Cartagena

Cartagena es una ciudad que vale como repaso a la historia de España. Por su puerto han entrado todos los pueblos y civilizaciones mediterráneas que nos conforman como sociedad, de todas conserva un legado histórico-artístico que hacen de ella uno de los municipios más interesantes del país.

En sus cuevas Victoria, de los Aviones, del Caballo o de los Mejillones, de los Pájaros, en el poblado de las Amoladeras o en la Cala del Pino se han encontrado restos que hablan de neandertales, del Neolítico o de la la Edad de Bronce. Se cree que los tartesios se asentaron en la ciudad de Mastia y, según atestiguan los yacimiento de Los Nietos y Cala Reona, los iberos explotaron el plomo y la plata,.

Aprovechando las inexpugnables defensas naturales que ofrece el lugar y la riqueza de sus minas de plata, en el año 227 antes de nuestra era el general cartaginés Asdrúbal fundó aquí la ciudad Qart-Hadast, que hizo la capital púnica de la península.

De aquí partió Aníbal en su legendaria expedición militar a conquistar Roma. Convertida ya en Cartago Nova, nuestra ciudad se convierte en uno de los puertos romanos más importantes en el Mediterráneo. César le otorga estatuto jurídico de colonia; Augusto manda construir el teatro y el foro; la ciudad vive un desarrollo arquitectónico y urbanístico extraordinarios. A finales del siglo IV, Diocleciano crea la provincia Carthaginensis.

Luego, sigue el saqueo de vándalos y visigodos hasta que llegan los bizantinos y el emperador Justiniano hace de Cartagena la capital de la provincia de Spania. En el siglo VII, Suintila la reduce a ruinas. La recuperación llega con los árabes, que la llaman Qartayannat al-Halfa, la convierten en una importante base naval, con medina, muralla, mezquita y alcazaba.

En 1245, el ejército castellano conquista la ciudad, convirtiéndola en concejo castellano. Alfonso X restaura su diócesis y repuebla el término con gentes venidas de Castilla y Aragón. Los Reyes Católicos la hacen ciudad de realengo y puerto de Castilla. En vísperas de la batalla de Lepanto, aquí vivieron durante algún tiempo Juan de Austria y Miguel de Cervantes. Aquí se organizaron y abastecieron los Tercios en su camino a Flandes.

En 1726 es nombrada capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo, comienza la construcción del gran arsenal. Carlos III la convierte en plaza fuerte inexpugnable dotándola de cuarteles, fuertes, baterías, murallas, puertas y castillos. Durante la guerra de la Independencia es la primera población en constituirse como Junta Soberana, proclama a Fernando VII como su rey y se dispone a hacer frente a Napoleón.

Miembro activo de los movimientos liberales republicanos del siglo XIX, en 1872 protagoniza la sublevación cantonal, que acaba tras un asedio que destruye buena parte de la ciudad. El auge minero propicia la reconstrucción de su trazado urbano, se levantan nuevos y hermosos edificios modernistas, estilo que tiene en la ciudad ejemplares de primer nivel.

Tras la primera guerra mundial se cierran las minas, las fábricas se paralizan y la ciudad se sume en una crisis de la que tardará una década en sobreponerse. El actividad del astillero renueva su vida económica y cultural, situándola entre las diez primeras ciudades españolas.

En la guerra civil se convierte en uno de los bastiones principales de la República, razón por la que sufre bombardeos y es casi destruida. De nuevo tardará una década en recuperarse. Las actividades agrícolas, mineras, industriales y navales y, sobre todo, el complejo petroquímico e industrial de Escombreras y, en menor medida, el turismo contribuirán a su reactivación.

Incluida en la Región de Murcia en la delimitación autonómica, a finales de los años 80 confluyen en ella una crisis económica, social y de incardinación autonómica: se cierran las instalaciones militares, se produce la reconversión industrial, Cartagena pierde peso social y cultural sin que se arbitren soluciones a la emergencia, se suceden huelgas y manifestaciones, cunde el desaliento. Hasta que estalla el crac de 1992.

En febrero de ese año los sindicatos convocan una manifestación ante la Asamblea Regional, aprovechando la comparecencia del presidente autonómico. La policía antidisturbios reprime con contundencia a los manifestantes, que reaccionan tratando de asaltar el edificio donde permanecen los parlamentarios. Se produjeron decenas de heridos entre civiles y policías, además de graves daños materiales. Cuando después de varias horas se iniciaba el repliegue, desde un grupo de manifestantes se lanzó un cóctel molotov al interior de la Asamblea, provocando un incendio que se extendió por la primera planta del edificio. Las llamas de la Asamblea Regional eran el reflejo de la situación de la ciudad. Quienes debían hacerlo se dieron por aludidos e inmediatamente se puso es marcha un Plan Especial de Desarrollo de Cartagena.

En la década de los 90 nosotros visitamos con frecuencia la ciudad. Se arrastraban las consecuencias de la crisis y de la explotación minera descontrolada. Se hablaba de las excavaciones romanas, era una ciudad en obras.

El Colega estaba empeñado en volver porque había leído sobre el teatro y anfiteatro romano, que es un tema que le va. Reservamos alojamiento en el hotel Cartagena Puerto, junto al Ayuntamiento. Nos dan una habitación con vista al puerto. Salimos a reconocer la ciudad.

