da por salir al campo, pues salgo, no puedo estar todo el día pendiente de si viene alguien a ver la iglesia, nos dice.
Nos dice muchas más cosas porque a Máximo le gusta hablar y a nosotros oírle. Por ejemplo, nos cuenta que toda su vida ha sido labrador pero en la mili le tocó vigilar a los presos del penal de Burgos. Lo que habré visto allí, dice. Que le gusta vivir en el pueblo y en Madrid se moriría, que sus padres tuvieron ocho hijos, machos todos, recalca, y que el día más feliz de su vida fue cuando su nuera trajo al mundo una niña, su nieta del alma. Es una cosa, mire usted, que no le puedo explicar la alegría que me da esa niña. La nuera parió gemelos, la niña y un niño, pero a los chicos ya estaba acostumbrado. De hecho, él y Teresa, su mujer, también tuvieron un hijo, Alberto Bartolomé, que es el alcalde pedáneo de Boada de Villadiego. Como Alberto y su familia viven en Madrid, Máximo nos recibe en representación suya. Ni en sueños podíamos haber tenido mejor guía.
Boada de Villadiego es un pueblo tan antiguo que aparece por primera vez en la carta de arras del Cid, el 19 de julio de 1074. En el Becerro de Behetrías se le cita como señorío de Juan Rodríguez de Sandoval, en la merindad de Villadiego. Actualmente es pedanía de Villadiego, de donde dista ocho kilómetros. La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, ubicada en un pequeño altozano sobre el caserío, se distingue en la lejanía.


En verdad, esta no era la primera vez que estamos en Boada, estuvimos hace dos años y tuvimos que conformarnos con ver el exterior. La iglesia es de planta rectangular, de una nave y ábside semicircular. La fábrica original románica solo ha tenido ligeras modificaciones en la espadaña y la cubierta. En la reforma realizada en 1994 la bóveda se sustituyó por cubierta de madera y se retiraron las construcciones anexas.

El ábside se divide en tres paños, cada uno de ellos con una ventana con capiteles labrados. En la ventana meridional, el capitel de la izquierda muestra una cabeza de animal de cuya boca salen formas vegetales, con círculos a los lados de la cabeza.


El capitel de la derecha de la ventana central representa la pesca milagrosa, aquí, tres personajes en una barca, dos remando y uno pescando un pez. Esta escena se repite en las iglesias cercanas de Fuenteúrbel y La Cerca.



La ventana septentrional es la más deteriorada, en su capitel de la izquierda se aprecia una cabeza de ciervo. El alero se adorna con cabezas de animales y humanas, un músico, dos figuras sin cabeza y un saltimbanqui. Hay también una escena infrecuente en la que se distingue a una juglaresa junto a un perro apoyado en las patas traseras.


En el lado del presbiterio se abren dos ventanas, la orientada al sur ha sido sustituida por una recreación en piedra pulida. La orientada al norte tiene un pequeño tímpano con una cruz y dos capiteles con cabezas humanas enfrentadas.


Los muros de la nave, de buena piedra de sillería, son totalmente lisos. La portada, de tres arquivoltas ligeramente apuntadas, se abre en el muro sur. Sobre el hastial de poniente se levanta una pequeña espadaña con dos campanas en sus correspondientes troneras.


Entramos, por fin, en la iglesia acompañados de Máximo, quien se apresta a dar las luces. Yo doy la luz y, si prefieren hacer las fotos sin ella, la quito cuando me digan, nos propone desde su experiencia de guía a su pesar. Efectivamente, la luz nos ayuda a distinguir bien el ábside y el presbiterio pero incomoda para fotografiar los capiteles del arco toral.

La iglesia tuvo un retablo y bóvedas barrocas que fueron retirados durante la restauración. Los restos del retablo se guardan en la antigua sacristía, las bóvedas fueron sustituidas por un artesonado sencillo de madera.
El hemiciclo del ábside está decorado por cinco arcos de medio punto y remata en una bóveda de horno. En sus capiteles se distinguen en cada extremo una cabeza con melena partida, otra de gesto grotesco, con pelo rizado y gruesos labios, que se interpreta como un personaje de raza negra, como si los personajes se estuvieran mirando; el resto están adornados con motivos vegetales.




