Inicio

  • Beaulieu-sur-Dordogne

    Beaulieu-sur-Dordogne

    Cuenta la leyenda que Beaulieu-sur-Dordogne 👇 (en lengua antigua Belloc, Bellolugar) fue fundado por Rodolphe de Turennes, quien, asombrado de la belleza del espacio abrazado por un meandro del río Dordoña, lo bautizó con tal nombre y mediado el siglo IX decidió crear una abadía benedictina para atraer a los peregrinos. Lugar fotogénico donde los haya, es la imagen viva del encanto del Valle de la Dordoña.

    A nosotros nos trae la iglesia de Saint Pierre con su tímpano del siglo XII, su tesoro y sus innumerables canecillos que parecen burlarse de los ajetreados visitantes del siglo XXI.

    En el siglo XI había entrado en decadencia, en manos de la familia Castelnou, pasando a la tutela de Cluny, en la que permaneció hasta 1213, mientras alrededor suyo crecía la población. También aquí las guerras de los Cien Años y de religión afectaron gravemente a la abadía y al pueblo. El monasterio fue saqueado y la iglesia pasó a ser templo protestante. En 1661 la abadía pasó a la congregación de Saint Maur, hasta que en 1789 la Revolución acabó definitivamente con la comunidad. De todo aquello se conserva la iglesia y la sala capitular.

    Lo más notable es el tímpano, protegido por el portal, datado en 1130, donde se representa el Triunfo de Cristo, rodeado de los elegidos; en la parte inferior, las bestias infernales.

    Aunque se aprecian los daños de tantas guerras, la portada sigue siendo extraordinaria.

    Dentro de la iglesia se conserva una imagen románica de la Virgen y una arqueta, ambas de un delicado trabajo.

    Beaulieu sur Dordogne (hay otro Beaulie, este sur Mer, en el Mediterráneo) es un pueblo turístico, de un turismo tranquilo, que se mueve sin prisas, recorre sus calles, se para en los monumentos, en los comercios, ocupa sus terrazas. Parece un pueblo vivo.

    Tomamos un café frente a la portada, deleitándonos en la vista tan próxima, y, mientras el Colega paga, entro en una tienda de regalos. Al salir no hay rastro suyo. Espero un rato, dos ratos, y sigue sin aparecer. Lo llamo por teléfono y no lo coge. Rodeo la iglesia y no le veo.

    Me paro un rato en la Place de la Bridolle, frente a la puerta oeste de la iglesia, fotografiando la llamada Maison Renaissance, que es monumento histórico desde 1928, con sus retratos de la antigua nobleza de Belloc: Gilbert de Hautefort y su segunda esposa Brunette de Cornil. La fachada está decorada con esculturas: un angelote, sirenas, un hombre salvaje, un alarbadero, un arquebucero, que recuerdan las fiestas organizadas durante el viaje de Catalina de Médicis para presentar al reino a su hijo Carlos IX entre 1564 y 1566.

    En el centro de la fachada, un escultor de época posterior añadió la figura de una mujer en el baño, popularmente conocida como la ninphe bellocoise -gentilicio de Beaulieu-.

    De paso, me entero que la fresa es la fruta típica del lugar hasta el punto de organizar un festival dedicado a ella durante dos fines de semana de mayo y que de mayo a octubre se organizan paseos en gabarra por el río, así como que la última gabarra turística que circula por aquí lleva el nombre de “Adále y Clarisse” en recuerdo de los últimos barqueros que hasta 1970 llevaban a vecinos y visitantes de uno a otro lado del río.

    Al fin aparece el Colega, feliz de la vida porque ha fotografiado los innumerables canecillos que orlan el alero de la iglesia. Pues a mí me ha dado tiempo a enterarme de la vida y milagros de la mitad del censo bellocoise, le digo.

    Fotos: ©Valvar

  • El románico de la Auvernia

    El románico de la Auvernia

    La Auvernia francesa es una región de grandes espacios, con volcanes, lagos, bosques y una enorme biodiversidad, sin contar su variedad de quesos. En ella se asientan castillos, fortalezas y algunas de las abadías más destacadas en el Camino de Santiago francés.

    Nuestro objetivo en esta etapa del viaje es visitar tres de esas abadías: Orcival, Saint Nectaire y Saint Austremoine👇.

    Orcival 👇es un centro turístico y deportivo frecuentado por los amantes del senderismo, el ciclismo, la pesca, la escalada o el esquí nórdico. Su nombre parece estar relacionado con el culto pagano a las fuentes.

    Se afirma que en el siglo XI existía un priorato donde se veneraba una imagen de la Virgen tallada por San Lucas, que ahora recibe culta en la basílica que se levanta en el centro del pueblo, obra del siglo XII, construida en piedra de lava, impulsada por la peregrinación jacobea y la posesión de reliquias.

    Se trata de una imponente iglesia tanto en su exterior, de cabecera con ábsides superpuestos como su interior, con un magnífico conjunto de capiteles y la Virgen en majestad atribuida a San Lucas. Quienquiera que fuera su autor nos legó una preciosa talla en majestad.

    La torre que corona la fábrica resultó dañada por un terremoto ocurrido en el siglo XV.

    El pueblo tiene una abundante oferta de restaurantes, nosotros escogemos uno frente a la portada de la abadía, lo que nos permite deleitarnos simultáneamente con la vista y el gusto.

    No lejos de Orcival se encuentra el lago Guery, de origen volcánico y glacial, que suele cubrirse de hielo en invierno, donde acuden los aficionados a la pesca practican este deporte.

    De Orcival a Saint Nectaire hay 26 kilómetros por una carretera tortuosa de montaña que parece no acabar nunca. Cuando llevábamos casi tres cuartos de hora de coche, en uno de los pocos tramos rectos del camino descubrimos un valle hermosísimo al fondo del que se levanta nuestro pueblo que, entre otros muchos encantos, tiene un queso autóctono, cremoso y con sabor a avellana.

    Se cuenta que la población, ocupada ya en el Neolítico, fue evangelizada en el siglo III por Saint Nectaire, que acabaría dando nombre al pueblo. Siguiendo el ejemplo de los romanos, sus abundantes fuentes fueron utilizadas en el siglo XIX como centros de hidroterapia, estableciendo dos pueblos gemelos: arriba, en el monte Cornadore, la iglesia de Saint Nectaire, la parte espiritual; abajo, los balnearios, incluido un casino, dedicados al goce del cuerpo. Estos últimos ya desaparecidos.

    Nosotros vamos tras su abadía, dedicada al santo que da nombre al pueblo: Saint Nectaire 👇, levantada por los monjes de La Chaise-Dieu en el siglo XII. En realidad, la iglesia está totalmente restaurada y luce como recién terminada.

    En su exterior guarda muchas similitudes con la abadía de Orcival. Construida igualmente en piedra de lava, tiene una cúpula y dos torres. En su interior conserva 103 capiteles de extraordinaria factura, la mayoría policromados. El tesoro incluye una imagen de la Notre Dame du Mont Cornadore y numerosas reliquias. Permanece abierta todo el año y el acceso es gratuito.

    Saint Nectaire ofrece la posibilidad de visitar las termas romanas y los megalitos antiguos. Los verdaderamente aficionados pueden asistir además a cursos sobra fabricación de su queso típico, hacer senderismo o rutas ciclistas. Nosotros descartamos tan sugestiva oferta y seguimos camino.

    La etapa concluye en Issoire 👇, una población situada en la confluencia de los ríos Allier y Couze, que resultó mucho más interesante de lo que pensábamos.

    Nuestro objetivo, como cabe suponer, era la abadía de San Austremonio, considerado evangelizador de la Auvernia, a quien se atribuye la construcción del templo primitivo y cuyas reliquias se veneraban aquí en el siglo III.

    La iglesia actual es obra de mediados del siglo XII. Como en el resto de la región las guerras de esos siglos afectaron gravemente a la iglesia y la Revolución acabó cerrándola y vendiéndola. En el siglo XIX se restauró con criterio historicista y escaso rigor, incluido el repintado del interior.

    Dejando de lado las intervenciones de los seguidores de Violet le Duc, la iglesia ofrece una imagen impresionante: su monumental cabecera, sus armoniosas proporciones, sus columnas, incluso sus repintados capiteles historiados, y su portada del siglo XIX merecen una visita.

    A destacar en el exterior, los mosaicos y las esculturas de los doce signos del zodiaco, originales todos excepto el carnero.

    La cripta de la iglesia está considerada de las más bellas de Auvernia. Para nuestra mala suerte la encontramos cerrada, cosa rara en estos lares. Issoire organiza cada verano un Festiva de Arte Románico, que goza de mucho predicamento.

    Cumplido nuestro objetivo, nos encaminamos a conocer la Torre del Reloj, viejo campanario comunal del siglo XV, otro de los monumentos locales. Desistimos de ascender las muchas escaleras que conducen al mirador y continuamos nuestro paseo callejero. Descubrimos una ciudad muy animada, con un casco antiguo bien conservado e interesante, y algunos edificios modernos notables.

    El Colega entra en uno de ellos mientras yo hago algunas fotos. Al cabo de un buen rato sale en animada charla con un coetáneo local invitándome ambos a entrar. Resulta que en el centro cultural se ha organizado una exposición fotográfica de aficionados locales cuyos premios se concederán por votación popular. Los organizadores nos invitan muy amablemente a votar. Nos costó decidirnos porque la muestra era de bastante calidad. Quede constancia.

