Escalada en Orejana

Tenéis que ver la iglesia de San Juan Bautista de Orejana, nos aconsejaron unos amigos al saber que estábamos por la zona. Siguiendo su consejo, un sábado de noviembre de 2022 nos encaminamos a descubrir la iglesia románica. En realidad, Orejana no es pueblo sino un concejo de la vieja Comunidad de Villa y Tierra de Pedraza (Segovia) que engloba a cinco barrios: El Arenal, La Alameda, Orejanilla, Revilla y Sanchopedro. La iglesia se encuentra entre Revilla y El Arenal, a medio kilómetro de la primera y a un kilómetro del segundo.

La suave y soleada mañana invita al paseo y la excursión, las tierras calizas y áridas de algunos tramos se turnan con los labrantíos, montes de encina y roble, hoces, cárcavas y algunos huertos. En los pueblecitos por los que transita la carretera, que a estas alturas del año suelen estar semivacíos, abundan coches y personas, aparentemente visitantes de fin de semana.

La iglesia de San Juan Bautista se encuentra a la vera de la carretera SG-V-2513, al otro lado de una vieja cantera, al lado del cementerio. Aparcamos en la pequeña explanada entre este y la iglesia y nos armamos con las cámaras, dispuestos al descubrimiento con el mismo fervor que si estuviéramos en las Indias Occidentales a finales del siglo XV.

Damos por sentado que vamos a encontrar la iglesia cerrada y, en efecto, lo está. Lo que no sabíamos es que está protegida por un cercado de piedra y una puerta metálica candada de altura infranqueable para dos jubilados con siglo y medio a la espalda. Rodeamos la cerca y comprobamos que la vertiente sur es aún más inaccesible, el desnivel con el terreno adyacente es enorme. Sin embargo, hacia el este el muro pierde altura. La puerta de ese lado del murete al Colega le parece pan comido. Yo salto, hago las fotos y salgo, propone.

Yo también quiero pasar, sugiero. El Colega, que conoce mis limitaciones -soy patosa por naturaleza y además tengo vértigo, me mira con cierta conmiseración. A ver si te caes y tenemos un disgusto a lo tonto, dice con cariño. Es evidente que no me cree capaz. Si puedes pasar tú, igual puedo pasar yo, respondo. Sobre la frente se le enciende un luminoso en el que puede leerse: Igual, igual, no, que yo estoy más ágil, mientras me dice venga, yo te ayudo a subir de este lado, salto y te ayudo del otro.

Pero yo me vengo arriba, dejo la cámara sobre el muro, trepo a la verja, paso lo pierna por encima -procurando soslayar los remates de la reja, diseñados como para empalar a los intrusos- y salto al otro lado. Habré saltado poco más de un metro de altura pero me siento al nivel de Ana Peleteiro, por lo menos. La “hazaña” vale la pena porque, aunque aún no lo sabíamos, estábamos ante uno de los conjuntos más rico y curioso del románico segoviano.

Una vez dentro ambos, podemos admirar la belleza de esta pequeña iglesia casi perdida en medio de la nada, que un día atrajo a escultores y maestros capaces de dejar a la posteridad semejante tesoro.

La iglesia está construida en varias fases. La primera data de finales del siglo XII o principios del XIII, de esta época es la cabecera; a la remodelación realizada en los siglos XVI y XVII corresponden los arcos formeros que separan las dos naves de la iglesia. La torre y el pórtico corresponden a la transformación del siglo XVIII, cuando se habilitó una tercera nave cerrando el pórtico, la cabecera se habilita como sacristía. El cuerpo de la iglesia está construido en calicanto enfoscado. Como el templo está cerrado nos quedamos sin ver el interior, que guarda una pila bautismal románica.

Entre los años 1981 y 1983 se eliminó la tercera nave recuperándose la galería porticada, que es lo más relevante de la iglesia, liberando los capiteles que habían quedado cubiertos. En la fachada meridional el pórtico presenta ocho arcos de medio punto, apuntado el de acceso al atrio, cinco arcos a su izquierda, dos a la derecha. Como en otros pórticos segovianos, originalmente los arcos apoyaban en columnas geminadas de un solo capitel, las del tramo oeste han sido sustituidas por pilares.

Los capiteles ofrecen temas variados, vemos guerreros a caballo con cascos, escudos y cotas de malla, aves, un Descendimiento y un Tetramorfos, en el que ha desaparecido el Cristo en Majestad, dos mujeres (teniendo en cuenta que la iglesia está dedicada a San Juan Bautista pudiera representar la Visitación de la Virgen a Santa Isabel), animales, arpías… todo ello entrelazado por una sobreabundancia vegetal.

De la iconografía de los capiteles parece deducirse que en San Juan Bautista trabajó más de un cantero, uno se aplicaría a la talla de temas comunes en el románico, leones, arpías, cestas vegetales, otro que sería el autor de las escenas bíblicas, del que destacan el dominio de los pliegues de las mangas y un tercero, el autor de los dragones y las dos mujeres, con alguna influencia silense, el verdadero maestro.

La fachada oeste presenta cuatro arcos de medio punto, dos a la izquierda y uno a la derecha del arco de acceso al atrio. Estos presentan dos arquivoltas que se prolongan hasta el podium, la superior formando zigzag y la inferior con baquetones longitudinales.

La puerta de acceso está ricamente decorada. De sus tres arquivoltas, la superior presenta tripe bocel en zigzag y la inferior ornamentación vegetal; la central es de forma polilobulada con once arquillos cada uno de los cuales acoge un busto humano, cuatro de ellos dentados.

Aunque en regular estado de conservación, parece que los bustos de estos cuatro lóbulos corresponden a otras tantas mujeres que pueden representar a personas principales relacionadas con el lugar o con la propia iglesia, donantes o protectores. Esta arquivolta se apoya en columnas con capitales en los que se tallaron leones y una pareja de arpías. Sus ábacos ofrecen una primorosa decoración vegetal.

Lástima no poder visitar el interior de la iglesia pero el pórtico por sí mismo merece una visita, incluso si hay que saltar el muro. La bondad del día, en un otoño inusualmente benigno, invita a repasar una y otra vez la obra de los maestros canteros. ¿De dónde vendrían? ¿Estarían relacionados con los que trabajaron en Sotosalbos, cuyos arcos guardan cierta semejanza? Finalmente, ¿quiénes serán esos personajes que nos miran desde la puerta oeste?

Volvemos a trepar por la puerta, ahora ya pan comido también para mí. Lo cuento con tanto entusiasmo que la Heredera pequeña nos hará una caricatura, en la que me veo francamente favorecida (El Colega, en cambio, aunque le clarea la melena, no tiene tonsura). Una última pregunta, ¿qué razón tiene cerrar a cal y canto un lugar si, según se colige, todo el mundo acaba saltando el muro?

Fotos: ©Valvar

4 respuestas a «Escalada en Orejana»

  1. A nosotros nos fascinó, un lugar solitario , tranquilo, muy cerquita del pueblo que se siente como si el tiempo se hubiera parado y puedes gozar de esa maravilla de una paz inmensa.
    yo tampoco comprendo porqué no ponen un día determinado de la semana para poderlo visitar interiormente.

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