San Martín de Mondoñedo

San Martín de Mondoñedo (Foz, Lugo) es la catedral más antigua de España. Hoy es una basílica románica de una sorprendente y apabullante belleza, anexa a la cual se encuentra un Centro de Interpretación del Románico.

Esta mole románica que el visitante encuentra al llegar, se levantó en el siglo XI sobre un viejo monasterio prerrománico; los enormes contrafuertes datan del siglo XVIII.

Para entonces arrastraba ya una compleja historia: fue sede del obispado de Dumio (Braga, Portugal) cuando esta fue atacada por los musulmanes y de Bretonia (Lugo), atacado por los vikingos. En 1112 la sede episcopal pasó a Mondoñedo, quedando San Martiño como monasterio agustiniano hasta 1543, cuando el papa lo cede al obispado; desde el siglo XVII es iglesia parroquial, Bien de Interés Cultural desde 1931 y basílica desde 2007. El museo, abierto en 2018, ocupa la antigua casa rectoral.

Aparte de las dimensiones de la iglesia, sorprende de ella la influencia del estilo lombardo, raro por estos lares, donde predomina el románico borgoñón introducido a través del Camino de Santiago. El conjunto conserva elementos de los siglos X, XI y XII. Por extraño que parezca, en un lugar de pocos habitantes, la iglesia puede visitarse durante la mayor parte del año con un horario fijo👇.

La visita comienza por centro de interpretación, dedicado a San Rosendo y a San Gonzalo, de quien se muestra el báculo y anillo -datados en el siglo VIII- y otras reliquias, una reproducción del diploma del rey Silo del año 775, el más antiguo conservado en España, un facsímil del Tumbo de Bernardo, cuyo original se guarda en la catedral de Santiago y un lauda con caracteres visigóticos hallada en las excavaciones de la propia iglesia. En sus salas se informa sobre la historia de la iglesia y de sus pinturas románicas del siglo XII, las más antiguas de Galicia, y se muestra una colección de monedas de los siglos XI al XVII.

San Martín/Martiño de Mondoñedo se encuentra a 90 kilómetros de Lugo y a unos cinco de Foz, municipio al que pertenece. Nosotros llegamos procedentes de Allariz, después de transitar por tramos de carreteras en condiciones de subdesarrollo, a las que durante dos horas largas el Colega ha dedicado una letanía de juramentos en arameo, con recuerdos al ministro y al consejero del ramo.

El enfado desaparece ante la visión de San Martiño y queda totalmente olvidado al acceder a su interior. Impresionan sus hechuras de catedral en un pueblo de pocos habitantes. Hay que serenarse para apreciar los múltiples atractivos de la iglesia: las pinturas de los ábsides, los capiteles, el altar. Nos sentamos un rato para tratar de comprender dónde estamos y qué es lo que estamos viendo. Por un momento ambos hemos tenido la impresión de habernos introducido en un túnel del tiempo.

Llaman la atención los once capiteles del crucero, de los que nueve parecen obra de un mismo escultor, bautizado como Maestro de Mondoñedo, el mismo autor del antipendio, el paramento que adorna la parte delantera del altar. Este maestro está dotado de un estilo propio, cercano a lo naif, en la representación de figuras y escenas propias del románico, de un gran encanto.

En un capitel orientado a la nave central un personaje parece tirar de una fiera acompañado de otro hombre que levanta la mano derecha, escena que se interpreta como de caza o representación alegórica.

En el pilar meridional del crucero vemos una cesta con un cuadrípedo rampante, un águila en posición frontal y alas desplegadas, una sirena y una mujer de cuyos pechos se alimentan dos sapos.

La cesta opuesta representa el banquete del rico Epulón y el pobre Lázaro.

Similar composición ofrece el capitel contiguo, con el banquete de Herodes y el baile de Salomé, en un lado, y la ejecución de San Juan Bautista en el otro.

Frente al capitel de Lázaro, adosado al muro sur de la iglesia, otro capitel muestra a unas bestias que parecen devorar la cabeza de un hombre y una mujer, en lo que algunos expertos interpretan como el pecado de Adán y Eva y otros como una alegoría del pecado de pensamiento.

Finalmente, a cada lado del arco del presbiterio se encuentran dos capiteles representando el de la izquierda un grifo y un ser monstruoso y el de la derecha figuras unicéfalas armadas con espadas.

Los dos capiteles de un autor distinto ofrecen decoración vegetal y dos felinos entre el follaje.

El antipendio de San Martiño es una rara pieza del románico hispano, considerado el precedente medieval de los retablos figurados que gozarán de éxito en los siguientes siglos. Una pieza de 160 por 110 centímetros presidida en el centro por un clípeo sostenido por ángeles con la efigie de un Cristo en majestad. Bajo él dos figuras eclesiásticas con las cabezas inclinadas en señal de reverencia y otros dos ángeles. En el ángulo inferior izquierdo un águila y bajo ella otra figura eclesiástica en actitud reverente. En el ángulo superior izquierdo el Agnus Dei con la cruz de la Resurrección inserto en otro clípeo. Una ordenación sacerdotal o una consagración episcopal son algunas de las múltiples interpretaciones que se da a esta pieza.

En el muro del evangelio aparecen empotrados dos figuras, probablemente procedentes de otro lugar, en el que parece distinguirse un espinario.

En el muro de los pies, tres figuras, igualmente trasladadas de otro emplazamiento. A la derecha, un condenado con la soga al cuello; a la izquierda, un personaje tocando un cuerno.

Las pinturas murales fueron descubiertas en la restauración . en los años 2007-2008, representan escenas del árbol de Jesé, la Asunción de la Virgen y el juicio final. En la bóveda se distinguen algunas filigranas vegetales y grupos de personajes.

Antes de abandonar el interior de esta iglesia singular, de la que en esos momentos somo sus únicos visitantes, rendimos homenaje de gratitud a quienes aquí trabajaron legándonos la expresión de su arte.

San Martiño tiene dos portadas, la más primitiva, del siglo XI, en el muro norte se encuentra cegada. La segunda se abre en el muro de los pies, se cree que es obra del siglo XII. Destaca en esta el tímpano, en el que vemos labrado un crismón trinitario, representación rara en Galicia. Sobre él, un Agnus Dei, probablemente procedente de otro lugar.

No menos interesante es la colección de canecillos bajo las cornisas, entre los que se distinguen varios rostros humanos, animales y una pareja abrazada.

Cuando terminamos la visita llegan dos coches con otras tantas parejas, más o menos de nuestra quinta. Los jubilados somos los sostenedores de la industria turística fuera de temporada (y quizá dentro).

En el jardín de una casa frente a la iglesia se alza un enorme limonero, cuajado de frutos cuyas ramas ocupan parte del camino. Buscamos a alguien a quien pedir permiso para coger algún limón pero no aparece nadie y nos vamos de vacío. Lástima.

Fuente: Arteguías. San Martín de Mondoñedo👇

Fotos: ©Valvar

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