    Fotos: ©Valvar

  • La Dordoña románica II

    La Dordoña románica II

    La segunda etapa por el románico de la Dordoña la dedicamos a visitar pequeños pueblos con encanto y con grandes monumentos románicos: Cénac, Carsac y Souillac. Iglesias, alguna fuera de la población, abiertas al público a cualquier hora del día. Qué envidia.

    Empezamos por Cenac y empezamos mal porque, a pesar de los muchos indicadores que señalan el templo, nos perdemos y acabamos en Domme. Como somos de los que cuando a setas a setas y cuando a rolex a rolex, pasamos de largo por este interesante pueblo, sin percatarnos de lo que nos estamos perdiendo.

    Finalmente, encontramos la iglesia de Notre Dame de la Nativité de Cénac et Saint Julian, que tal es el nombre de la población. La fábrica inicial data del siglo XII y formaba parte de un priorato dependiente de la abadía de Moissac. De este tiempo conserva la cabecera triabsidal y el transepto, además de la interesante colección de capiteles y canecillos.

    De camino a nuestro siguiente destino, Carsac-Aillac, nos encontramos con uno de los muchos castillos que se levantaron en la región, el de la familia Montfort. A Simon de Montfort le entregó el rey de Aragón Pedro I la custodia de su hijo Jaime, que habría de ser el Conquistador. Le hacemos una fotillo de nada y seguimos ruta.

    Carsac y Aillac eran dos pueblos diferentes hoy unidos por causa de la despoblación. En su término se encuentran las cuevas de Pech de l’Azé. Nosotros vamos en busca de la iglesia de Saint Caprais, obra de los siglos XI-XII algo retocada en el XIV, en la que destacan su ábside y la torre.

    También su colección de canecillos y capiteles, de distinta factura y, probablemente, de distintas épocas.

    Concluida la visita, encontramos en el aparcamiento una furgoneta-tienda que vende pescado y otros alimentos a la que acuden las señoras del vecindario.

    Terminamos la jornada en Souillac👇, visitando su maravillosa iglesia abacial románico bizantina de Sainte Marie.

    Nos alojamos en el Pavillon Saint Martin, una casona del siglo XVIII rehabilitada como hotel con encanto, donde nos brindan un acogimiento amigable y nos ofrecen una habitación enorme cuyo ventanal se abre frente a la cabecera de la iglesia. Llegamos en un día muy caluroso que aliviamos con el agua de limón que los anfitriones han dispuesto para los huéspedes.

    Tradicionalmente, Souillac es una ciudad que ha sabido aprovechar su excelente ubicación. Ubicada junto a la carretera que va de Toulouse a París, en una fértil comarca regada por el río Dordoña, ya en el siglo XVII era un punto de tráfico fluvial de sal, pescado o vino. Hoy es un destino turístico por su patrimonio arquitectónico y su oferta gastronómica. Nosotros íbamos buscando lo primero pero disfrutamos de la oferta completa. De haber viajado en el mes de julio hubiéramos podido asistir al festival musical dedicado al jazz.

    Aunque conserva una maciza torre del siglo X, la prosperidad de Souillac arranca en el siglo XII cuando se establece un gran priorato benedictino y una abadía románica con una magnífica cabecera y un portal esculpido. También aquí, la guerra de los Cien años (1337-1453) dañó la abadía y asoló la comarca despoblando los alrededores de la ciudad.

    Cuando aún no se había recuperado del siglo bélico la abadía fue incendiada y saqueada durante las guerras de religión (1562-1598). La iglesia resistió como pudo tanta desgracia; durante el siglo XVII el conjunto fue reconstruido, pero a finales del XVIII la Revolución expulsó a los monjes, vendió los bienes eclesiásticos y dedicó la iglesia a la Razón. Con la llegada del siglo XIX el templo volvió a sus funciones religiosas, y en 1803 pasó a parroquial.

    Cuesta imaginarse cómo hubo de ser la abadía si lo que resta después de tantas calamidades es de tamaña belleza.

    El edificio es de nave única, con crucero, cubierta por dos cúpulas con linternas y una tercera cúpula en la confluencia de la nave y el transepto.

    La cabecera es consecuencia de la restauración del siglo XVII, tiene un ábside central con tres absidiolos y los laterales simples.

    Pero lo que atrae la atención de esta iglesia es su portal, verdadero hito de la escultura románica. En el siglo XVI fue trasladado al interior del templo, donde ahora puede contemplarse. Sobre la puerta, un gran relieve está dedicado a San Teófilo el Penitente, que hizo un pacto con el diablo pero acabó arrepintiéndose, encomendándose a la Virgen y elevado a los altares. Flanquean la escena San Benito y San Pedro.

    A la derecha del portal se ha adosado lo que fue columna del mainel original, una maraña de personajes y animales fantásticos, obra maestra escultórica.

    A la derecha de la puerta, el profeta Isaías; a la izquierda, Oseas. Las figuras recuerdan las de la portada de Moissac.

    Hemos llegado a Souillac a media tarde y nos acercamos a la iglesia con temor de encontrarla cerrada. Tenemos suerte, está abierta y seguirá estando durante el largo rato que permanecemos. Somos los únicos visitantes, testigos privilegiados y admiradores de la obra de los canteros medievales. Quienes trabajaron en esta portada conocían su oficio.

    Todavía tenemos tiempo de dar un paseo por el pueblo y cenar en un bistró próximo al hotel. Ni el Colega ni yo somos capaces de acabar la enorme y rica ensalada que nos sirven.

    Al día siguiente seguimos ruta, aún impresionados por lo que hemos visto y disfrutado en esta etapa junto a la Dordoña.

    Fotos: ©Valvar

  • La Dordoña románica

    La Dordoña románica

    La Dordoña es un río que atraviesa y da nombre a la región del Perigord, en el sureste de Francia. Estas tierras vienen a ser un compendio de la historia nacional: cuevas prehistóricas, pueblos medievales, castillos, monumentos y lugares históricos, quince de ellos declarados Patrimonio de la Humanidad.

    En el mes de junio de 2025 hicimos nuestra primera incursión por la región, dispuestos a descubrir sus iglesias románicas. Desde Burgos nos plantamos en Perigueux, capital del departamento de la Dordoña, en la región de Nueva Aquitania, parada de la Vía Lemovicense, uno de los cuatro ramales del Camino de Santiago, que comienza en Vézelay.

    La Cité, su centro histórico, se levanta sobre sobre un asentamiento galorromano: Vesunna, del que conserva algunos restos. Nosotros vamos a conocer su catedral de Saint-Front, la más grande de esta región francesa.

    Como siempre, hemos reservado hotel céntrico y con aparcamiento. Nuestra primera y grata sorpresa es que la ventana de nuestra habitación se asoma a la cabecera de Saint-Front. Que la iglesia esté medio cubierta por obras no merma la emoción de la cercanía.

    Construida en el siglo XII, de su origen románico la catedral conserva poco más que su airosa torre campanario; en el siglo XIX fue restaurada siguiendo la moda historicista impuesta por Violet le Duc. Mantiene su dignidad de vieja dama que se mira en el río l’Isle, cuyas aguas lamen sus cimientos.

    Sus cúpulas sirvieron de modelo a la iglesia del Sacre Coeur de París. El interior es de planta de cruz griega, cubierta con cinco cúpulas que recuerdan a la iglesia de los Santos Apóstoles en Constantinopla. La riqueza ornamental es exuberante 👇.

    La ciudad mezcla un cierto aire medieval con hermosas calles de edificios renacentistas y decimonónicos, rincones sombreados que alivian el calor de esos días.

    En la parte moderna de Perigueux se levanta un gran centro cultural bautizado con el nombre de Josephine Baker 👇, artista de variedades muy popular en Francia. Nacida en Estados Unidos, es la primera mujer negra enterrada en el Panteón, reservado a los héroes franceses.

    Para nuestra sorpresa, la totalidad de los comercios están cerrados por la tarde. Solo bares y restaurantes permanecen abiertos. Optamos por cenar en el restaurante del hotel, junto al río, teniendo a la vista un curioso edificio que parece sostenerse en precario equilibrio. Impresión errónea, pues se trata del puesto de vigilancia sobre el puente de Tournepiche, construido en 1347.

    Al día siguiente emprendemos el itinerario por las iglesias de la región empezando por la de Auriac, un pueblecito que parece sacado de un cuento, frecuentado por los amantes del turismo rural. La iglesia de Saint Etienne tiene aire de fortaleza, de hecho durante las muchas guerras ocurridas en la región el lugar sirvió de refugio a los vecinos. El campanario se incendió en 1949. Conserva algunos capiteles de interés.

    En lo que parece la plaza principal, una furgoneta ofrece servicios de peluquería itinerante. Cerca, un grupo de mujeres se entretiene jugando al croquet.

    Seguimos camino a Saint Amand de Coli, población que toma el nombre del ermitaño que evangelizó la región en el siglo VI. Su desarrollo corresponde al siglo XII, en torno a la abadía agustina. La iglesia es una fortaleza, no hay que olvidar que estamos en tierras de luchas largas y enconadas, reconstruida en el siglo XIX.

    Actualmente es un pueblo tranquilo típicamente rural y turístico. Conserva un antiguo hospital de pobres del siglo XIV.

    Saint Léon sur Vézére, nuestro siguiente destino, es una población igualmente turística a orillas del río Vézére, que tiene en su templo románico de Saint Leonce uno de sus principales atractivos.

    La iglesia del siglo XII es lo que queda de un priorato dependiente de Sarlat. Es de nave única con ábside y absidiolos. La restauración acometida tras la inundación de 1960 descubrió antiguos frescos en las bóvedas del ábside.

