Santa María de la Piscina

Que la ermita de Santa María de la Piscina es un lugar especial se intuye solo con oír su nombre, se sospecha al ver su silueta y se constata al pisar el lugar donde se levanta, sobre una colina desde la que se divisa un paisaje paradisíaco, en un entorno habitado desde tiempos prehistóricos.

La ermita se encuentra próxima a San Vicente de la Sonsierra y a un kilómetro de Peciña, topónimo derivado de piscina. Totalmente exenta, puede contemplarse desde cualquier ángulo sin estorbo alguno. Excepto el viento, que por aquí sopla con brío y que el día de nuestra visita parecía decidido a hacer una demostración de poderío.

Llegamos hasta aquí en los primeros días de noviembre, después de mucha insistencia del Colega, empeñado en conocer el lugar. Nos hemos inscrito en una visita guiada organizada por la Oficina de Turismo de San Vicente de la Sonsierra. Salimos de Burgos, madrugando para no llegar tarde. Tanto madrugamos que llegamos con más de una hora de antelación. Desde la puerta de casa nos acompaña una niebla cerrada que dificulta la circulación. En cuanto lleguemos al alto de la Brújula despeja, ya lo verás, asegura el Colega. Pero no solo no despeja sino que se va cerrando más a medida que nos acercamos al curso del río Ebro.

Paseamos por San Vicente de la Sonsierra, casi desierto, envuelto en la bruma matinal, y continuamos ruta hasta nuestro destino. La ermita es un lugar muy visitado, como prueba el aparcamiento dispuesto en sus inmediaciones, pero cuando llegamos no se ve a nadie. A la espera de nuestros hipotéticos compañeros nos encaminamos a la iglesia.

A la niebla le acompaña ahora un aire, que nos azota sin clemencia. Tanto tiempo esperando y hemos ido a escoger buen día, lamentamos, solo un instante, porque la vista de la ermita compensa cualquier inclemencia. Solos como estamos, nos dedicamos a ametrallarla a fotos. No estamos ante la construcción románica más espectacular pero su ubicación, sus dimensiones, su buena conservación y el paisaje que le rodea le aportan un encanto y una fotogenia especial.

Abundan los rosetones de ocho, de seis y de cuatro pétalos y los canecillos con ornamentación vegetal, figuras de animales y humanas. La mayoría de los canecillos bajo el alero de la fachada sur son reconstruidos, un cuadrúpedo que agarra un baquetón y una bailarina sin cabeza son originales.

La portada es sencilla, de tres arquivoltas de medio punto decoradas con semiesferas y capullos florales, que apoyan en jambas sin columnas. Hay un pequeño tímpano liso.

El escudo de la Divisa colocado sobre la portada es una reproducción del blasón original, que se encontraba muy deteriorado.

A la hora convenida vemos llegar un coche. Es la guía – Rocío- y nosotros somos los únicos visitantes. A ella debemos un recuerdo tan placentero como interesante de esta excursión. Nos trató como si fuéramos los sucesores directos de Ramiro, genuinos diviseros.

Porque esta construcción ante la que estamos se la debemos al infante don Ramiro Sánchez, cuya familia es en sí misma un novelón 👇 que daría para una serie turca y varios números del Hola. Él se estableció en Valencia, gobernada entonces por Rodrigo Díaz de Vivar, con cuya hija Cristina se casó en 1098.

Quiere la tradición que Ramiro se uniera a la primera cruzada mandada por Godofredo de Bouillón y que entrara a Jerusalén por la puerta de los Leones -entonces de las Ovejas- cerca de la cual se encuentra la Piscina Probática de Bethesda, famosa por sus aguas curativas y porque en ella se sitúa la curación de Jesús a un paralítico. En Jerusalén el infante encontró además un trozo de la Vera Cruz y una imagen de la Virgen, talla atribuida a San Lucas, amén de otras reliquias que se trajo de vuelta.