Empezamos por el Teatro Romano 👇, cuyo acceso está al otro lado de la calle. Sorprende la integración que el arquitecto Rafael Moneo ha conseguido entre los restos milenarios, la catedral vieja y el tejido urbano actual.

Se accede al conjunto por el Museo del Teatro, donde se exponen las piezas encontradas en las sucesivas excavaciones.

A partir de ahí los visitantes van contemplando restos de los distintos momentos históricos de la población hasta desembocar en el Teatro Romano, cubierto durante siglos por construcciones sucesivas, descubierto y excavado entre los años 1996 a 2006.

Aunque sepas que te espera un teatro romano, descubrir la inmensidad del auditorio impresiona no poco. A la segunda pisada, tropiezo. El Colega me advierte: Cuidado, estás pisando piedra romana. A esas horas somos apenas una docena de visitantes, españoles, únicamente nosotros.

Descendemos la cavea hasta la scena, a la que subimos con la emoción de pisar el lugar donde, quizá, se representaron las obras de Plauto o Séneca en versión original. Una de las francesas que nos acompañan se ofrece a hacernos una foto.

Permanecemos un rato sobre las tablas casi solos, saboreando el privilegio y contemplando el contraste de la obra romana del teatro y la románica de la Catedral vieja que durante siglos la ocultó.

Recordábamos esta zona de la ciudad como un barrio deprimido y abandonado y lo que hemos encontrado es una zona espectacular con el espléndido Palacio Consistorial 👇y edificios rehabilitados a la sombra del Castillo.

Hemos sacado el combinado de visita al Teatro, Foro y Castillo así que nos dirigimos al cerro del Molinete, donde se encuentra el Foro 👇, que es uno de los mayores parques arqueológicos urbanos de España y cuenta también con su propio Museo 👇. A través de las piezas que en él se muestran se narra la historia de la ciudad, desde la fundación púnica hasta el siglo XX.

Coincidimos con varios grupos escolares que siguen atentamente las explicaciones de sus guías. Nosotros paseamos por el senado local -la Curia- con su pavimento de mármol; el Foro colonial, centro neurálgico de la ciudad; el Santuario de Iris, escenario de los cultos mistéricos a los dioses egipcios; las calzadas con rodadas de los carros; las Termas del Puerto y el Atrio, donde se celebraban los grandes banquetes.

Nos sentamos en una terraza a tomar un refresco. Es media mañana de jueves laborable de enero y los bares y cafés están llenos. Tras un breve descanso nos encaminamos hacia el Castillo de la Concepción 👇, al que se sube en ascensor. El lugar ha sido sucesivamente templo romano dedicado a Esculapio, alcazaba musulmana, castillo medieval, observatorio para advertir de los bombardeos durante la última guerra civil.

La explanada a los pies de la fortaleza es el mirador adecuado para contemplar la ciudad de Cartagena, los montes que la protegen, sus monumentos más destacados y el puerto. Una profesora indica a un grupo de escolares que visita el lugar que la ciudad está rodeada por siete colinas, como Roma.

A la sombra del Castillo una escultura de Alfonso X «que amó a Cartagena dándole sus fueros y término concejil y soñó con ella como capital de Castilla en el Mediterráneo«.

Utilizamos de nuevo el ascensor para descender y llegamos al paseo marítimo. Comemos en la terraza del restaurante Mare Nostrum un arroz buenísimo, junto al mar.

Bordeamos la muralla paseando hasta el hotel, donde descansamos un rato antes de seguir nuestra excursión cartagenera. Hemos echado en falta el submarino de Isaac Peral, que recordábamos en la Plaza de los Héroes de Cavite. Nos indican que ha sido trasladado al Paseo de Alfonso XIII, así que nos dirigimos allí. Subimos por la calle del Aire hasta Puertas de Murcia, atajamos por Santa Florentina, admirando los edificios modernistas👇 que encontramos al paso.

Dejamos atrás el Museo Histórico Militar y por la calle Ángel Bruna llegamos al Paseo de Alfonso XIII. En esa confluencia se encuentra el edificio construido por Tomás Rico entre 1902 y 1904, su oficina y vivienda, para promocionar la ampliación de la ciudad que iba a acometer la Compañía del Ensanche y Saneamiento de Cartagena.

Ya ha oscurecido y en el mismo paseo nos sorprende un edificio profusamente iluminado en color rosa. Parece un club de carretera, le digo al Colega. Luego nos enteramos que se trata de la Asamblea Regional y con ese color se homenajea a las mujeres víctimas de violencia, lo que demuestra que no hay fiarse de las apariencias. Es un edificio de carácter ecléctico con elementos alusivos a la historia de la región.

El submarino ocupa el cruce del paseo con la calle Capitanes Ripoll. Rendimos humilde homenaje a Isaac Peral y Caballero 👇, ilustre cartagenero, marino e inventor, que murió en el olvido, víctima de las intrigas y de la envidia de sus coetáneos.

Volvemos paseando al hotel, atravesamos la calzada romana y bordeamos la romana Casa de la Fortuna. Se diría que el subsuelo de la ciudad está sembrado de restos romanos.

En el puerto aún se mantiene el árbol de navidad. Nos sentamos frente al Mediterráneo. En esos mismos días otros vecinos de este mar están perdiendo la vida en sus aguas huyendo de la miseria o de la muerte, y algunos más estén siendo asesinados sin que seamos capaces de evitar su genocidio. El Mare Nostrum…

Fuente: Turismo de Murcia 👇

Fotos: ©Valvar

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