    En nuestra visita se nos une un gato adulto y rollizo, que parece el amo del templo, se pasea por la nave, maúlla como si estuviera en su casa y nos acompaña a la salida.

    El tráfico de barcazas sobre el río aportó riqueza a la población hasta el punto de crear un puerto en el siglo XVII. Actualmente, sus aguas conocen el trasiego de embarcaciones de recreo.

    Sus casas medievales, sus tejados en coyaux, (parte inferior con menor pendiente), sus callejuelas plagadas de talleres y tiendas de artesanía justifican la afluencia de visitantes.

    Sarlat la Canéda 👇es uno de los pueblos más bonitos de Francia, aseguran sus vecinos y una está por darles la razón. Lo es por la hermosura de sus casonas y palacios y más aún por haber sido capaces de parar el tiempo en el siglo de sus glorias a la vez que se acomodaban a las ventajas del presente.

    Los sarladaises alardean de contar con la mayor densidad de monumentos históricos. Es, sin duda, uno de los pueblos más fotogénicos de nuestra ruta. El primero en ser restaurado en aplicación de la ley Malraux de 1964. Un plató de cine. Una cita gourmet para los amantes del foie, la trufa y las nueces en sus mil combinaciones.

    Nosotros llegamos buscando todo eso y, además, su Linterna de los muertos o Torre Saint Bernat, una construcción medieval que hemos encontrado en otros pueblos de Francia.

    Las que llamamos linterna de los muertos se conocieron como lámpara o farol de cementerio. Se cree que originariamente las luminarias se colocaban sobre las tumbas para iluminar a las almas en su camino a la eternidad. Cuando fueron prohibidas a causa de los incendios que provocaban se construyeron edificios específicos, algunos muy bellos, para orientar también a los peregrinos y a quienes transitaban los caminos.

    La Linterna de Sarlat es del siglo XII, se encuentra muy cerca de la iglesia de Saint Sacerdos y del antiguo cementerio benedictino de Saint Benoit.

    El casco antiguo es un continuo comercio de productos de la tierra o artesanales. Compramos jabones y surtidos de delicatessen para nosotros y para las herederas y nos despedimos de la ciudad con pesadumbre. Sarlat es uno de esos lugares en que una quisiera quedarse.

    Fotos: ©Valvar

  • Burdeos

    Burdeos

    Burdeos, también conocida como la perla de Aquitania, es Patrimonio Mundial de la Unesco por sus muchos e importantes monumentos, por sus espectaculares plazas y por su arquitectura de hermosas fachadas.

    Tenida como la hermana pequeña de la capital francesa, la visita a Burdeos es cómoda y agradable, el núcleo central puede hacerse a pie sin gran dificultad. Estuvimos por primera vez en 2017, hemos vuelto en septiembre de 2025 en esta ocasión acompañados por una pareja amiga. Lo que descubrimos entonces lo hemos saboreado ahora.

    Nos alojamos en un hotel junto a la plaza Gambetta, frente a un parking. Pusimos especial empeño en el aparcamiento para acceder fácilmente pero, a la hora de la verdad, el gps se despistó obligándonos a un tour involuntario por la ciudad hasta llegar a nuestro destino. Peccata minuta.

    Empezamos el recorrido por la catedral de San Andrés. Sus cimientos se remontan al siglo XI, en el estilo románico. En este lugar contrajeron matrimonio en 1137 Leonor de Aquitania y quien había de ser rey de Francia como Luis VII y, cinco siglos después, Ana de Austria -hija de Felipe III de España- y Luis XIII.

    Los siglos posteriores fueron particularmente tumultuosos en esta zona, las luchas feudales entre ingleses y franceses, o entre los Plantagenet y los Anjou, que se prolongaría durante cien años causaron enormes daños en esta y otras iglesias que obligaron a su reconstrucción en el siglo XIV, ya en estilo gótico. Durante la Revolución se utilizó como almacén y en el siglo XIX fue pasto del fuego.

    La construcción está enmarcada por dos torres gemelas de 81 metros de altura. Su interior impresiona por su majestuosidad, mide 124 metros de largo y 23 de alto. En la Puerta Real (siglo XIII) se representa la Última Cena, la Ascensión y el triunfo del Redentor.

    Anexa a la iglesia se alza la torre Pey Berland, que toma el nombre del obispo que ordenó su construcción, una torre campanario lo suficientemente fuerte para sostener las campanas que hubieran derribado las agujas de la catedral. Cuando se construiyó en 1440 se remataba con una flecha, que una tormenta derribó en 1617, entonces sustituida por una cruz. La imagen dorada que ahora se contempla es la de Notre-Dame d’Aquitaine, instalada en 1863. La campana de la torre pesa once toneladas y es la cuarta mayor de Francia. Se puede acceder a ella a condición de superar los 231 escalones. Reto que nosotros gustosamente cedemos a los jóvenes.

    Otra torre igualmente exenta que también sirve de campanario es la de la basílica de San Miguel, de 114 metros de altura.

    La iglesia, de estilo gótico florido, se encuentra en obras, visitamos su interior y seguimos camino. Las fotos exteriores corresponden a la visita de 2017.

    Desde aquí nos acercamos al mercado de los Capuchinos, cita imprescindible para los aficionados a las ostras, que es nuestro caso.

    La ciudad tiene otras dos iglesias que ostentan el título de Patrimonio de la Humanidad por su condición de hitos en el Camino Jacobeo: Saint Seurin y la Santa Cruz.

    Saint Seurin (Severino) fue el cuarto obispo de la ciudad, su iglesia es la más antigua de las que se conservan en Burdeos. Situada extramuros de la ciudad, se llega a ella por las calles Judaique y Mártires de la Resistencia. El primer templo fue levantado en el siglo V, destruido en el VIII, reconstruido en el IX sobre la cripta donde reposan los restos del santo. La fábrica actual corresponde a la construcción del siglo XIII. De las pocas iglesias no destruidas por la Revolución, fue modificado durante el siglo XIX; a este tiempo corresponde la portada cubierta por un porche neo románico.

    Cuenta la tradición que esta iglesia poseyó durante siglos el olifante de marfil de Roldán, el héroe muerto en Roncesvalles, depositado por el mismo Carlomagno. La reliquia desapareció antes de la Revolución.

    La actual iglesia de la Santa Cruz es lo que resta de la antigua abadía benedictina medieval que conformaron este barrio bordolés. El primer edificio religioso del siglo VII fue incendiado el año 732. La tradición dice que fue restaurado por Carlomagno y arrasado por los normandos mediado el siglo IX. En el siglo X el conde Guillermo V el Bueno funda el monasterio benedictino, en torno al que se levanta una población que vivía de la pesca en el río Garona y de la vid. En el siglo XIV el Ayuntamiento construye el amurallamiento que encerraba la abadía y el nuevo barrio.

    La Revolución confiscó sus terrenos y cerró los edificios abaciales, destinados a hospicio para ancianos y desheredados. En 1860, el arquitecto Charles Burguet restauró el coro de la iglesia, mientras el arquitecto Paul Abadie reconstruía la fachada, tan espectacular como discutida.

    Encontramos la iglesia rodeada de obras que dificultan el acceso y hacen imposible captar una foto decente. Abierta, como todas las iglesias de Francia -país tan laico y tan dispuesto a dar a conocer su patrimonio religioso- somos los únicos visitantes a esa hora. El Colega pega la hebra, como suele, con un señor que parece estar para responder sus preguntas. Philippe, que así se llama, es la amabilidad hecha persona. Es él quien nos muestra el órgano, uno de los tesoros de la iglesia, obra maestra de Dom Bedos, restaurada a finales de la década de 1990 por François Chapelet, organista que también restauró el órgano de la colegiata de Covarrubias, a quien nosotros admiramos.

    En la pequeña capilla donde se encuentra la pila bautismal, una talla moderna de la Virgen sostiene en brazos la imagen infrecuente de un Niño Jesús chupándose el dedo. La iglesia y el barrio no viven sus mejor momento. Philippe nos muestra el resultado de un incendio provocado recientemente en un rincón del claustro.

    Concluido el cupo eclesial, nos encaminamos a la plaza de la Bolsa, construida en 1720, uno de los símbolos y la moderna tarjeta de presentación de la ciudad por su simetría y la hermosura de sus edificios. Su diseño se debe a Jacques Gabriel, arquitecto de Luis XV.

    Inicialmente, ocupaba el centro una estatua del rey, luego sustituida por otra de Napoleón, reemplazada a su vez en 1869 por la fuente de las Tres Gracias.

    Georges Haussmann, prefecto de Burdeos y casado con una bordelesa, utilizó el modelo de Gabriel cuando el emperador Napoleón III le encomendó transformar París en una capital moderna, trabajo que le valió en título de barón. En consecuencia, no es que Burdeos recuerde inevitablemente las construcciones típicas parisinas sino que estas son copia del modelo bordelés.

    Si la plaza de la Bolsa era ya hermosa, la incorporación del espacio conocido como Espejo del Agua ha aumentado su espectacularidad y el juego de sus simetrías. El Espejo es obra del paisajista Michel Corajoud. Se trata de una alfombra de dos centímetros de agua que cada 15 minutos se vacía y da paso a unos minutos de bruma, cambios que le confieren algo de hipnótico. Es frecuentado por bordoleses y visitantes, niños y mayores. Algunos se animan a pasear sobre las aguas, descalzos o no.

