Wamba

Wamba es el único municipio español cuyo topónimo contiene la letra “w”. Situado en la comarca de los Montes Torozos, en la provincia de Valladolid, inicialmente conocido como Gérticos, tomó el nombre en homenaje a su hijo más ilustre, el noble godo obligado a reinar contra su voluntad.

Llegamos a Wamba una apacible y soleada tarde de primavera, deseosos de conocer su iglesia de Santa María. No hay un alma en la plaza donde se alzan, casi colindantes, la Casa Consistorial y la iglesia. Los pájaros, en cambio, parecen despendolados por el estreno primaveral y llenan el espacio de trinos, en una formidable algarabía. Un letrero en la puerta de la iglesia indica el número al que debemos llamar si queremos visitar la parroquial. Mientras esperamos al guía refrescamos nuestros recuerdos sobre Wamba.

En el verano del año 676 estando en Gérticos murió el rey Recesvinto. De acuerdo con la tradición, su sucesor debía ser proclamado en el lugar del óbito del anterior rey. Puestos a buscar apareció Wamba, hombre de edad avanzada, miembro del grupo nobiliario hegemónico, que copaban los principales puestos de la administración territorial y central pero poco dado a realezas. Acabó aceptando y fue proclamado rey el 1 de septiembre de aquel año y confirmado en Toledo, siendo ungido el 20 del mismo mes por el obispo Quirico. De donde se deduce que el metisaca eclesiástico-político nos viene de antiguo y que en materia de nombres los godos son muy suyos.

Sostienen las crónicas que Wamba fue el último rey en dar esplendor a la corona visigoda y que tras él se inicia la decadencia. Se pasó el reinado sofocando luchas: de la nobleza entre sí y contra la monarquía, de los católicos contra los arrianos, de los hispanorromanos contra los visigodos, una rebelión de los vascos y una tentativa de invasión árabe… Un sin vivir.

Por si no tuviera poco con lo de casa, aún tuvo que salir a las Galias a apaciguar otras rebeliones. Asegura la tradición que tras la victoria de Narbona volvió con las reliquias de San Antolín, otro príncipe visigodo que había sido ejecutado en Toulouse un siglo antes, reliquias que se depositaron en lo que luego sería la cripta del santo en la catedral de Palencia.

Ya puesto, convocó el XI Concilio de Toledo para corregir los abusos y vicios eclesiásticos. Con escaso resultado, si hay que atenerse al devenir de la historia. Y con peores consecuencias para el propio rey pues se cree que el obispo de Toledo tomó parte en la conjura para destronarlo. Los conjurados engañaron a Wamba, le narcotizaron y, en ese estado, le tonsuraron, le vistieron de monje y le obligaron a abdicar.

Haciendo buena la hipótesis de que el hábito hace el monje, Wamba se retiró al desaparecido monasterio de San Vicente de Pampliega, en la provincia de Burgos, donde murió y recibió sepultura en el 688. Un monolito recuerda el paso del monarca por el lugar. (Si quieres saber más sobre la vida y hazañas del rey Wamba, clica aquí 👇)

Pampliega recuerda a Wamba

Ni siquiera después de muerto tuvo el pobre rey sosiego pues en el siglo XIII el rey Alfonso X el Sabio mandó trasladar sus restos a una iglesia ya desaparecida junto al Alcázar de Toledo. El sepulcro fue profanado durante la francesada y en 1845, en una suerte de justicia poética, los restos fueron trasladados a la catedral de Toledo y depositados en la sacristía, donde permanecen.

La guía aparece enseguida, dispuesta a relatar la historia de esta iglesia, cuya portada románica se abre a poniente sobre un arimez con tejaroz soportado por canecillos de cabezas de animales y de personas con gestos de burla. Orna la entrada un tímpano –en el que aparece la fecha de edificación en 1195- y tres arquivoltas de medio punto decoradas con motivos geométricos. Las columnas que soportan los arcos muestran capiteles vegetales.

La iglesia tiene dos partes diferenciadas. La cabecera, con tres ábsides rectangulares, el primer tramo de las naves y el muro norte corresponden a lo que fue templo prerrománico, de repoblación o mozárabe, levantado hacia el siglo X. Las bóvedas son de cañón semicircular y los arcos de herradura se apoyan en pilastras. En el muro del testero central quedan restos de pinturas murales, de entre los siglos X al XII, con figuras de leones.

El cuerpo de la iglesia es románico y se levantó a partir del siglo XII, cuando la iglesia pasa a depender de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén. Es de tres naves de tres tramos bien engarzadas con la cabecera mozárabe, con arcos apuntados sobre pilares rectangulares con dos semicolumnas adosadas. Aunque la mayoría de capiteles son vegetales, los hay historiados sumamente interesantes, como el de la psicostasis o peso de las ánimas, y otros que muestran viejos oficios. En esta iglesia fue enterrada la reina Urraca de Portugal, esposa de Fernando II de León y madre de Alfonso IX.

A esta construcción, se añadió por el crucero norte un compartimento cubierto de bóveda de aristas, con una columna central, pinturas y esculturas y un osario, del que se conservan miles de esqueletos de los siglos XIII al XVIII, de hombres, mujeres y niños. Como te ves, yo me vi. Como me ves, te verás, advierte una leyenda en el osario. Por si alguien había pensado otra cosa.

De vuelta a la plaza, los pájaros siguen con su trinar. El sol tiñe de dorado el caserío, tan cuidado que el Wamba originario se sentiría honrado de darle nombre.

Fotos: ©Valvar

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