Los Ausines se encuentran a una veintena de kilómetros de Burgos, un poco más si se toma la carretera N-324 hasta Revillarruz. Nosotros esta vez fuimos por la Bu-800, en la ida por el ramal de Modúbar de la Cuesta, la vuelta por Modúbar de San Cibrián. El otoño de 2024, lluvioso y cálido, está tiñendo el paisaje con una paleta de colores espectacular.

Esta villa toma el nombre del río Ausín, afluente del Arlanzón, en cuya cabecera se sitúa. Aparece documentalmente como Agosin en el siglo XII, aunque probablemente sea muy anterior, pues desde mediados del siglo X existió un alfoz perteneciente a la merindad de Castrojeriz. La tradición quiere que aquí naciera doña Sancha de Ausines, esposa de Fernán González, primer conde independiente de Castilla. Documentos del siglo XIV hablan de la existencia de un monasterio de Santa María o de Los Ausines regido por las abadesas doña Leonor y doña María Rodríguez, del que no se conocen restos.


La villa de Los Ausines se divide en tres barrios: San Juan, Quintanilla y Sopeña. El barrio de San Juan tiene una iglesia dedicada al santo del que toma el nombre (s. XVI), el barrio de Quintanilla otra dedicada a Santa Eulalia, obra de los siglos XV-XVI.

La iglesia del barrio de Sopeña está dedicada a San Miguel. Es un edificio gótico-renacentista de una sola nave, solo la portada es románica, un poco tapada por un pórtico de hechura posterior.

Tiene esta portada doble arquivolta y guardapolvo con cabezas de clavo. La arquivolta interior es de grueso zigzag e historiada la exterior. Veinte figuras en posición radial, la mayoría muy deterioradas, con personajes de pie o sedentes, un personaje a caballo mutilado y un monstruo androcéfalo.

Las arquivoltas apean sobre dos pares de columnas con sus respectivos capiteles con ornamentación vegetal y de animales fantásticos. En el exterior derecho aparecen cuatro personajes de buena talla.




Por la disposición de las figuras, se vincula esta portada al taller de Moradillo de Sedano, incluso a la influencia silense. Esta iglesia y la de Quintanilla guardan sendas pilas bautismales que no pudimos ver en esta oportunidad por hallarse cerradas. En otra ocasión será.
Pertenece también a Los Ausines el núcleo de San Quirce, actualmente de propiedad privada, cuya abadía fue consagrada en 1147, en la que fueron enterrados los alcaides del castillo de Lara. Tiene una notabilísima ornamentación románica y está declarada Bien de Interés Cultural. Andamos queriendo conocerla, a merced de que la suerte siga acompañándonos.
En esta ocasión venimos a Los Ausines a conocer la ermita románica de Nuestra Señora del Castillo.

Siguiendo las indicaciones que parten del barrio de San Juan, después de circular un tramo por un camino de zahorra, llegamos al explanada junto a la pequeña iglesia. La mañana está espléndida y en lo alto del risco de Castillejo donde se asienta la ermita hay una luz que embellece cuanto ilumina. Desde lo alto se divisan los tres barrios y una amplia extensión de la comarca.


El Colega se arrima al risco sobre el barrio de Sopeña, y extiende los brazos, yo me agarro a su cintura, porque tengo vértigo y porque soy un poco miedica. Parecemos los protagonistas de Titanic, viejillos y de secano, le digo, mientras me retiro de las rocas y él va saltando de piedra en piedra, poniéndome de los nervios.

Me dirijo hacia la portada de la ermita, que tiene cierto parecido con la de Monasterio de Rodilla. Al poco, me vuelvo para contárselo al Colega. Ha desaparecido. Le llamo a voces. Nada. Se ha despeñado, pienso.



Estoy a punto de llamar al 112, a los bomberos de la Diputación, incluso de tuitear con Oscar Puente, que tiene fama de rapidez resolviendo, cuando aparece tras el muro norte de la ermita. Aquí hay un canecillo con la cabeza de una vaca, me dice.