    Aunque en el siglo XVIII Burdeos rompió el corsé medieval que impedía su extensión urbanística, quedan algunas puertas de sus viejas murallas. Dos son especialmente populares: la Grosse Cloche y la Porte Cailhaud. La Grosse Clocha (Gran Campana) es el campanario del antiguo ayuntamiento, construido en el siglo XV sobre la antigua Puerta Saint Eloy. Consta de dos torres circulares de 40 metros de altura unidas por un cuerpo central. La campana pesa 7.800 kilos, fue fundida en 1775, mide dos metros de altura y tiene nombre propio: Armande-Louise. Solo suena a mediodía del primer domingo de mes y en seis fechas señaladas del año. Aparte de su valor civil, la puerta es una de las paradas del Camino de Santiago en suelo francés.

    La Puerta Cailhaud, también del siglo XV, tiene el aspecto de un pequeño castillo, era la entrada principal a la ciudad, como expresa la efigie del rey Carlos VIII en su fachada. Acompañan a la efigie real el cardenal d’Épinay y San Juan Bautista. Adorna su arco apuntado un escudo de flores de lis. Conserva los elementos defensivos originales: matacanes, aspilleras, almenas desde las que disparar.

    Con solo cruzar la calzada, procurando esquivar el ir y venir de tranvías, nos encontramos en los muelles del Garona, también conocidos como Puerto de la Luna, por la curva que aquí hace el río. Los antiguos almacenes portuarios se han convertido en lugares de esparcimiento; los viejos muelles son ahora parques, jardines, tiendas, bares y restaurantes muy frecuentados.

    En uno de estos bares hacemos una pausa para refrescarnos. Los chicos se toman una cerveza, nosotras pedimos un Aperol Spritz que tiene la virtud de provocarnos un ataque de risa sin que seamos capaces de recordar de qué nos reíamos. Cosas de la edad, seguramente.

    A la derecha se encuentra el Puente de Piedra, otro de los símbolos y privilegiado mirador de Burdeos. Inaugurado en 1822, durante siglo y medio fue el único paso entre los dos orillas del Garona. Cuenta diecisiete arcos, tantos como letras tiene el nombre de Napoleón Bonaparte, su promotor.

    En el muelle casi lindante con el Puente de Piedra tomamos uno de los barcos que recorren el río. Como ya nos hemos mojado, optamos por alojarnos a cubierto mientras el resto del pasaje prefiere situarse en la parte superior, lo que nos convierte en los privilegiados únicos pasajeros de este paseo, en el que nos sirven bebida y un típico canelé, dulce de canela típico de la comarca.

    El paseo ofrece una imagen del Burdeos moderno, resumido en el edificio de la Ciudad del Vino o en sus magníficos puentes.

    Permanecemos dos días en Burdeos, durante los que pateamos de norte a sur y de este a oeste la ciudad. Imprescindible visitar el Gran Teatro, inaugurado en 1780, tenido como uno de los más bellos del mundo, de acústica perfecta. Cerca de él permanece la cabeza del escultor español Jaume Plensa. Volvemos a fotografiarnos junto a ella como ya hicimos en nuestra visita anterior.

    La plaza de Quinconces, junto al Garona, es la más grande de Francia, en parte arbolada, sobria y monumental. Rematada por el monumento a los Girondinos, es lugar de conciertos, ferias y mercados.

    Nos vamos de la ciudad con deseos de volver por el gusto de pasear sus calles y plazas y saborear su rica gastronomía en cualquiera de sus muchos restaurantes o bistrots. .

    Si quieres ampliar información sobre Burdeos, clica aquí

    Fotos: ©Valvar

  • Convento de San Plácido de Madrid

    Convento de San Plácido de Madrid

    La iglesia del convento de San Plácido de Madrid se presenta como recién terminada, a pesar de haberse levantado en el siglo XVII. El visitante tiene suerte de poder comprobarlo porque en estos cuatro siglos ha permanecido cerrada excepto para las monjas benedictinas que lo ocupaban.

    Madrid tiene escasos restos románicos, en cambio, posee un abundante censo de iglesias y conventos, casi todos plagados de consejas sobre hechos prodigiosos o sabrosas historias de amoríos. El de San Plácido reúne un poco de todo ello, además de una notable muestra de arte y artistas del siglo en que se construyó: Claudio Coello, Francisco Ricci y el mismísimo Diego de Velázquez quien pintó para este lugar su famoso Cristo.

    El monasterio de benedictinas de San Plácido fue fundado en 1623 por Teresa del Valle de la Cerda, dama noble que había estado prometida en matrimonio con el protonotario de Aragón, Jerónimo de Villanueva. El novio abandonado, además de hacer también voto de castidad, financió la fundación, comprando varias casas del actual barrio de Malasaña, a cambio de la oración de las monjas y un mausoleo propio en el interior del templo. Acababa de llegar al trono de España Felipe IV y con él su valido, el conde duque de Olivares, de quien Jerónimo era amigo.

    La iglesia se construyó en solo tres años, entre 1655 y 1658, según planos de fran Lorenzo de San Nicolás, prestigioso arquitecto, autor del Manual Arte y uso de la arquitectura. Este diseñó un templo de planta de cruz latina, de brazos cortos, cubierta por una cúpula encamonada. A partir de ahí todo se hizo a lo grande.

    En 1668 llega Francisco Rizzi, autor de los frescos de la cúpula, distribuida en ocho sectores, con las cruces de las órdenes militares y adornos de motivos vegetales y pequeños ángeles. En las pechinas representó a cuatro santas benedictinas: Hildegarda, Isabel de Schonangia, Francisca Romana y Juliana de Mont-Cornillón.

    Fragmentada en ocho sectores, presenta motivos vegetales, jarrones, elementos arquitectónicos y pequeños ángeles cuyos volúmenes y escorzos marcan la profundidad de las composiciones. El motivo central son cruces de las órdenes militares.

    A Rizzi se añade Claudio Coello, quien con solo 20 años realizó el lienzo de la Anunciación o Encarnación del retablo mayor, obra de más de siete metros de alto, en la que, junto al tema central, en la parte inferior desarrolla un tratado teológico, uniendo a profetas y sibilas del Antiguo Testamento, y en la superior representó al Espíritu Santo y a los ángeles de la corte celestial, con gran colorido, un dominio sorprendente de la técnica y una novedosa iconografía.

    Coello es el autor también de los lienzos de los retablos laterales, en el de la epístola Santa Gertrudis y en el del evangelio San Benito y su hermana Santa Escolástica.

    Los retablos son obra de los hermanos Pedro y José de la Torre, con estructura típicamente barroca, incluido el de la Inmaculada, situada en una capilla lateral, donde también se encuentra un extraordinario Cristo yacente, el último de los realizados por Gregorio Fernández. El escultor portugués Pereira es el autor de las tallas de los santos benedictinos. A esta enorme y valiosa relación de obras se añadieron en el siglo XVIII unas pinturas de Vírgenes madrileñas de Atocha y del Milagro, obra de Meléndez. Es creencia que por aquí anduvo también Rubens, autor de un boceto para el altar mayor, que no llegó a realizar.

    A los pies de la iglesia se abrió un arco por el que se accedía a la capilla del Santo Cristo del Sepulcro, donde se veneraba un Cristo yacente de Gregorio Fernández. La capilla fue destruida en las obras realizadas a principios del siglo XX, en su lugar se construyó la actual capilla de la Inmaculada Concepción, donde permanece el mismo Cristo yacente.

    Tamaño museo de arte religioso quedó al alcance exclusivo de la comunidad benedictina de San Plácido y de sus ilustres visitantes, lo que pudo servir de consuelo y desagravio a las primeras residentes, envueltas en un complejo proceso inquisitorial.

    En 1628, apenas cinco años después de su fundación, las monjas fueron acusadas de estar poseídas por el demonio, y su confesor fray Francisco García Calderón, de inducirlas a la herejía de los iluminados. No se libró Jerónimo de Villanueva, por ser el patrono del convento. Las monjas permanecieron cuatro años recluidas en el convento de Sto. Domingo el Real de Toledo, ajenas a la comunidad religiosa, y el confesor fue condenado por herejía a encierro perpetuo en un convento. Villanueva resultó absuelto. Una versión sostiene que en agradecimiento por esta sentencia encargó al pintor Diego de Velázquez un Cristo crucificado, que colgó del coro del convento.

    En 1638 la orden de San Benito pidió la revisión del proceso inquisitorial resultando la inocencia de las monjas, que pudieron volver a su convento. En 1644 se reabrió el caso para Villanueva, resultando detenidas las obras. Muerto don Jerónimo en 1653, tomaría el relevo en el patronazgo su sobrino y homónico Jerónimo de Villanueva Fernández de Heredia, II marqués

    En 1908 se derribó una parte del convento, obligando a su reconstrucción, que concluyó en 1913. En 1943 fue declarado monumento nacional.

    Otra historia truculente ronda entre las paredes del convento. Se sabe que Jerónimo de Villanueva residía en una casa frente a San Plácido, en la que se había construido un pasadizo que comunicaba casa y cenobio. En esta casa se reunía el bueno de don Jerónimo con los prebostes del momento, incluido Felipe IV y el conde duque de Olivares. El rey, a quien se atribuyen una treintena de hijos extramatrimoniales, además de los diez habidos en el primer matrimonio y los seis nacidos en el segundo, era un tipo rijoso sin que distinguiera entre laico y sagrado. Así, parece que se enamoró de sor Margarita, una monja joven, que rechazaba sistemáticamente las pretensiones reales. Tanta era la insistencia del rey que las monjas tuvieron que fingir la muerte de la religiosa. Una segunda versión sobre la presencia del Cristo de Velázquez en el convento atribuye el encargo al mismo rey, para hacerse perdonar sus excesos. Allí estuvo, en todo caso, hasta que el valido Godoy se lo llevó a su palacio. Tiempo después fue recuperado y actualmente puede contemplarse en las salas del Museo del Prado dedicadas al pintor sevillano 👇. Una copia de este lienzo cuelga en el coro bajo de la iglesia.

