Paseo por la Bretaña francesa
¿Por qué viajar a Bretaña, el Finisterre francés? La región donde todo es prodigioso, legendario y superlativo: aquí está la mayor concentración de monumentos históricos por kilómetro cuadrado, la mayor cantidad de conserveras de pescado del mundo, el mayor número de especies marinas, la mayor variedad de trajes regionales, con 1.266 modelos, incluso 7.770 santos propios, uno para cada necesidad.
Ofrece tantas razones como visitantes. Al Colega le gusta porque es la tierra de Astérix, Obélix y sus irreductibles galos, por sus recintos parroquiales y por los alineamientos de Carnac.

Yo quiero ir para ver la casa encastrada entre piedras en la costa de granito rosa, para volver a Quimper, ciudad de la que guardo un recuerdo romántico de pueblo bonito, comer ostras en Cancale y, sobre todo, para celebrar mi cumpleaños en el Mont Saint Michel.

Elegido el destino -este año le toca elegir al Colega-, preparamos el viaje concienzudamente, como solemos. Establecemos los puntos imprescindibles del recorrido, los aconsejables y los sisepuede, a sabiendas de que los imponderables que siempre surgen condicionarán nuestra ruta definitiva. Partiendo de Burgos, nos proponemos pasar por Nantes, Rennes, Mont Saint Michel, Saint Malo, Dinan, la Costa Rosa, los faros del Finesterre, Quimper, Concarneau, Carnac, Vannes y Angulema.

En realidad, este es nuestro segunda visita a la Bretaña. Estuvimos ya en 1995, de vuelta de una estancia en París, un viaje rápido. En estos años hemos descubierto al escritor Jean Luc Bannalec 👇, seudónimo tras el que se esconde el traductor y editor alemán Jörg Bong, de origen bretón, buen conocedor de la región, sus gentes, sus tradiciones, sus costumbres, sus leyendas y sus manías. Bannalec es el autor de la serie de novelas protagonizadas por un policía de la prefectura de Concarneau -el comisario Dupin-, cuyas aventuras suceden en distintos puntos de la Bretaña.

Da un poco de rubor confesar que nuestros guías principales en este recorrido por Bretaña sean personajes de ficción, pero después de haber leído todos las historietas de Asterix y de seguir las peripecias de Georges Dupin a lo largo de catorce novelas, tenemos al comisario como uno de los mejores guías de la región. Él, su novia -ya esposa- Claire, su secretaria Nolwenn y los policías de la comisaría son para nosotros como de la cuadrilla.
A Bretaña hay que llegar advertido de que es la menos francesa de las regiones de Francia. Los bretones se consideran celtas. En la Edad Media gozó de independencia bajo el dominio del ducado de Bretaña, hasta que en 1532 fue incorporada como una provincia gala, perdiendo definitivamente cualquier atisbo de autonomía con la Revolución francesa. El nacionalismo bretón sigue reivindicándose como territorio histórico y defendiendo su idioma como parte de su identidad. El País Bretón se siente próximo al País Vasco, ambos se consideran singulares y vecinos de Francia.

Para ellos, Finisterre no es el fin del mundo sino, el principio, Bretaña es la cabeza del mundo “Penn ar bed”, en lengua bretona. Lo dejó escrito María de Francia en el siglo XII: Bretaña es poesía.
Incluso cuando los bretones hablan francés hay que prestar mucha atención para comprender sus palabras, algo parecido a lo que les sucederá a quien ha aprendido un castellano académico y quiera practicarlo en Galicia. Prácticamente todos los lugares de ámbito municipal y regional hace tiempo que están rotulados en la doble versión franco-bretona. Los bretones consideran un triunfo que el gobierno francés accediera a hacer lo propio en las carreteras de su competencia. De ahí que los indicadores se llenen de “ke” y ch”, en topónimos con frecuencia precedidos de “plou”, que significa pueblo.
En ocasiones, los periódicos de la región ironizan sobre el carácter bretón, incluyendo en sus páginas encuestas del tipo: Sabes que eres bretón cuando… entras en un bar muy concurrido de un rincón del Finisterre y proclamas a gritos que eres de París / te cuesta un poco relacionarte con los ingleses / no te parece que la andouille (embutido elaborado con las entrañas y grasa de cerdo, especiado y ahumado) huela a rayos / solo bebes sidra seca y dejas para los normandos la más suave. Los normandos son los de Lepe para los bretones; cualquiera que no descienda de varias generaciones de bretones es considerado forastero, los parisinos son los más extranjeros entre los forasteros.