En recuerdo de aquella cruzada y para custodiar esas reliquias el infante Ramiro dejó mandado en su testamento que se levantara una fábrica semejante a la Piscina de Bethesda, cuya guarda encomendó a sus descendientes, así reyes como soldados, con tal de que respetasen las leyes de caballería: la Divisa de Nuestra Señora de la Piscina, cuyo primer patrón será su hijo Sancho.

Quiere la tradición que el albacea testamentario fue don Virila, abad del monasterio de San Pedro de Cardeña (Burgos) adonde Ramiro se había retirado, donde fue redactado el testamento y donde quiso que reposaran sus restos. “Cuando mi espíritu abandonare esta vida, dispongo que mi cuerpo reciba sepultura en este monasterio, con Mío Cid, con mi amadísima doña Elvira, mi castísima cónyuge, con mi suegra y demás cristianos piadosos que en él están sepultados”, dejó dicho.
Investigaciones recientes 👇 descartan por incompatibilidad de fechas la posibilidad de que Ramiro interviniera en la primera Cruzada. Niegan, incluso, la veracidad del testamento en que mandaba levantar la iglesia. Mas, como resulta incuestionable la existencia de la ermita y de la Divisa convendremos en que Ramiro, estuviera o no en Jerusalén, dispuso que se erigiera una iglesia y esta se hizo.

En la Capilla Real y de los Caballeros del monasterio de Cardeña luce una lápida con su nombre y el de su esposa, bien que haciendo a ambos reyes de Navarra y atribuyendo a ella un nombre que corresponde a la leyenda recogida en el Cantar de Mío Cid. Como es sabido, en el poema épico las hijas del héroe se llaman Elvira y Sol, cuando las hijas del personaje histórico y de doña Jimena se llamaban Cristina y María

El relato oficial sostiene que el testamento se leyó en 1110 y en 1137 el obispo de Calahorra consagraba la iglesia cuando se había construido la cabecera. Las obras se prolongaron durante los siglos XII y XIII. Es una de las iglesias románicas más antiguas de La Rioja, que no ha sido modificada desde su construcción, salvo el escudo de la Divisa adosado sobre su portada en 1537. Cuenta cuatro accesos, tres que abren a la nave septentrional adosada y uno que abre a la nave de la iglesia.

La Divisa estuvo en funcionamiento hasta el siglo XVIII. Hasta entonces, cada año, coincidiendo con la festividad de la Virgen del 15 de agosto, los diviseros se reunían en la ermita. El culto cesó en 1752. La imagen de la Virgen se traslado a San Vicente de la Sonsierra, en cuya ermita de Nuestra Señora de los Remedios permanece.

La edificación fundada por don Ramiro fue arruinándose lentamente, atacada además durante la guerra de la Independencia, hasta que en 1975 se restauró. Se intervinieron las bóvedas, se reprodujeron algunos capiteles y se rehizo el escudo de la Divisa, casi desaparecido. Al año siguiente la Divisa, Solar y Casa Real se constituyeron como Cofradía Divisa.

Rocío abre la puerta con una llave enorme y abre también la puerta de la cámara aneja a fin de que entre algo de luz pero la niebla se obstina en tapar el mínimo rayo de sol así que nos apañamos como podemos a la hora de fotografiar el interior. Es emocionante pisar este suelo, testigo de una historia común, a veces olvidada.

Construida en piedra de sillería, la ermita consta de una nave de cuatro tramos cubierta con bóveda de cañón con tres arcos fajones de de medio punto, presbiterio rectangular algo más estrecho y de menor altura y ábside semicircular con bóveda de horno.

La cámara rectangular adosada en el muro norte se cubre con bóveda de cuarto de cañón, sigue siendo utilizada como sala de reunión de los diviseros. La torre campanario que se levanta en el hastial de poniente es una construcción de planta cuadrada con una ventana con arcos de medio punto en cada uno de los cuatro costados. Curiosamente, el campanario no tiene acceso ni al exterior ni en el interior y el toque de la campana está reservada a las familias vinculadas a la Divisa. Rocío, que tiene derecho a toque, me cede generosamente el turno. Fue un momento emocionante, con permiso del infante Ramiro.