    Se cuenta igualmente que el reloj del convento, cuyas campanas tañen el toque de difuntos, fue asimismo regalo penitencial del rey. La leyenda real se narra en un manuscrito de autor desconocido que se conserva en la Biblioteca Nacional de España: Relación de todo lo suzedido en el casso del Convento de la Encanazión Benita.

    Más recientemente, en 1994, el convento fue noticia al encontrarse bajo un altar los cuerpos momificados de un hombre y una mujer, datados en la época del fallecimiento de Velázquez. Ministerio de Cultura y Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid crearon una comisión para comprobar si se trataba de los restos del ilustre pintor y de su esposa, Juana Pacheco. Tras aprovechar la oportunidad para zurrarse mutua e institucionalmente, la comisión concluyó que no se trataba de los Velázquez 👇.

    La comunidad fundada por Teresa del Valle de la Cerda había quedado tan disminuida y sus monjas eran tan ancianas que en 2023 la orden benedictina cerró el convento. Así es como quedó abierta la iglesia a las visitas exteriores. El visitante no avisado corre el riesgo de pasar de largo por la calle de San Roque, pues en el exterior el convento de San Plácido es tan desprovisto de ornamentación que pasa inadvertido. Lo que vendría a demostrar una vez más que no hay que fiarse de las apariencias.

    Fuente: Madrid con encanto 👇

    Traveler 👇

    Fotos: ©Valvar

  • Santa Cristina de Lena

    Santa Cristina de Lena

    Santa Cristina de Lena es una ermita prerrománica, tenida como la primera de este tipo, con influencias visigóticas, datada en el siglo IX, declarada patrimonio de la humanidad en 1885. Para colmo de dichas, tiene un horario de apertura casi todo el año.

    Los aficionados al románico nos llevamos muchos disgustos cuando nos encontramos cerradas iglesias que sabemos esconden preciosos tesoros. A cambio, a veces se nos aparece la virgen, esto es, tenemos suerte de darnos con un auténtico tesoro y lo encontramos abierto. Es lo que nos ocurrió en Santa Cristina de Lena.

    Volvíamos a la meseta después de una plácida y soleada excursión por tierras gallegas, a punto de adentrarnos en el antaño temible puerto de Pajares, perseguidos por una tormenta de viento, agua y nieve, cuando un cartel al borde de la carretera nos señala la salida a Santa Cristina. Estamos al lado, dijo el Colega, alborozado, podíamos desviarnos un rato. Nos desviamos. Siguiendo las indicaciones llegamos, efectivamente, a los pies del montículo en el que se alza la ermita, que en la distancia parece una primorosa maqueta.

    Tomamos el camino blanco y estrecho, en el que apenas cabe un coche. Como coincidamos con uno de bajada, a ver quién da la vuelta, aventura el Colega. Coche, no, pero como a mitad de camino nos encontramos a una señora de mediana edad. ¿Van ustedes a la ermita?, nos pregunta. Sí, ¿sabe si está abierta?, preguntamos nosotros. Yo les abro, responde. Suba al coche y le acercamos, propone el Colega. No, llego antes andando, dice ella.

    Ya me parece raro que en este camino, en medio de un temporal nos encontremos como por casualidad con quien tiene las llaves. Cuando reanudamos la marcha comento: Si llega antes que nosotros es una aparición. Seguro que sí, contesta el Colega.

    Cuando llegamos junto a la ermita encontramos un coche maniobrando para salir del camino. Ocupamos el espacio que ha dejado y cuando nos apeamos, vemos a la señora en la campa de la ermita. Te he dicho que es una aparición, no ha tenido tiempo de subir por su propio pie, insisto. Da igual, si nos abre como si es el ángel de la guarda, dice el Colega.

    Acelero para acercarme a la señora. Vaya día desapacible, comento, por decir algo. Sí, hace un poco de aire. El poco de aire nos lleva en volandas hasta la puerta de la ermita, que ella abre con una llave que a ojo bien podría ser románica. Qué suerte hemos tenido de encontrarla, dice el Colega, temíamos que la iglesia estuviera cerrada. No, señor, menos los lunes y todo el mes de noviembre, en invierno yo abro todas las mañanas de 11 a una. La señora nos da nuestras entradas, pagamos dos euros (332 ptas.) cada uno y nos disponemos a disfrutar del privilegio de tener el monumento para nosotros solos. A los pocos minutos suena un teléfono. La señora lo coge y enseguida pega la hebra con su interlocutor/a. Parece que en estos tiempos las apariciones se cuelgan al teléfono como tú, me dice el Colega con sorna.

    La ermita es una pequeña y sencilla construcción que se encuadra en la etapa ramirense -de Ramiro I (842-850)- del prerrománico asturiano, cuando la arquitectura del reino astur alcanzó su apogeo, con la trilogía de Santa María del Naranco, San Migel de Lillo y la propia Santa Cristina. De la estima que desde antiguo ha merecido esta ermita baste decir que fue declarada monumento histórico artístico ya en 1885.

    Lo primero que sorprende es lo bien conservada que se encuentra, tras las restauraciones llevadas a cabo a finales del siglo XIX y en la década de los 30 del XX. Se cree que la construcción pudo corresponder a una fundación monástica o bien tratarse de la capilla de un palacio de recreo de la familia real, teoría que se fundamenta en la existencia de la tribuna regia y que el lugar se sitúe en las inmediaciones de Vega del Rey. La advocación de Santa Cristina se estima que pudo ser posterior a su construcción.

    La iglesia se configura a partir de una sola nave a la que se adosan cuatro estancias en cada uno de sus lados: la cabecera orientada al este siguiendo el canon, un nártex a los pies, y sendas cámaras al norte y al sur, de fechas posteriores. Esta distribución es rara en el prerrománico asturiano, donde predominan las plantas basilicales, y la relaciona con las construcciones visigóticas. Por la simetría de sus volúmenes cúbicos exteriores y los contrafuertes que respaldan sus muros, se la conoce como la iglesia de las esquinas.

    En la fachada poniente se abre la puerta de acceso, un arco de medio punto dovelado, apeado sobre columnas entregas sin decoración. Se accede al interior a través de un nártex abovedado, sobre el que se sitúa la tribuna regia. Recorre los muros interiores una galería de arcos ciegos de medio punto que descansan sobre semicolumnas adosadas al muro, rematadas en los capitales troncopiramidales propios del estilo ramirense.

    En las emjutas de la arquería se encuentran tres medallones o clípleos en relieva en cuyo interior se adivinan siluetas de cuadrúpedos. En el hastial norte se distinguen dos paneles en los que aparecen jinetes cabalgando y portando una lanza.

    Llama la atención la arquería transversal tras el último tramo de la nave, a la manera de iconostasio, que separa el presbiterio y el altar del resto de la nave, destinado a los fieles. La arquería consta de tres arcos de medio punto sobre columnas de mármol y capiteles de tipo clásico. Estamos ante una estructura única en las construcciones medievales hispanas, relacionadas lejanamente con las arquerías de la mezquita de Córdoba o con la iglesia mozárabe de San Miguel de Escalada (León).

    Igualmente llamativas son las cinco celosías que animan el iconostasio para cuya elaboración se utilizaron placas visigóticas. En una de ellas se conserva un epitafio dedicado a un tal Telio en el año 681 de la cronología visigoda, nuestro 643.

    Para reforzar la barrera litúrgica najo el arco central de la arquería se colocaron tres piezas monolíticas visigóticas también reaprovechadas y decoradas con clípeos y formas vegetales de buena labra. «El abad Flaino lo ofrece en honor de los apóstoles del Señor Pedro y Pablo», se lee en las piezas ensambladas.

    Excepcionalmente también, Santa Cristina de Lena presenta un solo ábside cuadrangular, frente a la mayoría de construcciones contemporáneas suyas, triabsidales.

    Los muros del templo estuvieron cubiertos de pinturas murales, que no se han conservado. A destacar igualmente las ventanas de tres vanos separados por dos columnillas -tríforos- del muro de la cabecera y de la capilla lateral, así como las celosías cruciformes, reproducciones del original que se encuentra en el Museo Arqueológico de Asturias.

    Ateridos de frío, permanecemos un rato largo en la pequeña iglesia. Finalmente, nos despedimos por señas de la señora quien, sentada en un lugar recogido tras la puerta, sigue hablando por teléfono. Veo que al Colega se le está poniendo cara de pitorreo sobre la aparición, así que me adelanto. También a ti se te ha aparecido la virgen, que ni en sueños pensabas encontrar la iglesia abierta, le digo, mientras el viento zumba a nuestro alrededor.

    Antes de volver al coche echamos una última mirada a la ermita donde hace doce siglos se reunían los creyentes. La autovía, allá abajo, parece de otro mundo.

    Fuentes:

    Arteguías 👇

    Ayuntamiento de Lena👇

    Turismo prerrománico 👇

    Fotos: ©Valvar

  • San Martín de Mondoñedo

    San Martín de Mondoñedo

    San Martín de Mondoñedo (Foz, Lugo) es la catedral más antigua de España. Hoy es una basílica románica de una sorprendente y apabullante belleza, anexa a la cual se encuentra un Centro de Interpretación del Románico.