La ermita de Nuestra Señora del Castillo toma el nombre de una antigua torre o fortaleza ya desaparecida. Estamos ante una fábrica de nave única, planta rectangular y cabecera recta, algo elevada y más estrecha que la nave, construida en sillarejo la primera y en sillería la nave. Pérez Carmona, sacerdote estudioso del románico, sitúa su construcción entre los siglos XII-XIII. Fue restaurada en 1960. Adosada al hastial de poniente una pequeña construcción sirvió de vivienda al ermitaño hasta hace una treintena de años.

Hacemos fotos a los canecillos, algunos muy deteriorados, de la cornisa del muro sur, recorrida por una hilera de puntas de diamante, cabezas zoomorfas y humanas, un tonel, hojas de acanto, realizados por un cantero o taller con oficio y preocupado por la composición.


El campanario está coronado por una imagen de la Virgen con Niño. Descubrimos que las campanas disponen de un sistema mecánico.


El Colega sigue el camino en dirección contraria al que hemos traído para comprobar si se puede bajar con el coche y al doblar un recodo le pierdo de vista. Al cabo de un rato largo le distingo a lo lejos acompañado de un adulto y un niño.

Resulta que en el camino se ha encontrado con un vecino de Sopeña que se dirigía a enseñar a su hijo una buitrera cercana, con tanta fortuna que resulta ser el hijo de quienes guardan la llave de la ermita. El Colega se ofrece a subir a la madre con el coche a la ermita y volver a bajarla, pero el chico, que es muy joven y se llama Fran, se ofrece a subir él mismo con la llave. Un rato después, efectivamente, sube con la llave y nos abre la ermita. Si eso no es tener suerte, ya me diréis qué es.

El interior de la pequeña iglesia tiene la cabecera de bóveda de cañón ligeramente apuntada, dividida en dos tramos por arco fajón rematado por ménsulas. En el extremo opuesto, un coro cierra la nave.


Separa el presbiterio de la nave un arco triunfal apoyado sobre semicolumnas, cuyas cestas presentan capitel fitomórfico en el lado del evangelio y una curiosa escena de lucha ecuestre en el lado de la epístola, que se interpreta como una dobla tregua o paz de Dios. Dos parejas de jinetes, calzando espuelas y vistiendo cota de malla, alguno con espada y escudo de cometa, el mediador detiene la espada del jinete de la izquierda, el de la derecha sujeta las riendas de los caballos. En el centro del capitel, una pequeña cabeza zoomorfa separa a ambas parejas.





Aunque la escena de la paz o tregua de Dios tuvo éxito en la escultura medieval, existiendo escenas semejantes en Boada de Villadiego, Fuenteúrbel o La Cerca, solo en la provincia de Burgos, esta de la ermita de Nuestra Señora del Castillo es realmente original.



Mientras visitamos el interior de la ermita llega un grupo de tres ciclistas que se unen a la visita. ¡Qué suerte hemos tenido!, dicen también al encontrarla abierta.

Nos despedimos de ellos, de Fran y del niño, que se dirigen a ver a los buitres. Esta mañana he visto un rebaño por aquí y luego, a los buitres volando cerca, seguro que se ha perdido algún animal, nos dice Fran.

En efecto, junto al camino de vuelta han tomado posición tres buitres que nos miran con descaro mientras los fotografiamos. Solo les falta pedirnos el móvil para hacerse un selfie. De pronto, lo tres salen volando, haciendo círculos sobre el terreno, ajenos a nuestra presencia.

Ya solo nos queda poder entrar en San Quirce, para completar la suerte.
Fotos: ©Valvar
Fuente: Románico digital. Los Ausines



Como siempre, magnífica escapada.
Puente ayer tenía carita de no haber roto un plato.
Me gustaMe gusta