No siempre es fácil entender la ironía bretona, cuando te explican que en Bretaña hace buen tiempo pero solo cinco veces al día. En todo caso, mejor no intentar el compadreo: si eres forastero hacer bromas sobre Bretaña se considera de mala educación.
Lo legendario es inherente al alma celta de Bretaña. No hay lugar que no tenga su propia leyenda, trágica las más de las veces. Concarneau tiene varias, una de ellas habla de los amores de Pierre y una bellísima selkie (especie de sirena que puede convertirse en mujer) llamada Mauve, que vivían felices en la Ville Close. La dicha de la pareja suscitó la envidia de algunos vecinos, que se dedicaron a hostigar a arponazos a la pobre selkie hasta acabar con su vida. Afirma la leyenda que los selkies del mar se vengaron de manera lenta y paciente de los agresores hasta acabar con todos ellos.

Del faro de Tévennec, situado en el paso entre Raz y la isla de Sein, se dice que está habitado por un espíritu que devora el alma y enloquece a sus guardianes, ninguno de los cuales ha salido indemne. Sea por eso, o por la modernización del servicio, actualmente está automatizado.
En los campos de Morbihan, cerca de Vannes, se oculta el Bugul-noz o pastor de la noche, personaje parecido al hombre lobo, que viste abrigo oscuro y cubre su cabeza con sombrero de ala ancha. Se come a los niños que al anochecer corretean fuera de casa y a los pescadores rezagados.

En Locronan el 1 de noviembre se celebra el Samain o Año Nuevo celta, momento en que se difumina la línea entre el mundo de los vivos y los difuntos. El domingo siguiente se reparte de casa en casa el pan de los muertos con una lágrima de azúcar para endulzar las penas. El día de Todos los Santos se preparan crepes para las almas perdidas.
Otra de las leyendas bretonas cuenta que en el lago de Loc’h, una de las islas Glenan, se encuentra el escondite de Groac’h, la bruja de los naufragios, inmensamente rica, pues una corriente marina mágica le trae las riquezas de los barcos que naufragan. Su palacio está en el fondo del mar; el lago es el joyero donde guarda su tesoro. Muchos son los que se han lanzado a la búsqueda de esas riquezas. Ninguno ha vuelto. Groac’h los seduce, los fríe y se los come.

No siempre es posible cumplir los planes. Habíamos reservado una etapa para conocer la costa oeste y sus famosos faros bretones, pero justo ese día amaneció con una niebla cerrada. Era inútil intentar recorrer la costa cuando ya resultaba difícil identificar las señales de la carretera en el interior.
Entre los sisepuede el Colega había incluido una visita al bosque de Paimpont o de Brocéliande, un lugar druídico, cuajado de leyendas en torno a Merlín, el rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda. Finalmente, saludamos cortésmente a Chétien de Troyes, escritor medieval, autor de la novela El Caballero del León, donde da vida a todos esos personajes, y pasamos de largo, sin visitar la tumba de Merlín.

En fin, durante diez días hemos recorrido unos 2.200 kilómetros en etapas sosegadas y hemos vuelto con las alforjas llenas de recuerdos y experiencias espléndidas. Somos conscientes de nuestra edad, frisando ya los ochenta, pero el Colega acaba de renovar el carnet de conducir sin problema y, en la medida de lo posible, queremos mantener nuestra autonomía, como los bretones, también a la hora de viajar, al menos mientras podamos valernos por nosotros mismos. Nuestras etapas son más cortas de lo que eran en 1995, pero nuestro disfrute viajero es el mismo o más intenso, sabemos que ya no tendremos oportunidad de volver a muchos de esos lugares. Por eso tenemos tanto interés en guardarlos en la retina, en nuestras fotos y en nuestra memoria. Y poder compartirlos con quienes nos leen.
Fotos: ©Valvar