    Esta mole románica que el visitante encuentra al llegar, se levantó en el siglo XI sobre un viejo monasterio prerrománico; los enormes contrafuertes datan del siglo XVIII.

    Para entonces arrastraba ya una compleja historia: fue sede del obispado de Dumio (Braga, Portugal) cuando esta fue atacada por los musulmanes y de Bretonia (Lugo), atacado por los vikingos. En 1112 la sede episcopal pasó a Mondoñedo, quedando San Martiño como monasterio agustiniano hasta 1543, cuando el papa lo cede al obispado; desde el siglo XVII es iglesia parroquial, Bien de Interés Cultural desde 1931 y basílica desde 2007. El museo, abierto en 2018, ocupa la antigua casa rectoral.

    Aparte de las dimensiones de la iglesia, sorprende de ella la influencia del estilo lombardo, raro por estos lares, donde predomina el románico borgoñón introducido a través del Camino de Santiago. El conjunto conserva elementos de los siglos X, XI y XII. Por extraño que parezca, en un lugar de pocos habitantes, la iglesia puede visitarse durante la mayor parte del año con un horario fijo👇.

    La visita comienza por centro de interpretación, dedicado a San Rosendo y a San Gonzalo, de quien se muestra el báculo y anillo -datados en el siglo VIII- y otras reliquias, una reproducción del diploma del rey Silo del año 775, el más antiguo conservado en España, un facsímil del Tumbo de Bernardo, cuyo original se guarda en la catedral de Santiago y un lauda con caracteres visigóticos hallada en las excavaciones de la propia iglesia. En sus salas se informa sobre la historia de la iglesia y de sus pinturas románicas del siglo XII, las más antiguas de Galicia, y se muestra una colección de monedas de los siglos XI al XVII.

    San Martín/Martiño de Mondoñedo se encuentra a 90 kilómetros de Lugo y a unos cinco de Foz, municipio al que pertenece. Nosotros llegamos procedentes de Allariz, después de transitar por tramos de carreteras en condiciones de subdesarrollo, a las que durante dos horas largas el Colega ha dedicado una letanía de juramentos en arameo, con recuerdos al ministro y al consejero del ramo.

    El enfado desaparece ante la visión de San Martiño y queda totalmente olvidado al acceder a su interior. Impresionan sus hechuras de catedral en un pueblo de pocos habitantes. Hay que serenarse para apreciar los múltiples atractivos de la iglesia: las pinturas de los ábsides, los capiteles, el altar. Nos sentamos un rato para tratar de comprender dónde estamos y qué es lo que estamos viendo. Por un momento ambos hemos tenido la impresión de habernos introducido en un túnel del tiempo.

    Llaman la atención los once capiteles del crucero, de los que nueve parecen obra de un mismo escultor, bautizado como Maestro de Mondoñedo, el mismo autor del antipendio, el paramento que adorna la parte delantera del altar. Este maestro está dotado de un estilo propio, cercano a lo naif, en la representación de figuras y escenas propias del románico, de un gran encanto.

    En un capitel orientado a la nave central un personaje parece tirar de una fiera acompañado de otro hombre que levanta la mano derecha, escena que se interpreta como de caza o representación alegórica.

    En el pilar meridional del crucero vemos una cesta con un cuadrípedo rampante, un águila en posición frontal y alas desplegadas, una sirena y una mujer de cuyos pechos se alimentan dos sapos.

    La cesta opuesta representa el banquete del rico Epulón y el pobre Lázaro.

    Similar composición ofrece el capitel contiguo, con el banquete de Herodes y el baile de Salomé, en un lado, y la ejecución de San Juan Bautista en el otro.

    Frente al capitel de Lázaro, adosado al muro sur de la iglesia, otro capitel muestra a unas bestias que parecen devorar la cabeza de un hombre y una mujer, en lo que algunos expertos interpretan como el pecado de Adán y Eva y otros como una alegoría del pecado de pensamiento.

    Finalmente, a cada lado del arco del presbiterio se encuentran dos capiteles representando el de la izquierda un grifo y un ser monstruoso y el de la derecha figuras unicéfalas armadas con espadas.

    Los dos capiteles de un autor distinto ofrecen decoración vegetal y dos felinos entre el follaje.

    El antipendio de San Martiño es una rara pieza del románico hispano, considerado el precedente medieval de los retablos figurados que gozarán de éxito en los siguientes siglos. Una pieza de 160 por 110 centímetros presidida en el centro por un clípeo sostenido por ángeles con la efigie de un Cristo en majestad. Bajo él dos figuras eclesiásticas con las cabezas inclinadas en señal de reverencia y otros dos ángeles. En el ángulo inferior izquierdo un águila y bajo ella otra figura eclesiástica en actitud reverente. En el ángulo superior izquierdo el Agnus Dei con la cruz de la Resurrección inserto en otro clípeo. Una ordenación sacerdotal o una consagración episcopal son algunas de las múltiples interpretaciones que se da a esta pieza.

    En el muro del evangelio aparecen empotrados dos figuras, probablemente procedentes de otro lugar, en el que parece distinguirse un espinario.

    En el muro de los pies, tres figuras, igualmente trasladadas de otro emplazamiento. A la derecha, un condenado con la soga al cuello; a la izquierda, un personaje tocando un cuerno.

    Las pinturas murales fueron descubiertas en la restauración . en los años 2007-2008, representan escenas del árbol de Jesé, la Asunción de la Virgen y el juicio final. En la bóveda se distinguen algunas filigranas vegetales y grupos de personajes.

    Antes de abandonar el interior de esta iglesia singular, de la que en esos momentos somo sus únicos visitantes, rendimos homenaje de gratitud a quienes aquí trabajaron legándonos la expresión de su arte.

    San Martiño tiene dos portadas, la más primitiva, del siglo XI, en el muro norte se encuentra cegada. La segunda se abre en el muro de los pies, se cree que es obra del siglo XII. Destaca en esta el tímpano, en el que vemos labrado un crismón trinitario, representación rara en Galicia. Sobre él, un Agnus Dei, probablemente procedente de otro lugar.

    No menos interesante es la colección de canecillos bajo las cornisas, entre los que se distinguen varios rostros humanos, animales y una pareja abrazada.

    Cuando terminamos la visita llegan dos coches con otras tantas parejas, más o menos de nuestra quinta. Los jubilados somos los sostenedores de la industria turística fuera de temporada (y quizá dentro).

    En el jardín de una casa frente a la iglesia se alza un enorme limonero, cuajado de frutos cuyas ramas ocupan parte del camino. Buscamos a alguien a quien pedir permiso para coger algún limón pero no aparece nadie y nos vamos de vacío. Lástima.

    Fuente: Arteguías. San Martín de Mondoñedo👇

    Fotos: ©Valvar

  • Allariz

    Allariz

    Hay muchas razones para visitar y enamorarse de Allariz y su gente, su paisaje, su cultura, su patrimonio o su gastronomía, advierte atinadamente la Oficina de Turismo de la ciudad. Nosotros llegamos persiguiendo una pequeña imagen de marfil y el recuerdo de una reina olvidada.

    Allariz (Ourense) es una villa que conjuga su encanto medieval -sus casonas, sus iglesias, sus cruceiros, su puente, los restos de su castillo y sus murallas- con sus atractivos modernos, como el comercio outlet de las primeras marcas de moda que se extiende por su calles principales.

    El castillo fue mandado levantar por Alfonso VI en el siglo XI; en el siguiente, Alfonso VII le concede fuero haciéndola Villa Real. Alfonso X pasó en ella largas temporadas, aquí aprende la lengua galaico-portuguesa que utilizará en algunas de sus Cantigas. Por entonces la villa contaba ya con una importante judería. En 1268, la reina Violante, esposa del rey Sabio, funda un convento de clarisas, donde pide ser enterrada. Su hijo, Sancho IV, nombra a la villa llave del reino de Galicia.

    En 1560 el convento es adquirido por Pedro Pimentel, señor de Allariz, quien cede al municipio el terreno de la Barreira, donde actualmente se celebran las ferias.

    Los cuatro cruceros que se distribuyen en la población se instalaron en 1579 como protección contra la peste. En ese siglo y el siguiente se levantaron numerosas casas hidalgas y se fundó el Pósito Agrícola.

    En el XVIII un incendio destruye el monasterio fundado por doña Violante, que vuelve a construirse con arreglo a los gustos barrocos del siglo, manteniendo la estructura anterior. Su claustro se compone de galerías con 72 arcos de medio punto.

    En el siglo XIX, la invasión de las tropas francesas de Napoleón y las desamortizaciones estuvieron a punto de acabar con el patrimonio allaricano. Se desmanteló el Castillo, parte de la muralla y el puente de la Zapateiría; la exclaustración obligó a las religiosas clarisas a abandonar el monasterio, que sufre un gran deterioro. Mediado el siglo XX, un nuevo grupo de clarisas de monasterio de Cantalapiedra vuelve a Allariz. Las instituciones contribuyen a la restauración del edificio, del que solo es visitable la iglesia y el pequeño pero preciado museo.

    En el mismo Campo de Barreira donde se levanta el monasterio se encuentra otra iglesia barroca dedicada a San Benito -o Bento-, patrono de la villa, flanqueada por dos cruceros.

    Tras el desastroso siglo XIX, Allariz pareció recuperar su esplendor en el XX con el cultivo del lino; a la caída de esta producción sucedió el auge del curtido del cuero, actividad que también decayó a partir de los años 60.