Los capiteles de la nave muestran labor de cestería, figuras atadas con una cuerda y otras con torso humano y cuartos traseros de animal. Algunos son copias de los originales. El ábside y el presbiterio conservan algunos restos de pinturas románicas, probablemente del siglo XIII. Se cree que narraban la conquista de Jerusalén en la que quizá había participado el infante Ramiro Sánchez.

Al este de la ermita hay una necrópolis de repoblación, los restos de un poblado medieval de los siglos X al XIV, un poblado de viviendas rupestres y restos de fortificaciones o atalayas.

La necrópolis desciende sobre una suave ladera formando escalones tallados en la roca caliza del suelo. En la excavación se descubrieron 53 tumbas, 49 labradas en la roca y cuatro junto al muro de la iglesia, cerca del ábside. Las más antiguas son antropomorfas, las de la última época son de lajas, de este tiempo hay también algún sarcófago exento.

Una piscina o pila circular excavada en la roca permite suponer que se trate de una piscina bautismal, anterior a la iglesia actual. La excavación descubrió asimismo una pileta ovalada sobre una roca con forma de trapecio y un banco tallado del tamaño de una tumba, que pudieron servir para lavar a los muertos. Otras formas descubiertos inducen a creer que aquí existió también un lagar pétreo.

La existencia de tumbas del siglo X apuntan la existencia de una población anterior a la fundación del infante Ramiro. El asentamiento medieval se despobló como consecuencia de la guerra civil castellana y sus habitantes crearon uno nuevo, la actual Peciña, topónimo derivado de Piscina. A medio kilómetro de la ermita se encuentra el dolmen de la Cascaja, prueba de que la zona estuvo poblada desde tiempos prehistóricos.

Como se nos ha hecho la hora de comer buscamos un restaurante, relamiéndonos de antemano con la buena gastronomía riojana. No fue fácil encontrarlo porque noviembre es un mes de descanso para buen número de restauradores.

Pasamos por Cihuri, atravesando su puente medieval sobre el río Tirón.

Paramos en Tirgo para ver su iglesia del Salvador -románico tardío- que encontramos cerrada. Los capiteles de su ábside y de la nave y sus dos portadas son interesantes.

Como siempre que encontramos rostros así de bien definidos me pregunto quién sería la dama retratada y cuáles sus méritos para traerla a un lugar tan destacado.

Seguimos hasta Cuzcurrita de Río Tirón, donde tomamos un camino de zahorra que conduce a la ermita de Santa María de Sorejana, en otro tiempo parroquia de un poblado desaparecido, con elementos románicos y góticos.

Entre los canecillos nos llama la atención por infrecuente este de la cerda amamantando a dos lechones.

Como no podemos comer en Cuzcurrita volvemos a Tirgo, acogiéndonos a la hospitalidad del Mesón Lupe, de cocina sencilla y rotunda. Frente al mesón hay una tienda de productos riojanos ecológicos donde hacemos acopio de cosas ricas.

Desandando lo andado volvemos a la carretera LR-201 que nos lleva a Ochánduri. Su iglesia de Santa María de la Concepción se da un aire a la del Salvador de Tirgo. Tiene un ábside semicircular con una ventana y una portada muy interesante también.

Llegamos hasta Treviana, donde hay un Centro del Románico, que encontramos cerrado. Entre una parada y otra se va yendo la tarde quedándonos sin luz, así que emprendemos camino de vuelta a casa envueltos en la niebla que nos ha acompañado todo el día. Ni el frío ni la niebla nos han impedido disfrutar de una jornada estupenda. Cuando llegamos a Burgos luce un sol casi veraniego.

Fuentes: Santa María de la Piscina 👇

El infante don Ramiro y la Divisa 👇

Rioja románica 👇

Fotos: ©Valvar

Una respuesta a «»

Deja un comentario