Rennes

Rennes es la capital administrativa de la Bretaña francesa, una ciudad típicamente bretona, con un casco antiguo medieval poblado de casas coloristas con entramado de madera, una catedral y los restos de una muralla medieval.

Salimos de Nantes a primera hora de la mañana para recorrer los 112 kilómetros que nos separan de Rennes, a medio camino del Mont Saint Michel, donde vamos a pasar la noche. En una web hemos visto que la catedral cierra los martes. Ya es mala suerte, la única iglesia de Francia que cierra y lo hace cuando llegamos nosotros, comento con el Colega.

La información que hemos recabado asegura que estamos en una capital regional a escala humana y una de las ciudades más agradables de Francia para vivir y para hacer una escala en el viaje a Bretaña. De momento, encontramos aparcamiento a la primera, junto al mercado, al ladito mismo de la catedral y las murallas, cosa que no siempre es fácil ni en Francia ni en ninguna parte.

La catedral de San Pedro👇 es un edificio clásico, estamos a punto de pasar de largo cuando vemos entrar a una pareja. ¿Quién dijo que en Francia hay una iglesia cerrada? Abierta de par en par.

El interior es suntuoso, con bonitas bóvedas y pinturas, como procede en un lugar donde durante siglos fueron coronados los duques de Bretaña. Aquí, como en tantas iglesias francesas, admira la belleza y grandiosidad de sus órganos.

Mientras hago fotos a las vidrieras -los templos franceses guardan verdaderos tesoros en este apartado- me percato que el Colega ha desaparecido. Como pasa el tiempo y no aparece, me pongo a buscarlo. Lo encuentro en una pequeña capilla que guarda lo que, a nuestro juicio, es el verdadero tesoro de la catedral: un retablo flamenco de madera de roble policromada y dorada, datado en Amberes en 1520.

Sus 80 personajes tallados representan la vida de la Virgen María y el Árbol de Jesé, con un dominio deslumbrante de la talla y del espacio. Dañado por filtraciones de agua y víctima de robos, ha sido recientemente restaurada y protegida por una reja de hierro.

Las imágenes, sobre todo las femeninas, nos recuerdan las que Gil de Siloé realizó en el retablo y en el sepulcro de los padres de Isabel la Católica –Juan II e Isabel de Portugal- en la Cartuja de Miraflores de Burgos. No sería extraña la influencia, pues Siloé se cree que nació en Amberes, aunque un siglo antes.

Contentos con nuestro descubrimiento salimos a recorrer el casco antiguo de Rennes. A un lado de la portada catedralicia nos topamos con una furgoneta de una empresa de chimeneas con un llamativo reclamo publicitario. Mira por dónde los jubilados somos un nicho de negocio, comento al Colega, que no se había percatado.

Lindando con la catedral se encuentran las calles de Chapitre, Palette, Saint-Sauveur, el cogollo de las casas de entramado de madera, de las que la ciudad cuenta con 286, solo superada por Estrasburgo, en la Alsacia. Hemos llegado tan pronto que ni siquiera han abierto las tiendas que se abren a estas calles y plaza. Solo nos cruzamos con un grupo de escolares.

Cerca de la catedral descubrimos las Puertas Mordelaises, antigua entrada principal a la ciudad, bajo la que los duques de Bretaña prestaban juramento. Sus torres simétricas protegían a la ciudad mediante un doble puente elevado. Son el resto de lo que fueron sus murallas.

De nuevo nos encontramos con un numeroso grupo de escolares de poca edad cuyos profesores a duras penas consiguen mantener atentos a sus explicaciones.

Una pareja joven se deleita fotografiándose mutuamente ante la puerta. En una de sus idas y venidas la joven no se percata del bolardo que hay a su espalda y se cae, literalmente, patas arribas, con gran regocijo de los pequeños escolares. La chica se levanta, se sienta en el bolardo y sigue haciendo fotos.

En Rennes estuvo el Parlamento de Bretaña donde se celebraban las reuniones hasta la Revolución Francesa, edificio que quedó destruido por un incendio en 1994. Una vez restaurado es la sede del Tribunal de Apelación de Bretaña y de Primera Instancia de Ille-et-Vilaine, comarca a la que pertenece la capital.

El mercado de la Place des Lices data de 1622 y es el segundo más grande de Francia. Los sábados por la mañana atrae a los productores locales de frutas y verduras, carne, queso, pescado fresco, así como flores y arreglos de jardín. En verano ofrece actuaciones musicales.

En verano ofrece además actuaciones musicales. Como no es sábado, nos despedimos de Rennes y tomamos el camino de Cancale que es, con Port de Bélon, la meca de las ostras, de su cría y reproducción.

Cancale se encuentra en una bahía en forma de concha marina, numerosos restaurantes se asientan a la orilla de un mar que aquí y hasta el cabo Frehel toma el nombre de Costa Esmeralda por el color de sus aguas.

Mi afición ostrera se despertó precisamente en este lugar en nuestra primera visita de 1995, hasta el que incluso los romanos llegaron en busca del apreciado molusco. Desde entonces he comido ostras de muy distintas procedencias, pero ninguna tan exquisita, suave y carnosa como la de Cancale. Dicen que los lugareños tiran las conchas vacías a la playa, pero ni entonces ni ahora vimos a nadie que lo hiciera así que las depositamos en las bandejas de la mesa.

En aquel primer viaje nos llamó la atención un vehículo que, según nos explicaron, transitaba por la bahía cuando bajaba la marea y navegaba como un barco con la marea alta. La joven que fui se fotografió ante aquel aparato. En esta ocasión no vimos ninguno, así que la anciana que soy se fotografía ante un plato de mejillones, unos moules frites, preludio de la degustación de las ostras.

Advierten los bretones que aquí el tiempo puede pasar de un extremo a otro en unos minutos, atravesar cuatro estaciones en un día. Va a ser verdad. Cuando a primera hora de la mañana hemos salido de Nantes el sol lucía esplendoroso, en Rennes el cielo estaba gris, cuando después de comer abandonamos el restaurante de Cancale empieza a llover. Al llegar al Mont Saint Michel vuelve a lucir el sol.

Fotos: ©Valvar

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