    Actualmente, Allariz, cuyo casco antiguo es Conjunto Histórico-Artístico, cuenta con un Museo del Juguete con más de 2.000 piezas, un Museo Gallego de la Moda y un Museo Etnográfico del Río Arnoia. Su entorno fue declarado Reserva de la Biosfera en 2005. Aparte de la tentadora oferta de su outlet, cada sábado ofrece un mercado de productos de la Reserva de la Biosfera.

    Llegamos a Allariz en plena celebración del Entroido, que pareciendo sinónimo de Carnaval tiene en Galicia un significado algo diferente, con un enorme arraigo y participación popular. Los días que estuvimos, de domingo a miércoles, fueron una continua fiesta para los allaricanos.

    Parece que los vecinos son propensos al jolgorio callejero pues cada año el fin de semana previo al Corpus Cristi celebran la Festa do Boi, que, en esencia, se trata de recorrer las calles con un buey ensogado.

    También para nosotros la estancia en Allariz fue una fiesta, aunque por razones diferentes. Ya he dicho que íbamos siguiendo el rastro de la reina Violante, mujer tan interesante como desconocida, por lo que nuestro objetivo era conocer el entorno donde se desenvolvió su estancia en la villa y, sobre todo, su monasterio.

    Mientras el resto de España se protegía de una lluvia incesante, aprovechamos la soleada jornada para recorrer las calles de Allariz hasta la orilla del río, donde se encuentra la Oficina de Turismo. Allí nos atendió José Manuel, un profesional competente que, prácticamente, nos dio hecha la agenda de los siguientes días: nos proporcionó nombre y teléfonos de quien podría abrirnos la iglesia de Augas Santas, que en otras ocasiones habíamos encontrado cerrada, y otros consejos sumamente útiles. Gracias le sean dadas.

    Tuvimos tiempo de callejear hasta la judería, donde descubrimos las tijeras que dan testimonio del antiguo gremio de sastres.

    Al día siguiente, acudimos puntuales al museo del monasterio 👇, atendido por Inma, que nos regaló -la entrada es gratuita- una interesante explicación sobre los dos objetos que nos interesaban, donación de la reina a su monasterio: una Virgen abrideira 👇 y una Cruz de cristal. Ambas piezas ocupan un espacio independiente del museo, dentro de sendas urnas de cristal, lo cual, si bien garantiza su protección, dificulta las fotos.

    La Cruz 👇 está formada por cuatro piezas de cristal de roca tallado insertadas en un perfil de plata dorada, adornada con miniaturas sobre pergamino de aire bizantino, sosteniendo un Cristo de tres clavos. En la base ocupan espacio las figuras de la Dolorosa y San Juan y dos personajes orantes, se supone representan a los donantes. La peana, que es una obra de arte por sí sola, se encuentra en restauración, nos hacemos una idea por las fotos que se ofrecen.

    La Virgen es una talla de marfil de 25 cm. Cerrada es una imagen sedente con el niño Jesús sobre su rodilla sostenido por su brazo y mano derecha, del tipo Sedes Sapientiae. En la mano derecha, algo levantada, probablemente portaba una flor; el pie derecho pisa un animal, dragón o león. Viste túnica ceñida y lleva velo, el rostro sonríe ligeramente, con una expresión tan delicada que -aunque no seáis una moñas como yo- emociona. El Niño ofrece el gesto de bendecir y en la mano izquierda porta una bola, símbolo del poder.

    Lo de cómo es cerrada hemos de imaginarlo pues lo que se nos ofrece es la imagen abierta en tríptico -de ahí lo de abridera o abrideira- convertida en un retablo de nueve compartimentos representando los gozos de la Virgen: la Natividad, Ascensión, Coronación, Epifanía, Pentecostés, Anunciación, Resurrección y dos ángeless con cirio). Inicialmente debió de lucir policromía, de la que ahora apenas queda resto. Sorprende que en una superficie tan reducida puedan tallarse estas escenas con tanto primor.

    Es tradición que ambas piezas formaban parte de la capilla privada de doña Violante y que fueron donadas por ella al monasterio antes o después de su fallecimiento, siguiendo el mandato testamentario, donde se dona “toda mi capiella, assí lo que les yo di como lo que yo tengo”. La primera referencia que tenemos de la Virgen de Allariz la debemos al humanista Ambrosio de Morales, en su Viage por orden del Rey D. Phelippe II a los Reinos de León, Galicia y el Principado de Asturias, de 1572.

    Suyo es también el relato o leyenda que atribuye la autoría de la obra al infante Enrique, hijo de Sancho IV y nieto de doña Violante, según la cual el niño habría nacido mudo y recuperó el habla después de elaborar la pieza. La intervención de un niño -el infante murió a los once años- explicaría la talla de piezas tan pequeñas, que parecen imposibles para las manos de un adulto.

    La leyenda tiene su encanto y, sobre todo, abunda en la idea de donación real, pero esta Virgen abrideira de Allariz es una de las piezas más valiosas de la eboraria, obra de un artista de primer orden. Los estudiosos sostienen que estas tallas abundaron en Francia, si bien es posible que la obra pudiera haber salido de un taller gallego, creado por algún artista foráneo. De este tipo de virgen abridera de los gozos solo existen otras dos en la península ibérica, una en Salamanca y otra en Évora.

    De nuestras visitas anteriores conocemos las iglesias de Allariz –Santiago, San Esteban, San Pedro y Santa María de Vilanova-, a pesar de lo cual volvemos a visitarlas con gusto.

    Pasamos ante la de Santa María de Vilanova en dirección al puente medieval, magnífico ejemplar, hermano pequeño del de Orense. Volvemos al hotel paseando por el bien cuidado paseo junto al río Arnoia, que bordea la villa.

    Inspirados acaso por doña Violante, habíamos elegido para alojarnos un hotel lo más próximo al convento, el O Portelo Rural 👇, una acogedora y confortable casona antigua, de cuyas paredes cuelgan hermosos dibujos de Agustín Ibarrola, gestionada por Pilar y su equipo de mujeres. Aparte de los consejos que nos ofrecieron para aprovechar nuestro tiempo, nos hicieron sentir en casa. Culpa suya también es que ya estemos buscando excusas para volver a Allariz.

    Como la villa se encuentra en el centro de varias poblaciones con ricos ejemplares románicos, aprovechamos para hacer excursiones por los alrededores.

    En San Pedro de A Mezquita 👇volvimos a deleitarnos con su misteriosa iglesia. Llegamos tarde al pasacalles de los gallos del entroido, uno de los participantes nos describe pieza a pieza su traje -que no disfraz- sobre el que lucían las mejores joyas familiares y nos muestra los enormes gallos que adornaban el tractor durante el desfile.

    Y, por fín, se nos abre la iglesia de Santa Mariña de Augas Santas👇 , tan enorme como una catedral. Como no hay dicha completa, no podemos fotografiar los capiteles del arco toral, visibles desde el coro, porque este está cerrado en previsión de obras. Así y todo, la visita merece la pena.

    Esta Mariña que aquí es venerada era una joven que vivía en la villa romana de Armeá, cercana al lugar, de la que se encaprichó el prefecto. Al ver rechazadas sus pretensiones, sometió a la joven a todo tipo de torturas naturales y sobrenaturales, incluida la presencia del diablo en forma de dragón. Todo resultó inútil. Condenada a morir quemada en un horno, San Pedro la deja indemne junto a un estanque. El prefecto decidió terminar de una vez mandando que fuera decapitada. Así se hizo, la cabeza cayó al suelo en tres rebotes, brotando una fuente en cada uno de los lugares donde cayó, de ahí el nombre de Augas Santas. Sobre el emplazamiento de su tumba se levantó un templo, donde nadie más recibió sepultura. Esa es la iglesia parroquial que visitábamos.

    Cerca de aquí han sido excavados restos de castros y romanos vinculados a la devoción a Santa Mariña. La tradición obliga a beber de la fuente que mana junto a la iglesia, tradición que cumplimos devotamente, pese a nuestra descreencia, agradeciendo la generosa amabilidad con que hemos sido tratados, lo cual, si bien se mira, resulta casi milagrosa en los tiempos que vivimos.

    Fotos: ©Valvar

  • Cartagena

    Cartagena

    Cartagena es una ciudad que vale como repaso a la historia de España. Por su puerto han entrado todos los pueblos y civilizaciones mediterráneas que nos conforman como sociedad, de todas conserva un legado histórico-artístico que hacen de ella uno de los municipios más interesantes del país.

    En sus cuevas Victoria, de los Aviones, del Caballo o de los Mejillones, de los Pájaros, en el poblado de las Amoladeras o en la Cala del Pino se han encontrado restos que hablan de neandertales, del Neolítico o de la la Edad de Bronce. Se cree que los tartesios se asentaron en la ciudad de Mastia y, según atestiguan los yacimiento de Los Nietos y Cala Reona, los iberos explotaron el plomo y la plata,.

    Aprovechando las inexpugnables defensas naturales que ofrece el lugar y la riqueza de sus minas de plata, en el año 227 antes de nuestra era el general cartaginés Asdrúbal fundó aquí la ciudad Qart-Hadast, que hizo la capital púnica de la península.

    De aquí partió Aníbal en su legendaria expedición militar a conquistar Roma. Convertida ya en Cartago Nova, nuestra ciudad se convierte en uno de los puertos romanos más importantes en el Mediterráneo. César le otorga estatuto jurídico de colonia; Augusto manda construir el teatro y el foro; la ciudad vive un desarrollo arquitectónico y urbanístico extraordinarios. A finales del siglo IV, Diocleciano crea la provincia Carthaginensis.