En el muro norte hay una falsa ventana, probablemente gemela de la desaparecida en el muro sur. El capitel del lado izquierdo muestra una arpía con la boca abierta; el derecho, una cabeza monstruosa engullendo a una persona. En el tímpano de este arco se distingue una roseta central junto a dos más pequeñas sobre un fondo que imita un trabajo de cestería.



El presbiterio se cubre con bóveda de cañón ligeramente apuntado. En esta y en la del ábside se conservan restos de pinturas murales: un medallón con el Agnus Dei y el Tetramorfos, el sol realizadas en el siglo XVI. A esta intervención corresponde también la policromía de los capiteles del arco del triunfo objeto de nuestro interés.



Et voilà, ahí está, en el lado del evangelio, representando la lucha del bien contra el mal, nuestro esplendoroso y joven San Miguel, vestido con túnica y armado con escudo de cometa, alanceando al dragón de cuerpo anillado y larga cola, esculpido con tal maestría que ganas dan de pedirle arcángel que le perdone la vida.


En el lado de la epístola una mujer vestida con manto y ceñidor toma las riendas de las monturas de dos caballeros dispuestos para la lucha, vestidos con túnicas cortas y espuelas y cubiertos los rostros con yelmos. El guerrero de la izquierda se cubre con escudo redondo y ataca con lanza al de la derecha, que aparece desarmado y para la lanza con su escudo de cometa. La escena representa la llamada Paz o Tregua de Dios, un movimiento pacifista vigente entre los siglos XI al XIII, auspiciado por la iglesia y el campesinado que prohibía las luchas de los señores feudales en determinadas fechas, generalmente de viernes a domingo y en Navidad. La escena representaba a dos combatientes a caballo que pelean con espada o lanza, con frecuencia un personaje, habitualmente una mujer, los contiene sujetando las riendas de los caballos.


Ejemplares de este tipo se encuentran cerca de aquí en Fuenteúrbel y La Cerca, también en Butrera y Rebolledo de la Torre en la provincia de Burgos, Caracena (Soria) y en el palacio real de Estella (Navarra), donde los caballeros están identificados como Roldán y Ferragut.






A los pies de la nave permanece una pila bautismal de piedra caliza en forma de copa, de 137 cm. de diámetro y 89 de altura con decoración gallonada. Máximo nos asegura que el último bautizo en esta pila tuvo lugar hace 51 años, cuando fue cristianado su hijo.

La última restauración ha limpiado la madera del coro, dejando ver una espléndida viga con decoración mudéjar.

Se estima que la cabecera de la iglesia de Boada fue construida a finales del siglo XII por el mismo taller que trabajó en Fuenteúrbel y La Piedra. La nave se levantó avanzado ya el siglo XIII cuando se introducían las primeras formas góticas, que se manifiestan en la espadaña.
La visita ha sido una experiencia gratísima, por su contenido, por su continente, por el paisaje que le rodea, porque hizo un hermoso día de otoño y, sobre todo, porque tuvimos un guía extraordinario. Ahora bien, nos preguntamos si no sería posible visitar esta y otras iglesias igual de interesantes sin tanta parafernalia, sin molestar a nadie, sin el privilegio de los antiguos alumnos. Si la Iglesia católica, propietaria de la mayoría de los templos, no podría llegar a algún tipo de convenio con la Junta de Castilla y León o con las Diputaciones, o con quien sea, para que las iglesias, la mayoría rehabilitadas con dinero público, pudieran abrirse a las visitas en días señalados o previa reserva, con personal contratado legalmente, o con mecanismos similares a los que ya existen en los Museos vivos de la provincia de Burgos.
Fuente: Románico digital. Boada de Villadiego 👇
Fotos: ©Valvar