    Luego, sigue el saqueo de vándalos y visigodos hasta que llegan los bizantinos y el emperador Justiniano hace de Cartagena la capital de la provincia de Spania. En el siglo VII, Suintila la reduce a ruinas. La recuperación llega con los árabes, que la llaman Qartayannat al-Halfa, la convierten en una importante base naval, con medina, muralla, mezquita y alcazaba.

    En 1245, el ejército castellano conquista la ciudad, convirtiéndola en concejo castellano. Alfonso X restaura su diócesis y repuebla el término con gentes venidas de Castilla y Aragón. Los Reyes Católicos la hacen ciudad de realengo y puerto de Castilla. En vísperas de la batalla de Lepanto, aquí vivieron durante algún tiempo Juan de Austria y Miguel de Cervantes. Aquí se organizaron y abastecieron los Tercios en su camino a Flandes.

    En 1726 es nombrada capital del Departamento Marítimo del Mediterráneo, comienza la construcción del gran arsenal. Carlos III la convierte en plaza fuerte inexpugnable dotándola de cuarteles, fuertes, baterías, murallas, puertas y castillos. Durante la guerra de la Independencia es la primera población en constituirse como Junta Soberana, proclama a Fernando VII como su rey y se dispone a hacer frente a Napoleón.

    Miembro activo de los movimientos liberales republicanos del siglo XIX, en 1872 protagoniza la sublevación cantonal, que acaba tras un asedio que destruye buena parte de la ciudad. El auge minero propicia la reconstrucción de su trazado urbano, se levantan nuevos y hermosos edificios modernistas, estilo que tiene en la ciudad ejemplares de primer nivel.

    Tras la primera guerra mundial se cierran las minas, las fábricas se paralizan y la ciudad se sume en una crisis de la que tardará una década en sobreponerse. El actividad del astillero renueva su vida económica y cultural, situándola entre las diez primeras ciudades españolas.

    En la guerra civil se convierte en uno de los bastiones principales de la República, razón por la que sufre bombardeos y es casi destruida. De nuevo tardará una década en recuperarse. Las actividades agrícolas, mineras, industriales y navales y, sobre todo, el complejo petroquímico e industrial de Escombreras y, en menor medida, el turismo contribuirán a su reactivación.

    Incluida en la Región de Murcia en la delimitación autonómica, a finales de los años 80 confluyen en ella una crisis económica, social y de incardinación autonómica: se cierran las instalaciones militares, se produce la reconversión industrial, Cartagena pierde peso social y cultural sin que se arbitren soluciones a la emergencia, se suceden huelgas y manifestaciones, cunde el desaliento. Hasta que estalla el crac de 1992.

    En febrero de ese año los sindicatos convocan una manifestación ante la Asamblea Regional, aprovechando la comparecencia del presidente autonómico. La policía antidisturbios reprime con contundencia a los manifestantes, que reaccionan tratando de asaltar el edificio donde permanecen los parlamentarios. Se produjeron decenas de heridos entre civiles y policías, además de graves daños materiales. Cuando después de varias horas se iniciaba el repliegue, desde un grupo de manifestantes se lanzó un cóctel molotov al interior de la Asamblea, provocando un incendio que se extendió por la primera planta del edificio. Las llamas de la Asamblea Regional eran el reflejo de la situación de la ciudad. Quienes debían hacerlo se dieron por aludidos e inmediatamente se puso es marcha un Plan Especial de Desarrollo de Cartagena.

    En la década de los 90 nosotros visitamos con frecuencia la ciudad. Se arrastraban las consecuencias de la crisis y de la explotación minera descontrolada. Se hablaba de las excavaciones romanas, era una ciudad en obras.

    El Colega estaba empeñado en volver porque había leído sobre el teatro y anfiteatro romano, que es un tema que le va. Reservamos alojamiento en el hotel Cartagena Puerto, junto al Ayuntamiento. Nos dan una habitación con vista al puerto. Salimos a reconocer la ciudad.

    Empezamos por el Teatro Romano 👇, cuyo acceso está al otro lado de la calle. Sorprende la integración que el arquitecto Rafael Moneo ha conseguido entre los restos milenarios, la catedral vieja y el tejido urbano actual.

    Se accede al conjunto por el Museo del Teatro, donde se exponen las piezas encontradas en las sucesivas excavaciones.

    A partir de ahí los visitantes van contemplando restos de los distintos momentos históricos de la población hasta desembocar en el Teatro Romano, cubierto durante siglos por construcciones sucesivas, descubierto y excavado entre los años 1996 a 2006.

    Aunque sepas que te espera un teatro romano, descubrir la inmensidad del auditorio impresiona no poco. A la segunda pisada, tropiezo. El Colega me advierte: Cuidado, estás pisando piedra romana. A esas horas somos apenas una docena de visitantes, españoles, únicamente nosotros.

    Descendemos la cavea hasta la scena, a la que subimos con la emoción de pisar el lugar donde, quizá, se representaron las obras de Plauto o Séneca en versión original. Una de las francesas que nos acompañan se ofrece a hacernos una foto.

    Permanecemos un rato sobre las tablas casi solos, saboreando el privilegio y contemplando el contraste de la obra romana del teatro y la románica de la Catedral vieja que durante siglos la ocultó.

    Recordábamos esta zona de la ciudad como un barrio deprimido y abandonado y lo que hemos encontrado es una zona espectacular con el espléndido Palacio Consistorial 👇y edificios rehabilitados a la sombra del Castillo.

    Hemos sacado el combinado de visita al Teatro, Foro y Castillo así que nos dirigimos al cerro del Molinete, donde se encuentra el Foro 👇, que es uno de los mayores parques arqueológicos urbanos de España y cuenta también con su propio Museo 👇. A través de las piezas que en él se muestran se narra la historia de la ciudad, desde la fundación púnica hasta el siglo XX.

    Coincidimos con varios grupos escolares que siguen atentamente las explicaciones de sus guías. Nosotros paseamos por el senado local -la Curia- con su pavimento de mármol; el Foro colonial, centro neurálgico de la ciudad; el Santuario de Iris, escenario de los cultos mistéricos a los dioses egipcios; las calzadas con rodadas de los carros; las Termas del Puerto y el Atrio, donde se celebraban los grandes banquetes.

    Nos sentamos en una terraza a tomar un refresco. Es media mañana de jueves laborable de enero y los bares y cafés están llenos. Tras un breve descanso nos encaminamos hacia el Castillo de la Concepción 👇, al que se sube en ascensor. El lugar ha sido sucesivamente templo romano dedicado a Esculapio, alcazaba musulmana, castillo medieval, observatorio para advertir de los bombardeos durante la última guerra civil.

    La explanada a los pies de la fortaleza es el mirador adecuado para contemplar la ciudad de Cartagena, los montes que la protegen, sus monumentos más destacados y el puerto. Una profesora indica a un grupo de escolares que visita el lugar que la ciudad está rodeada por siete colinas, como Roma.

    A la sombra del Castillo una escultura de Alfonso X «que amó a Cartagena dándole sus fueros y término concejil y soñó con ella como capital de Castilla en el Mediterráneo«.

    Utilizamos de nuevo el ascensor para descender y llegamos al paseo marítimo. Comemos en la terraza del restaurante Mare Nostrum un arroz buenísimo, junto al mar.

    Bordeamos la muralla paseando hasta el hotel, donde descansamos un rato antes de seguir nuestra excursión cartagenera. Hemos echado en falta el submarino de Isaac Peral, que recordábamos en la Plaza de los Héroes de Cavite. Nos indican que ha sido trasladado al Paseo de Alfonso XIII, así que nos dirigimos allí. Subimos por la calle del Aire hasta Puertas de Murcia, atajamos por Santa Florentina, admirando los edificios modernistas👇 que encontramos al paso.

    Dejamos atrás el Museo Histórico Militar y por la calle Ángel Bruna llegamos al Paseo de Alfonso XIII. En esa confluencia se encuentra el edificio construido por Tomás Rico entre 1902 y 1904, su oficina y vivienda, para promocionar la ampliación de la ciudad que iba a acometer la Compañía del Ensanche y Saneamiento de Cartagena.

    Ya ha oscurecido y en el mismo paseo nos sorprende un edificio profusamente iluminado en color rosa. Parece un club de carretera, le digo al Colega. Luego nos enteramos que se trata de la Asamblea Regional y con ese color se homenajea a las mujeres víctimas de violencia, lo que demuestra que no hay fiarse de las apariencias. Es un edificio de carácter ecléctico con elementos alusivos a la historia de la región.

    El submarino ocupa el cruce del paseo con la calle Capitanes Ripoll. Rendimos humilde homenaje a Isaac Peral y Caballero 👇, ilustre cartagenero, marino e inventor, que murió en el olvido, víctima de las intrigas y de la envidia de sus coetáneos.

    Volvemos paseando al hotel, atravesamos la calzada romana y bordeamos la romana Casa de la Fortuna. Se diría que el subsuelo de la ciudad está sembrado de restos romanos.

    En el puerto aún se mantiene el árbol de navidad. Nos sentamos frente al Mediterráneo. En esos mismos días otros vecinos de este mar están perdiendo la vida en sus aguas huyendo de la miseria o de la muerte, y algunos más estén siendo asesinados sin que seamos capaces de evitar su genocidio. El Mare Nostrum…

    Fuente: Turismo de Murcia 👇

    Fotos: ©Valvar